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jueves, 20 de septiembre de 2012

Locos, paisanos y tipos duros



'My son my son what have ye done': ¿Qué hacer cuando no hay manera de que unos invitados molestos se vayan de casa? Lo normal es poner un disco de Animal Collective, pero si no se quiere armar mucho escándalo lo ideal es poner esta película. Ojo, porque "dirigida por Werner Herzog" y producida por David Lynch" es una etiqueta de lo más atractiva, pero las expectativas en este caso distan muy mucho de cumplirse. Más allá de tics archiconocidos y autohomenajes, tenemos una cinta de presunto terror psicológico con un rarito con cara de zumbado -Michael Shannon, el policía también zumbado de 'Boardwalk empire'- y un metraje encaminado a explicarnos el porqué de sus actos, algo que no le interesa a nadie. De nada por el aviso. 




'No habrá paz para los malvados': Decepción de las gordas. Mira que tenía ganas de rememorar el buen rato pasado con 'La caja 507' y el tándem Urbizu - Coronado, pero con 'No habrá paz...' acabé leyendo el periódico y echando un ojo a la pantalla de vez en cuando. La historia no atrapa, no interesa y ni hay quién se la crea. Buen reflejo de ello es el personaje de la jueza, del que cuesta discernir si está peor escrito o interpretado. Sólo las apariciones del policía encarnado por Coronado mantienen la atención, lo demás no pasa la barrera de la retina.




'Grupo 7': El reverso de la anterior. Como dice el cliché, "un film que huele a verdad". Un thriller policial trepidante, violento y con cargas de profundidad a diversos niveles. Un director con temple y oficio se atreve con la Sevilla pre Expo rememorando las andanzas de un grupo de maderos corruptos y de gatillo fácil que, pásmense, existió realmente aunque con otro nombre. El reparto, en estado de gracia y con el siempre brillante Antonio de la Torre, incluye a un sorprendemente creíble Mario Casas. Peliculón.




'Super 8': O cómo volver a tener 12 años. JJ Abrams exalta el legado de su productor, Steven Spielberg, con el cruce exacto entre 'ET' y 'Encuentros en la Tercera Fase'. Pulso narrativo, tensión sexual preadolescente y, lo que parece más difícil, personajes púberes a los que no apetece estrangular a los dos minutos. Cuando la gente se refiere a 'cine familiar' debería aludir a 'Super 8' y no a esas babosadas con animalitos en peligro y niños insufribles.



'Los profesionales': Con las anteriores reseñas, ustedes podrán estar de acuerdo o no; tendré razón yo o la tendrán ustedes. Con ésta, no hay duda admisible; yo tengo razón y ustedes deberían dármela. Obra maestra absoluta, un western crepuscular que anticipa el 'Grupo salvaje' de Peckinpah y el fin de una era con los rostros desencantados, propios de los que han vivido, de Lee Marvin, Burt Lancaster o Jack Palance, además de una impresionante Claudia Cardinale. Diálogos inmortales de lírica fatalista, como el relativo a la vida y la revolución, y otros cortados a cuchillo: "¡Son unos hijos de puta!" "Sí, señor, pero lo nuestro es de nacimiento; en cambio, usted se ha hecho a sí mismo".

Vídeo del día: 'If I can dream', ELVIS PRESLEY


miércoles, 18 de abril de 2012

Michael, el justiciero



'Harry Brown': Un señor mayor que sirvió en los Royal Marines rememora los viejos tiempos de armas cuando una pandilla de narcos mata a su mejor amigo y decide vengarse. No es exactamente 'Gran Torino' ni tampoco 'El justiciero de la ciudad', pero hablamos de Michael Caine, mucho mejor actor que Clint Eastwood o Charles Bronson, sin ir más lejos. Película menor e inédita en salas en España, pero enormemente disfrutable.




'La red social': Con guión de Aaron Sorkin y dirección de David Fincher, parece raro afirmar que una película sea correcta y poco más. Será porque la historia que cuenta se ha repetido hasta la saciedad, pero el nivel de sorpresas / emociones que depara el visionado es uno o ninguno. Tras ver el film, sólo me parece reseñable el buen nivel del elenco actoral, con Jesse Eisenberg (Mark Zuckerberg) y Andrew Garfield (Eduardo Saverin) a la cabeza. Eso sí, me sobrevino la sigueinte reflexión: Curiosamente, el factótum del gran invento de la década en materia de relaciones sociales es un sociópata incapaz de mostrar empatía ni con un espejo, un pajillero resentido en definitiva.Y si la película muestra esto y no ha habido querella al canto, va a ser que es verdad.




'Valor de ley (True grit)': Decepción inesperada tratándose de los Coen. Primera mitad bastante seria y segunda parte descompensada, con detalles impropios de la trayectoria de los hermanos cineastas, como la inanidad del personaje de Matt Damon. No se trata de ese absurdo cosido a la fatalidad que impregna los mejores trabajos del tándem -pienso en 'Muerte entre las flores'- sino en detalles pintorescos más deslavazados que otra cosa. En su favor apuntaré que la niña no sólo no es estrangulable sino que mira de tú a tú a Jeff Bridges a lo largo de todo el metraje. Mi consejo: Busquen la versión primigenia, de Henry Hathaway, con John Wayne.






'Blackthorn': Sensaciones opuestas respecto a la anterior. Esperaba poco y pasé un rato la mar de gozoso con algunos grandes momentos a cargo del inmenso Sam Shepard. Y a priori la cosa no prometía: Producción española, ambientada en Bolivia, en los años 20 -del siglo XX, ojo-, y sale Eduardo Noriega. Bien, pues dentro de la subvariante crepuscular del género, Mateo Gil firmó el año pasado un peliculón de aúpa, con aroma a clásico, retomando un mito del imaginario western como Butch Cassidy. Enorme.




'Rubber': Un neumático descubre una pila de gomas quemadas e inicia una venganza contra las personas consistente en usar sus poderes mentales para volarles la cabeza. Esto es, agárrense, el argumento de una película que, obviamente, pasó por el Festival de Sitges y alcanza unas cotas de entrañable bizarrismo que servidor no recordaba hace tiempo. Ojo, que la cinta no está mal y resulta por momentos, dentro de lo absurdo, realmente inquietante.

Vídeo del día: 'Reach the rock', HAVANA 3AM

miércoles, 8 de febrero de 2012

Del cielo a las catacumbas



'U2 From the sky down': Hace unos meses se reeditaba con todo lujo de detalles 'Achtung baby', el disco que reconvirtió a U2 -no duró mucho- y, posiblemente, su mejor obra. Coincidiendo con la efeméride, llega un documental que plasma no tanto la grabación del álbum sino el proceso que desembocó en su alumbramiento. O 'De cómo U2 se sintieron capaces de enseñar el rock americano a los americanos, hicieron el ridículo, lo asumieron y quisieron salir de ese pozo creativo'. Particularmente, lo que más me ha interesado del documental no es la gestación de 'Achtung baby' sino la descomposición creativa del cuarteto en el embrollo 'Rattle and hum', disco y película, y cómo llegan a ser conscientes de ello. El resto, normal, para fans poco exigentes. Salvo el cierre, una brutal toma tecnificada de este verano en Glastonbury de 'Even better than the real thing', que me dejó clavado en el sofá.




'Kurt Cobain: About a son': Este ya tiene cinco años, pero tranquilos, que no se han perdido nada. Aburrimiento puro y duro a cargo del difunto Cobain in his own words. El periodista Michael Azerrad pasó varias tardes con Kurt en las que éste desgranó su vida para elaborar el libro 'Come as you are. The story of Nirvana'. El director A.J. Schnack ha empleado 25 horas de cinta para crear un tostón de 95 minutos en el que la voz de Cobain repasa su infancia, adolescencia, juventud y éxito con Nirvana sin poder emplear imágenes del difunto ni música de su banda. Cuestión de derechos. Todo este ejercicio de recreación de ambientes de Aberdeen, Olympia o Seattle con una banda sonora basada en los gusto del chaval se hace no ya largo y cansino sino lo siguiente. Además, el joven Kurt, en sus años de punk rocker previos a la fama solía comportarse como un auténtico cretino, lo que a algunos les parecerá muy alternativo pero no es mi caso. Lo poco que me ha interesado, ya en la etapa exitosa de la banda, tiene que ver con las dificultades de lidiar con la -entonces poderosa- industria discográfica.



'Part of the weekend never dies': Los belgas Soulwax, más conocidos en su faceta de pinchadiscos como 2 Many DJs, ofrecieron en 2006 una serie de shows en los que alternaban sus dos identidades, las de combo rock -autoremezclados y bajo el alias de Soulwax Nite Versions- y las de discjockeys sin prejuicios, además de contar con las actuaciones de invitados como LCD Soundsystem o Tiga. El resultado, un fiestón itinerante por los cinco continentes grabado de forma precaria que alterna tomas de los hermanos Dewaele en vivo y en la carretera junto a sus impagables fans, algunos con colocones francamente graciosos. Y poco más. Mejor verlo de noche que de día y mejor no hacerlo si uno se está quitando de algo. No sé si me explico.




'Venid a las cloacas: la historia de la Banda Trapera del Río': La sorpresa de la tanda. Primero, porque recordaba mucho más plomizo el protopunk de los de Cornellà, y segundo, porque la cinta excede el género para trazar un retrato sincero y poco complaciente del ciclo autodestructivo que afrectó a varios componentes de la Trapera. Además de ejercer una competente labor desmitificadora, 'Venid a las cloacas' funciona como radiografía de una escena nacional no ya incipiente sino casi inexistente. Las alusiones a Miguel Ríos, Ramoncín o Loquillo son, en este caso, devastadoras. Documental obligatorio.

Vídeo del día: 'Ciutat podrida', LA BANDA TRAPERA DEL RÍO

viernes, 2 de diciembre de 2011

Antecedente




El periodista David Simon y el ex policía Ed Burns escribieron hace 15 años 'The Corner: A Year in the Life of an Inner-City Neighborhood', un libro que recogía las desventuras de una familia real atrapada en el infierno de la droga -consumo y negocio- en la parte más chunga de Baltimore. El relato recibió críticas estupendas y poco después HBO encargó una miniserie basada en el libro que se estrenó en 2000 como 'The corner'. Simon ya había visto como un libro suyo se transformaba en serie de televisión de gran éxito ('Homicidio') y desarrolló una carrera paralela como guionista y productor de televisión junto a su compinche Burns que acabó por alumbrar la mejor serie jamás rodada para la pequeña pantalla, 'The Wire'.

'The corner' viene a ser un boceto, un esbozo primigenio de lo que acabarían siendo las andanzas de McNulty y compañía. A diferencia de la historia caleidoscópica narrada en cinco temporadas, 'The corner' se centra en unos personajes concretos, una familia que fue de clase media y a la que la droga hundió, como a casi todo el barrio, en la miseria del gueto. En un epílogo tras el último capítulo, los auténticos personajes cuentan a la cámara en qué situación se hallan, reforzando la sensación de verosimilitud que desprenden los seis episodios de algo más de una hora. Por otra parte, buena parte del reparto repetiría con Simon, Burns y HBO en su fresco ampliado de las malas calles de Baltimore y también en su última producción, 'Treme'.

Lo malo es que vista ahora, y sobre todo después de 'The wire', el tono semidocumental de 'The corner' se hace cansino por momentos. Nada que reprochar a un producto honesto y, seguramente, necesario, pero la cotidianidad de la vida en la esquina y su verismo juegan en contra del ritmo narrativo propio del medio televisivo. No es que no haya lugar para la reflexión en el mundo de las series, pero es que ésta en concreto llega más de una década tarde. Imagino que verla en su momento debió de ser toda una experiencia, pero ahora, si uno ha digerido las colosales cinco temporadas de 'The wire', el impacto se amortigua.

Vídeo del día: 'If you call', SHARON JONES & THE DAP KINGS

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Tipo duro


'El caso de Thomas Crown': Con la de basura que dan por la tele, esta película apenas se ha emitido en los últimos 25 años. Por supuesto, hablo de la original (1968) con Steve McQueen y Faye Dunaway, olviden el remake con Pierce Brosnan (aunque René Russo está estupenda en su madurez; ya no se hacen mujeres así). Un millonario aburrido se entretiene jugando al atraco perfecto mientras burla a la policía y a una investigadora del seguro que juega peligrosamente con el lado salvaje. La pantalla partida y una banda sonora extremadamente jazzy nos recuerda que estamos en los 60, mientras McQueen engrandece su leyenda de tipo duro que no necesita dobles pilotando con un buggy por la playa, surcando los cielos con un planeador y hasta jugando al polo. Ah, ojo a la tremenda escena erótica que los intérpretes se marcan mientras juegan al ajedrez.



'Tom Horn': Western atípico por, más que crepuscular, sombrío. Reflejo de una época que muere, al igual que le iba a ocurrir a su protagonista unos meses después del rodaje. La cinta fue la penúltima de McQueen antes de fallecer a causa de un cáncer, y aunque se le ve desmejorado -lo que se ajusta como un guante a su personaje- nadie sabía por aquel entonces que ya estaba gravemente enfermo. Por lo demás, 'Tom Horn' transmite una tristeza que lastró su carrera comercial y su laconismo -muy de Clint Eastwood, por cierto- no convenció por entonces. Hoy queda un film inusualmente moderno, basado en la vida real de uno de los últimos personajes controvertidos de la época más anárquica del Oeste, y un inmenso McQueen resignado ante su destino dentro y fuera de la pantalla.


'El hombre que mató a Liberty Valance': No voy a descubrir a nadie esta película, una de las más apreciadas de la historia del cine, pero me apetecía verla esta vez con ojos de adulto. Descubro así la lectura política sobre el nacimiento de una nación gracias al predominio de la ley sobre la violencia; una victoria que se sustenta, paradójicamente, en la violencia. También es un historia sobre los conceptos de valor y cobardía -muy propio de John Ford- y cuán relativos pueden llegar a ser y, en esa línea, el tira y afloja de un triángulo sentimental. Rodada en blanco y negro casi toda en interiores, la cinta parece más antigua de lo que es (1962) y desprende aroma de clásico desde el primer fotograma. Para el recuerdo quedan las interpretaciones de James Stewart, John Wayne y Lee Marvin, y una frase: "This is the West, sir. When the legend becomes fact, print the legend".



'Blow up': Todo un fenómeno en la época en que se estrenó (1966), ahora se puede decir tranquilamente que no ha envejecido bien; es lo que tiene la modernidad. Antonioni filma el Londres de la explosión pop y, cuando se acuerda, adapta un relato de Cortázar ('Las babas del diablo') sobre un fotógrafo -inspirado en David Bailey- que retrata accidentalmente un asesinato. Rompedora en su momento, jugando con el fuera de campo y el punto de vista narrativo, 'Blow up' aguanta el visionado más como crónica estética de su época que por aspectos meramente cinematográficos.



'Robin y Marian': Vuelve el arquetipo del héroe cansado en una de sus más espléndidas encarnaciones. Un Robin Hood calvete vuelve de las Cruzadas 20 años después de sus célebres andanzas para descubrir que los malos siguen haciendo de las suyas y que Lady Marian, cansada de esperarle, se ha hecho abadesa. Ironía, ternura y un romanticismo alejado del tópico conforman la mejor película (1976) rodada nunca sobre el arquero de Sherwood; bueno, la de Errol Flynn tiene su aquel. Sean Connery y Audrey Hepburn (casi) nunca han estado mejor que en esta crónica desmitificadora cuyo fnal es de los de echar lágrima.

Vídeo del día: 'Star star', THE ROLLING STONES

PD: no me he podido resistir a incluir como vídeo del día un tema de los Stones sobre una groupie deseosa de cepillarse a estrellas como Steve MQueen. El actor no puso reparos a que saliera su nombre, pero la distribución discográfica obligó a cambiar el título original (Starfucker), que es lo que canta el estribillo.

martes, 2 de agosto de 2011

Bravo por la música

'Anvil! The story of Anvil': Sin temor a exagerar, éste es el mejor documental musical que he visto en mi vida. Y lo mejor es que versa sobre un grupo que no me interesa lo más mínimo. Los canadienses Anvil son un grupo de heavy metal que en los primeros 80 se hizo un nombre entre los aficionados al género, pero una serie de problemas contractuales les privó de dar el salto a la primera división y cayeron en el pozo del olvido. La cinta recoge el empeño de sus dos integrantes originales por no tirar la toalla y cómo su amor sincero por la música les lleva a vadear los mil y un problemas cotidianos de ser una banda más entre miles. Así tenemos estampas como la de unos melenudos cincuentones que recorren los garitos más cutres de la vieja Europa dirigidos por una fan reconvertida en mánager que no tiene ni idea de nada o la de cuando la hermana del cantante le presta un montón de dinero para que puedan financiar un álbum. Nunca pensé que escribiría esto en relación con unos metaleros de serie B, pero la sinceridad de 'Anvil! The story of Anvil' me sigue emocionando un año después de verla por primera vez.




'Michael Jackson's This is it': Sobre la música de Michael Jackson tengo la opinión de que lo bueno que hizo es muy bueno, y que lo malo es pero que muy malo. De no haber muerto, me hubiera encantado verle actuar en Londres en esa tanda de 50 conciertos que ultimaba y cuya preparación recoge este film, el que se estrenó en cines al poco de su muerte. Ensimismado me quedo comprobando en qué estado de forma se encontraba el amigo cantando y bailando, qué barbaridad. Se le ve modoso, tímido, y hasta hipereducado con músicos y bailarines a los que alecciona, aunque, por ejemplo, sospecho -será machismo genético- que ficha a una guitarrista rubia por ser eso, mujer y rubia. Por la imagen, vamos; no porque quiera algo con ella. Anyway, la cinta recoge la espectacularidad del montaje que se iba a instalar en el O2 Arena y el gran trabajo que Jackson y acolítos estaban haciendo con 'Beat it', 'Wanna be startin' somenthing' o 'Man in the mirror'. Lástima.




'Genius within. The inner life of Glenn Gould': El nombre de Glenn Gould les dirá poco a los no aficionados a la música clásica y al piano en particular. El canadiense, fallecido en 1982, ha sido quizás el mejor pianista del siglo XX y al igual que por su legendaria grabación de las Variaciones Goldberg de Bach, también ha pasado a la historia como un genio excéntrico y extraño, tímido hasta lo patológico, friolero y obsesionado con los estudios de grabación. La cinta muestra en tono académico -quizás demasiado- el talento original y heterodoxo de un tipo que tocaba el piano en una sillita de niño y al que le teclado le llegaba casi por la barbilla. Un documental, en resumen, más interesante por el qué que por el cómo.




'It might get loud': Tres leyendas de la guitarra -sí, como el festival aquel del 92- se dan cita en esta cumbre de las seis cuerdas. Jimmy Page (Led Zeppelin), The Edge (U2) y Jack White (The White Stripes) desgranan cómo empezaron a rascar el nylon, cuáles fueron sus primeros instrumentos y cómo compusieron determinada canción. Independientemente del grado de interés que suscite cada artista, en la parcela técnica la cosa resulta apasionante y cualquier aficionado aprenderá dos o tres cosas. El broche es un encuentro de los tres en el que intercambian trucos y anécdotas, se enseñan unos a otros y acaban en una jam final la mar de amigable. Buen rollo a todo volumen.

Vídeo del día: 'Metal on metal', ANVIL

martes, 4 de mayo de 2010

Oasis en la inmundicia



Cinco apuntes sobre cine más o menos reciente visto en casita durante las últimas semanas. O no elijo bien o no tengo mucha suerte. Bueno, reconozco que alguna la vi entera porque no daba crédito a lo que mostraba la pantalla. Que les sirva de aviso.

- 'Red de mentiras': Entretenida y poco memorable visión de Ridley Scott sobre las entretelas de los intereses norteamericanos en Oriente Medio. Involuntariamente maniquea, se sostiene por el empeño de Russell Crowe y Leonardo di Caprio en resultar creíbles. Quien quiera ver algo bastante mejor sobre el mismo asunto, y sin salir de Hollywood, que vea 'Syriana'.

- 'Algo pasa en Las Vegas': Sí, lo que pasa es que han ambientado allí por enésima vez una comedieta del todo prescindible y sin gracia alguna. ¿Dos que se emborrachan en la ciudad de los casinos y se despiertan casados? Si hasta en 'Friends' hicieron lo mismo, por Dios. Y para rematarlo, dos pésimos actores: Cameron Diaz y Ashton Kutcher. Me encantaría conocer a alguien que haya ido al cine y pagado por ver esto.

- 'La extraña que hay en ti': Continúa el festival de despropósitos. Ahora es Jodie Foster encarnando a una justiciera en los callejones de Nueva York como una Charles Bronson con mechas. La muerte violenta de un ser querido lleva a nuestra heroína a salir a la calle y meter en cintura a los malos -sí, parece 'Batman'- con la aquiescencia de un poli tonto y colado por sus huesos. En este caso, me gustaría preguntarle a la Foster "¿Por qué?".

- 'Al final del camino': Una de las razones más sólidas para mandar a hacer puñetas el cine comercial español. Guión malo, chistes pésimos, actores horribles -mención especial para Fernando Tejero y Javier Gutiérrez- y una moralina de mesa camilla que tumba de espaldas. Todo esto a cuenta del Camino de Santiago, cuyos responsables de promoción, imagino, habrán puesto dinero para que Roberto Santiago -autor de las ya horrendas 'El penalti más largo del mundo' y 'El club de los suicidas'- perpetre esta birria.

- 'My blueberry nights': Por fin, el oasis en la inmundicia. Entre tanta comedia romántica tirando a patética como corre por el mundo, Won kar Wai ('In the mood for love', 'Happy together') demuestra que aún se pueden hacer cosas dignas en este género. Una pareja, un café neoyorquino y una road movie intercalada demuestran que con un buen guión, buenos actores -Jude Law, Norah Jones (sí, la cantante), Natalie Portman, Rachel Weisz, Chan Marshall (sí, otra cantante, alias Cat Power), David Strathairn- y un director con pellizco no hace falta mucho más. La atmósfera recuerda en ciertos momentos a 'Cosas que nunca te dije', de cuando la Coixet distinguía entre sensibilidad y sensiblería.

Vídeo del día: 'No te metas a mi facebook', FACEMAN

viernes, 19 de marzo de 2010

El fin de la inocencia



Por fin he logrado hacerme en DVD con 'Gimme shelter', el documental sobre la gira estadounidense de los Rolling Stones de 1969, que se cerró con un macroconcierto lleno de incidentes en el circuito de Altamont (California), y la muerte ante las cámaras de un chico a manos de los Hell's Angels. El asesinato de Meredith Hunter certificó el fenecer de la era hippy, el flower power y la utopía sesentera en general. Era el fin de la inocencia.

Los hermanos Maysles convencieron a los Stones de acompañarles con la cámara filmando a todas horas en el último tramo del tour, algo impensable hoy en día con una gran banda. El asunto arranca con el concierto del Madison Square Garden -'Jumpin' jack flash', 'Love in vain', 'Satisfaction'- y alterna con tomas de los legendarios estudios Muscle Shoals, en Alabama, donde se grabaron 'Wild horses' o 'Brown sugar'.

Asimismo, intercaladas a lo largo del metraje, aparecen las imágenes que tomó otro equipo durante esos días en el despacho de un abogado en San Francisco. Infinitas llamadas de teléfono en torno a las negociaciones para el concierto de fin de gira: un festival gratuito con varios grupos, la respuesta californiana a Woodstock, celebrado unos meses antes. Pero los problemas surgen desde el principio: De las afueras de San Francisco se pasa a un circuito de velocidad con una única carretera de dos carriles como acceso, la previsión de asistentes crece cada día, el caos organizativo se ve venir, la policía pone todas las trabas posibles ante la imaginable invasión de decenas de miles de personas...

El día del concierto, todo apunta al desastre. Kilómetros y más kilómetros con coches en las cunetas, más de 300.000 personas con un altísimo índice de colgados de LSD y otras sustancias, y de remate, la peregrina idea de encargar la seguridad del concierto a los Hell's Angels. Una concesión que los Stones ya habían hecho meses atrás en el Hyde Park londinense, pero claro, los moteros británicos son unas monjitas al lado de las bestias pardas que toman el control en Altamont.

Las palizas e incidentes son constantes, e incluso un componente de Jefferson Airplane queda fuera de combate a manos de los Ángeles. El concierto de los Stones sufre constantes interrupciones y el bolo transcurre en un ambiente de violencia inimaginable. Plano legendario: En un momento dado, Jagger canta, y a unos metros, un motero le mira con la mayor cara de odio y desprecio. Va a pasar algo gordo.

Y pasa: Tocan 'Under my thumb' -la leyenda siempre dijo que era durante 'Sympathy for the devil'- y un chaval negro con un traje verde que empuña un revólver es apuñalado ipso facto por los Hell's Angels. Terror, confusión y los Stones que se apiñan en su helicóptero para salir de allí cuanto antes. Luego se supo que tres personas murieron más en el concierto, dos por accidente y una por drogas.

El cierre, con Jagger viendo las imágenes en la sala de montaje, es como un espejo. El cantante tiene la misma cara de pasmo que el espectador que ve el suceso por primera vez. Si usted tampoco lo ha visto, tiene suerte, porque el documental íntegro puede verse aquí. Comprobará cómo, gracias a Dios, han cambiado los festivales.

Vídeo del día: 'Gimme shelter', THE ROLLING STONES

miércoles, 21 de mayo de 2008

Pulcro y aseado



El otro día recaí en mi adicción y volví a comprarme DVDs de música. En este caso, un documental sobre los Ramones ('Raw') y otra peli mitad documental mitad selección de conciertos relativa al festival de Coachella, el equivalente californiano a Benicàssim, para entendernos.


Anoche me puse la mayor parte de este último. Bueno, no sé exactamente cuánto me falta por ver, porque el pack consta de dos discos y en el primero aparecen todos los artistas que están anunciados en el libreto, así que no sé a ciencia cierta qué me deparará el segundo DVD.


A todo esto, la peli recoge actuaciones -una canción por banda, y editada en ocasiones- de gente como Arcade Fire, White Stripes, Oasis, Björk, Belle and Sebastian, Red Hot Chili Peppers, Pixies, Radiohead, Morrissey... y unos cuantos más. Todo ello, que corresponde a 2002, 2003 y 2004, intercalado con entrevistillas a algunos de estos artistas -y otros que no actúan, como Beck-, a asistentes, y un abanico de imágenes del festival desde el punto de vista de la intendencia.


La verdad es que resulta harto entretenido. Salvo alguna actuación que no me dice nada, el aspecto del lugar rivaliza en interés con la mayoría de conciertos incluidos. Coachela se celebra desde finales de los 90 en unos terrenos que acogen normalmente, atención, ¡un campo de polo! Como lo oyen, una inmensa alfombra de césped se extiende hasta la lejanía, bordeada un palmeral de aspecto ilicitano.


Y todo, acorde a tan incomparable marco, parece tan limpio que da que pensar. ¿Esto es de verdad? Hasta la zona de cámping luce inmaculada. Por no hablar de la gente, yanquis de muy variado pelaje -indiekids, neohippies, technoheads- pero a años luz del aspecto guarro, grasiento y asilvestrado de sus homólogos ingleses. Vamos, la antítesis de Glastonbury.


Si les interesa, el festejo tiene lugar en una localidad californiana llamada Indio, no muy lejos de Los Angeles. Eso sí, no hagan planes para este año, que ya pasó el festival. El último fin de semana de abril, en concreto. Pero pueden ir ahorrando para el año que viene.



Tema + vídeo del día: 'A-punk', VAMPIRE WEEKEND


miércoles, 14 de noviembre de 2007

Por delante y por detrás



Tendría que repasar el extracto de la tarjeta de crédito, pero me parece que últimamente gasto más en DVDs musicales que en CDs. Tampoco grandes cantidades, pero algo más al fin y al cabo. El último de estos dispendios es 'Immagine in Cornice', que recoge el tramo italiano de la gira de Pearl Jam del año pasado.


Nunca había sido quien esto escribe demasiado fan de los de Seattle, pero en septiembre de 2006, cuando recalaron en el Pavelló Olímpic de Badalona, allí que me fui a verlos, más por curiosidad que por otra cosa. Salí gratamente impresionado y desde entonces abracé la fe del pearljamismo.


El DVD combina las canciones tomadas de cinco conciertos con los típicos momentos de gira. Estos últimos, en contra de lo que suele ser habitual, resultan tan indispensables como los pasajes en directo. Salvo un par de reflexiones a lo Bono del cantante Eddie Vedder, el resto muestra a unos músicos con casi veinte años de carrera que se llevan sorprendemente bien y, ojo, no han perdido el mundo de vista por el mero hecho de ser estrellas del rock.


Así, un guitarrista sale de su hotel para atender pacientemente a los seguidores que quieren fotos y firmas y luego explica la rabia que le dio en su adolescencia que ¡los Scorpions! le ignoraran en una tesitura similar. Otra escena: el bajista salta una valla y se cuela en una pista para skaters para ejercitarse con su tabla y desconectar.


Mi favorita, no obstante, recoge al cantante y al teclista en una iglesia -quizás la catedral- de Pistoia, una pequeña ciudad en la que tocan en una plaza medieval al aire libre. El director de la escuela de música local pondera las virtudes de los órganos hechos en la población e invita al pianista de la banda a probar el de ese templo. La cara del veterano rockero después de interpretar una pieza en tan venerable instrumento es la de haber alcanzado el nirvana.


Bien, ya ha quedado claro que no inspiran rechazo como personas. Como artistas, tampoco. Pearl Jam son una apisonadora de rock clásico en directo, con algunas canciones enormes y una energía encomiable. Lo único que me echa un poco para atrás es un solo de guitarra larguísimo y otro a continuación de batería en 'Even flow', uno de mis temas favoritos.


Cuando aflojan, también exhiben poderío y maestría, como en 'Betterman'. Sin embargo, mi momento nescafé particular es 'Alive', una de las mejores composiciones guitarreras de las dos últimas décadas. Por cierto, durante esta canción, Vedder corre por el escenario y se pega un hostiazo de padre y señor mío. Les honra no haberlo quitado.


Y no les desvelo más. Sí, ya sé que no es como una película, pero un concierto -aunque falseado- también tiene subidas y bajadas, clímax y todo eso. Bueno, la última: el último bis -no se pierdan cómo se deciden cada noche- es el 'Rockin' in the free world' de Neil Young.


Tema del día: 'Alive', PEARL JAM

viernes, 26 de octubre de 2007

La crème de la crème




Hace muchos años, Albert Pla iniciaba su espectáculo saliendo al escenario con un radiocassette, lo situaba cerca del micro, pulsaba play, sonaba un acompañamiento y entonces empezaba él a cantar y a tocar la guitarra. En el camerino, le pregunté si había tomado prestada la idea de los Talking Heads, y me dijo que no, que no los había escuchado nunca pero que ya le había preguntado alguien lo mismo.


Esta batallita viene a cuento de que muchas de las cosas más interesantes de la escena pop rock de los últimos años guardan algo en común. Los Talking Heads ya lo habían hecho antes. Innovaron, acercaron el rock y el funk cuando un mundo y otro se miraban con recelo, casaron la inmediatez con la intelectualidad y crearon grandes canciones.


Además, tenían un directo incendiario y contagioso. A finales de 1983, la banda grabó varias actuaciones para lo que sería poco después una de las mejores (¿la mejor?) película de conciertos nunca rodada, según la crítica. Tampoco es de extrañar esta unanimidad si se tiene en cuenta que el responsable del film es Jonathan Demme, director, entre otras, de 'El silencio de los corderos' o 'Algo salvaje', y también de la más reciente 'Heart of gold', con el gran Neil Young.


Vi 'Stop making sense' por primera vez hace ya años, pero este verano me compré el DVD aprovechando una oferta, y lo pongo a menudo. Desde el arranque arriba citado, que corresponde por cierto a 'Psycho Killer', el metraje discurre con fluidez gracias no sólo a la inspirada música del combo sino a una escenografía cambiante que se convierte en un personaje más y que creó escuela en el género.


La presencia sobre el escenario de una brigada de currantes que monta la batería mientras David Byrne y Tina Weymouth bordan 'Heaven' resulta un golpe acertadísimo. Y no cuento más cosas al respecto porque rompe el hechizo si no has visto nunca la película. Bueno, la ultima, ¿Quién no recuerda al espasmódico vocalista desgañitarse ('Once in a lifetime') dentro en un traje tres tallas más grande?


Posteriormente, Talking Heads grabaron aún un disco fantástico -'Little creatures'-, pero la recta final de los 80 se llevó la magia y la química interna. Sus carreras posteriores -Tom Tom Club, Byrne en solitario- no dan para muchas alegrías, así que mi gira de reunión ideal para 2008 sería la de las cabezas parlantes. Soñar es gratis.


Tema del día: 'Heaven', TALKING HEADS

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Más de lo mismo, aunque bueno



Como tengo unos amigos que no me los merezco -insisto, no sé que hecho yo para merecer esto-, hace algo más de un mes fui agasajado por mi cumpleaños con el último DVD en directo de una banda que tal vez hayan oído nombrar: algo así como The Rolling Stones. 'The biggest bang' recoge a Jagger, Richards y compañía de gira por todo el planeta, con un par de conciertos íntegros y un compendio de actuaciones en diferentes lugares.


Obviamente, son los Stones y eso siempre supone una garantía de calidad, pero este lanzamiento palidece frente a 'Four licks', el también cuádruple DVD que editaron hará cuatro años para resumir el Licks World Tour de 2002-03. La gran baza de aquél era el concierto íntegro en una sala parisina donde el grupo daba su medida real sobre un escenario, sin plataformas móviles, explosiones ni pantallas de vídeo. Sólo rock and roll.


En cambio, 'The biggest bang' se centra en la faceta colosal de los Stones, la que más me aburre, sin aportar demasiadas novedades musicalmente hablando. Para empezar, un concierto grabado en un parque a las afueras de Austin, Texas (EEUU), en el que la banda suena un poco rutinaria, sin brillo. Parte de culpa quizá la tenga el público norteamericano de los Stones, más entrado en años que en otras partes del mundo, soso como él solo, y con pinta de ir a escasos conciertos de rock.


El segundo DVD muestra un concierto más afilado, pero lo que llama la atención en este caso es el marco: la playa de Copacabana, en Rio de Janeiro. Un escenario montado sobre la arena y más de un millón de personas formando una masa que se pierde en la noche. Aunque la actuación en sí no está mal, destaca la parte documental que ilustra los preparativos del montaje. Por ejemplo, la necesidad de instalar torres de sonido con un pequeño desfase a lo largo de la playa para que el sonido llegue a la vez a la zona más alejada del escenario.


Japón, China y Argentina conforman el tercer disco. Tres o cuatro canciones por país y un pequeño reportaje sobre la estancia de los Stones en cada uno de estos lugares que no aportan nada especial salvo en el caso argentino. Lo de Buenos Aires es demencial y resulta lo más atractivo, en mi opinión, de todo el lote. La locura que desatan los Stones en la capital rioplatense acojona, por decirlo pronto y mal. Ah, los comentarios de los músicos sobre el asunto no tienen desperdicio.


Por último, una serie de extras completan el cuarto DVD, que incluye varias de los dúos y colaboraciones en directo que la banda ha llevado a cabo en sus últimas giras. Básicamente, para muy completistas.


Quizá tenga que verlo más veces, pero el lote me deja un poco frío. Puede que sea el escaso factor sorpresa, dado que vi a los Stones en directo hace poco. Eso sí, todos los peros que le pongo a 'The biggest bang' vienen dados por la comparación con otras entregas del grupo y la escasa novedad que esta última supone. Pero no se equivoquen. Hay calidad a espuertas.



Tema del día: 'Shattered', THE ROLLING STONES


jueves, 30 de agosto de 2007

Bueno hasta cuando flojea



Una de mis mayores debilidades musicales desde que tengo uso de razón es David Bowie. Cierto es que hace ya más de 20 años que sus lanzamientos no igualan sus cotas anteriores -como los Stones, más o menos- pero sí mantienen dignidad y un sello de distinción. Lo último bajo su nombre aparecido en el mercado es 'Glass spider' un DVD y doble CD que recoge al artista en la gira mundial de 1987 en la que presentaba uno de su discos más flojos, 'Never let me down'.


Como quien esto escribe acudió en julio de ese año al Miniestadi del F.C. Barcelona y presenció el concierto, repasar el show ha tenido algo de nostálgico y también de desmitificador. Recuerdo que, obviamente, me gustó mucho y me lo pasé en grande, pero claro, era muy joven y había visto pocos conciertos. Tres años después, Bowie volvió a la Ciudad Condal para ofrecer un repaso a los grandes éxitos de su carrera, el Sound and Vision Tour, que daba sopas con honda a la gira anterior.


Porque el Glass Spider Tour resulta demasiado ochentero incluso para los amantes de aquella década. Bowie, con un ojo en Prince, se adelantó a Madonna a la hora de introducir bailarines en el concierto y teatralizar así las canciones. El resultado fue que las canciones más desafortunadas -las del 'Never let me down', vamos- tenían un cierto pase, pero joyas como 'Heroes' o 'Fashion' salían bastante malparadas del tratamiento.


El barroquismo tan de los 80 empezaba ya por el propio escenario, una gigantesca -y supuesta-araña de cristal que daba nombre a una de las peores canciones que el Duque Blanco grabó nunca y que abría el bolo. Un cuerpo de baile -extraordinario, eso sí- secundaba a Bowie en sus interpretaciones e interactuaba con él a lo largo del concierto. y el solista, claro, para no desentonar, tenía que cantar con microcasco -el chisme en la cabeza que sujeta un micro- para tener así las manos libres. Un error muy propio de aquella época.


La banda, aunque solvente, sonaba en ocasiones sobreactuada, con especial mención para Peter Frampton, un ídolo del rock mainstream de los 70 cuya estrella declinó en los 80 y se enroló con Bowie para emborronar sus temas con digitaciones tan efectistas como innecesarias. Un pesado.


Con lo que llevan leído, pensarán que vaya truño el DVD este de Bowie. Pues no. Porque aunque vaya peinado por su peor enemigo, cuando defiende en directo 'Rebel rebel', 'Time', 'Young americans' o 'Modern love' es el solista blanco más grande después de Elvis y Dylan. ¿Springsteen? Ay, que me da algo.


A modo de curiosidad, la filmación, realizada en Vancouver (Canadá), incluye versiones como la habitual de 'White light, white heat' (Velvet Underground) y la más sorprendente de 'I wanna be your dog' de Iggy Pop. Y no me alargo más, como le dijo Napoleón a Josefina, porque me he comprado cuatro conciertos de Bowie en los últimos meses e intentaré ir dando cuenta de ellos con mesura, no sea que se me saturen.



Tema del día: 'Blue jean', DAVID BOWIE