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martes, 3 de julio de 2012

Festival del carquinyoli (II)



Ningún otro artista de entre mis 20 favoritos me ha decepcionado en directo como lo hizo esta banda hace unos años. No una vez, sino dos, en sendos festivales a los que se presentaron fuera de forma, beodos y no contentos con pisotear su propia leyenda, arrastraron por el suelo el buen nombre de la que fue su grupo originario. Con todo y ello, animado por la invitación de mi querida E. y esperándome lo peor no, lo siguiente, me encaminé al Sónar nocturno pensando más en lo extramusical que en lo que podría deparar la actuación de

NEW ORDER

Lo bueno de albergar unas expectativas deprimentes es que cualquier cosa te mejora el ánimo. Así, los New  Order de 2012 se quedaron en vulgares en lugar de patéticos y todo el mundo contento con una versión zapatillera -tanto en variante electrónica como rockera- de la banda que, en algún momento que otro, sonó con tres guitarras a la vez. Nadie se enamoró de un combo que interpreta joyas del pop con la aparatosidad de Soundgarden, pero ellos no se dan por aludidos.

Quizás para compensar la expulsión de Peter Hook -se me escapan los motivos tras 35 años juntos; por muy mal que se lleven, no comparten horas de furgoneta como los noveles- ha regresado Gillian Anderson. Sus teclados suenan lo justo, que para eso están las programaciones, y hasta se cuelga la guitarra. El nuevo bajista debió de encontrar un bajo de Hooky en el local de ensayo -si es que ensayan- porque sus punteos sonaban iguales que los de su antecesor, lo que me llevó a una reflexión -mínima, más que breve- sobre la idoneidad de reemplazar a un músico con un sonido muy definido y personal con un imitador.

El sonido a lata que vomitaban los altavoces tampoco ayudó, pero lo peor de la velada no fue eso sino la manifiesta incapacidad para cantar de Bernard Sumner, quien esta vez tuvo al menos el detalle de mantenerse sobrio y no dar saltos como un chimpancé epiléptico. ¿qué queda entonces? Pues un fiestón para más de 7.000 personas, bastante garrafonero en general, con algunas canciones inmortales entonadas en feliz comunión por una masa ansiosa de cachondeo.

Da igual que 'Regret' no necesite un lifting hardrockero o que 'Bizarre love triangle' no sea 'La Ramona'; todo se toca con la guitarra en modo 'rakaraka', adornado por los 'come on' de Sumner y hasta un silbato de vez en cuando. En el tramo central del show, optaron por un barniz electrónico para 'Isolation' o '586' siempre desde la jarana como punto de partida.

Conclusión: ¿Me gustó? No. ¿Me lo pasé bien? Sí. Y eso que lo de perpetrar 'Love will tear us apart' animando a la gente a berrear 'lolololololo' no se lo perdonaré nunca.

Vídeo del día: 'Temptation', NEW ORDER

martes, 12 de junio de 2012

Vamos Robert sal a bailar



Para no repetirme, y aun a costa de no ser nada original, este año opto por el formato diccionario para repasar lo que dio de sí el Primavera Sound 2012.

ATP: En mi jerga personal, a tomar por... Stricto senso, el escenario que programa la gente de otro certamen, el All Tomorrow's Parties. Normalmente acoge la fauna más raruna del PS y rara vez lo piso, salvo para el tradicional cierre festivo y desmadrado con DJ Coco. Este año sólo hubiese querido ver a Thee Oh Sees.

BAXTER DURY: Mi disco favorito de los últimos meses y uno de los conciertos que más ganas tenía de ver. Pero ser el primero de los tres días de Fórum jugó en su contra, ya que estás más rato saludando a conocidos que otra cosa. Cuando pude prestarle atención, y aun en la lejanía, sonó muy bien. Un serio candidato a volver por la Ciudad Condal en los próximos meses.

CURE, THE: Grupo histórico que cada vez se asemeja más a la parodia de 'Muchachada nui'. Efectivamente, conciertos de tres horazas y caras B en el repertorio. Pero seamos serios, tres horas de lo que sea es demasiado. Yo soy fan, pero la segunda mitad del bolo se hizo pesada. Guárdate algún as en la manga, Robert, que hace 15 o 20 años que tocas seguidas 'In between days' y 'Just like heaven' y no hay necesidad. A las dos horas y media de actuación, tocar 'Fight' o 'One hundred years' parece un desafío: a ver si tenéis narices para aguantar. Por otra parte, yendo a lo bueno, 'Push' y 'The walk' me hicieron sentir como el chavalín que una vez fui. Y esperaba más comunión de la masa: 'Play for today' o 'A forest' no provocaron el delirio que imaginaba, claro que nunca he visto tanta gente siguiendo un concierto en el escenario grande o San Miguel. Ni Pixies ni Pulp ni ná.

DOMINIQUE A: Lo pongo en mayúsculas, como se merece. EL CONCIERTO DEL FESTIVAL. No es que se me pusiera la piel de gallina, es que me dio un lagrimeo tembloroso de lo más embarazoso. La apoteosis final de 'Le convoi', antes de los bises, supuso uno de los mejores momentos que he vivido nunca relacionados con la música. No sé si me explico.

FAITHFULL, MARIANNE: Una leyenda vigente y un carácter de cuidado: echó a los fotógrafos con cajas destempladas porque la desconcentraban. Un pedazo de artista con un repertorio excelso -lo mejor de su último disco, 'As tears go by', 'Tower of song'- y una banda escueta pero hipercompetente, que dio vuelo a la voz cazallera, personalísima de la que fuese musa de los Stones hace casi 50 años. Artistaza.

GRATIS: El peor cáncer posible en materia de conciertos. El que las jornadas de miércoles y domingo se celebraran urbi et orbi -aclaro el latinajo: para la ciudad y para el mundo- frente al Arc de Triomf lo entiendo como una contrapartida dentro del convenio entre el festival y el consistorio. Ahora bien, a mí no me van a ver el pelo más por ahí. Una de las cosas más frustrantes del mundo es intuir la actuación de un artista de tu gusto rodeado de tambores, cascabeles, perros, xibecas y bicicletas. El domingo ya no fui, y me dijeron que mejor, que me hubiese dado un síncope.

HANNI EL KHATIB: No se fíen del nombre. Este tipo viene a ser una nueva vuelta de tuerca al concepto The White Stripes o The Black Keys con su rhythm'n'blues troglodita y machacón. Más orientado a los 50s, por decir algo, que los ejemplos antes citados, superó las expectativas apuntadas en disco con un directo demoledor que supuso un fiestón en toda regla.

IMBÉCILES: Pocos, gracias a Dios. Este año, no sé por qué motivo, la gente se ha comportado con mucho más civismo.

JOTA: El de Los Planetas. Omnipresente, como cada año. Lo vi gozar de lo lindo en Spiritualized, por ejemplo. Su actuación con los Solynieve me la perdí, tenía yo otras prioridades.

KILOS: Los que ha perdido Greg Dulli, de Afghan Whigs, al que un conocido vio machacarse en el gimnasio del hotel. La dieta le ha sentado bien, porque se marcó un concierto estremecedor y rugiente a la hora del crepúsculo, que me dejó anonadado.

MERIENDA-CENA: Ese momento mágico, como el que citaba justo arriba, en que te sientas en el césped, desenfundas tu bocadillo, escuchas un concierto y piensas que la vida, como decía aquél, puede ser maravillosa.

NAVAJA: Objeto que a veces dan ganas de llevar en el bolsillo como en la actuación de los maravillosos Mazzy Star. Da igual que sólo sean las 9 de la noche; da igual que toquen en un escenario con gradas a media distancia, da igual que su música no haya perdido belleza y fragilidad en 20 años e invite al recogimiento; da igual que haya cantidad de espacio y te plantes paseando en tercera fila. Alguno que otro se merece un buen susto.

ÑÑÑÑCH: Onomatopeya que me inspiraron 20 minutos de concierto de Archers of Loaf, otros que volvían después de 20 años. Tampoco entiendo que nadie les haya echado de menos, la verdad.

O: Conjunción de la lengua castellana que implica disyuntiva, el perpetuo dolor del Primavera Sound. Beach House o Dominique A; Saint Etienne o Hanni el Khatib; Death in Vegas o Franz Ferdinand; y la que ya invitaba a romper paredes a cabezazos: Rufus Wainwright o Girls o Marianne Faithfull.

PRIMAVERA CLUB: La oportunidad en noviembre para ver mejor a algunos artistas a los que la vida social me impidió seguir con más Atención. Verbigracia, Sharon Van Etten, que se marcó un set interesante pero ni el escenario (san Miguel) ni la hora (18.15) acompañaron su propuesta como merece. A ver si hay suerte.

QUIMERA: Llegar en condiciones al domingo y asistir esa noche a la fiesta de cierre en Apolo. Nunca lo he conseguido.

RUBIAS: Venidas de toda Europa, uno de los grandes alicientes del PS.

SPIRITUALIZED: Eléctrico, lisérgico, psicodélico, ensordecedor y todo ello en perfecta armonía. Un todo que contiene más que la mera suma de las partes. Desde la segunda fila junto al altavoz, además, prácticamente una experiencia física.

THE WEEKND: La pedrea de este año. Pasaba por ahí, como vulgarmente se dice, y me quedé a la actuación de la sensación del año en la escena negra de r'n'b. Fantástica versión de 'Dirty Diana' de Michael Jackson y cierta tendencia a imitar el quejido soulero del hermano de Tito. Vilanova, no; uno negro con rizos.

U.S.A.: Aunque siempre hay exóticos aderezos en el cartel, el grueso de la programación se basa en artistas estadounidenses que encuentran en el certamen el trampolín ideal para darse a conocer en el Viejo Continente.

VEGAS, DEATH IN: Notable alto. Formación estándar de rock, sin parapetarse tras un muro de platos y ordenadores como la vez anterior que los vi, y sonido poderosísimo, una aleación de rock y electrónica a la altura de los Primal Scream de 'XTRMNTR'. Muy buena traslación al directo de su último álbum y dos highlights indiscutibles: 'Aisha' y 'Your hands around my throat'.

WILCO: Corren el peligro de cierta sobreexposición por estos pagos, lo que no sé si es buena noticia para un conjunto de cariz neoclásico. Acostumbrado a conciertos suyos más largos, la hora y media escasa que ofrecieron se me pasó volando y eso que no sonó 'Heavy metal drummer'.

XX, THE: Soberbios, mantienen el magnetismo del primer día y presentaron un puñado de nuevas canciones tocadas por la varita de la inspiración. Se pasaron además varios días en el festival disfrutando de otros bolos.

YO LA TENGO: Uno de esos misterios insondables para el que esto escribe. Que sean entrañables y todo eso no lo discuto, pero musicalmente siempre he pensado que se trata de un grupo corriente. Si esto que he escrito me pongo a vocearlo en el festival no sobrevivo.

ZZZZZZ: Sonido que tengo propensión a emitir tras el PS en sesiones de entre 10 y 14 horas.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cuentagotas


El Primavera Club supone cada año la oportunidad de pasarse cuatro o cinco días peregrinando por distintas salas de Barcelona viendo conciertos de bandas escasamente conocidas en maratones que dejan a uno -ya en edad provecta- más que baldado. Así que este año decidí administrarme los bolos en cuentagotas para evitar el peligro de saturación y llegar más descansado a la recta final. En cuanto al primer objetivo, misión cumplida; en cuanto al segundo, por pequeña que sea la meta, no llego, no hay manera.

LITTLE BARRIE (Apolo, miércoles)

No tenía un especial interés por este grupo, pero como tocaba antes de un artista que sí quería ver a toda costa, fui con tiempo para ahorrarme problemas de acceso. Unas horas antes estuve escuchando algo de ellos así por encima y me parecieron una variante de lo que hacen Black Rebel Motorcycle Club, con ese toque retro y montones de reverberación. Ya en vivo tuve que rectificar. Mucho más pesado de lo que imaginaba, el trío de Nottingham parecía empeñado en revivir el fantasma de otro power trio, los Cream de Eric Clapton. Su blues rock rancio y filigranero acabó por retrotraerme otra imagen, la de Jeff Beck al frente de los Yardbirds, especialmente por el parecido físico entre el guitarrista y el que seguramente es uno de sus ídolos. No creo que vuelva a oír hablar de ellos.

CHARLES BRADLEY (Apolo, miércoles)

Más vale tarde que nunca ha debido pensar este caballero de 63 años (ver foto) que hasta hace poco se ganaba la vida de cocinero y ahora hasta gira por el Viejo Continente llevando la esencia del soul primigenio a jóvenes audiencias que no vieron nunca sobre el escenario a Otis Redding o Sam Cooke. Bradley es un genuino representante de la vieja escuela, y gusta de rememorar a James Brown cayendo de rodilas con dramatismo y exagerando la aflicción que lo que canta le provoca.

Una banda joven y solvente respalda a un veterano que se entusiasma como un chaval -hay que verlo cuando hace el águila, a medias entre Chiquito y el intérprete de 'Sex machine'- y transmite como pocos jugando con su dolorido corazón. Transmitir, la esencia del soul.

La única pega es que artista y acompañantes olvidaron que apenas tenían una hora de actuación y secuenciaron la misma como si tuvieran más tiempo. Ello dio pie a que la habitual intro del género -la banda toca dos o tres temas antes de que salga el vocalista- y el momento introducing the band se comieran casi la mitad del bolo. Y cuando más hervían las emociones, con el amigo Bradley desatado en una exhibición de poderío soulero, va aquello y acaba. Sublime concierto, sí, pero quedó la sensación de interruptus.

JEFF THE BROTHERHOOD (Apolo, jueves)

Típica banda del Primavera Club; es decir, no había oído nunca hablar de ellos hasta unos días antes del certamen. Pero venían muy bien recomendados por personas de criterio fiable, así que había que prestarles atención. Un acierto en toda regla. Un dúo bastante cafre, sólo guitarra y batería, que navega por aguas comprendidas entre Ramones y White Stripes combinando velocidad y contundencia. Además, parecen majos y, como lo dan todo bajo los focos, su concierto no dura ni una hora. Gran acierto. Esta locomotora impulsada en directo por una guitarra de sólo tres cuerdas y un mínimo kit de batería no entiende de bajones. Sensación de contento al salir, amplificada por el tradicional encuentro con la simpar M.

HANDSOME FURS (La 2, viernes)

Fiestón gayer a cuenta de un dúo de electro hipervitaminado, con él apretando cuatro botones y retorciéndose mientras ella no para quieta como una loca espasmódica. Cantan a dúo y son uno de los mejores bolos posibles para altas horas de la madrugada, aunque en este caso se tuvieran que conformar con salir al escenario a las 22.30. Y en lo de la brevedad, aquí se puede decir que hubo extremismo. Cuarenta minutos, para qué más, y a casa. Bueno, a casa yo, que aquello seguía hasta las tantas. Y al día siguiente, y al otro...

viernes, 29 de julio de 2011

Yo no te pido la luna



Para animar el verano barcelonés, nada mejor que el Fly me to the moon, un minifestival o miniciclo de actuaciones o como quieran llamarlo sus responsables, que son los del Primavera Sound. Gran acierto además elegir como emplazamiento el Poble Espanyol, que tiene unas dimensiones manejables y, muy importante, hace bajada, lo que facilita la visión desde cualquier parte del recinto. Esta circunstancia, que he visto en vídeos en el londinense Brixton Academy y con mis propios ojos en el hispalense Auditorio Rocío Jurado, pertenece al rango de cosas que no entiendo como no se toman en consideración más a menudo.

Miércoles: Bajo el rutilante alias de The Suicide of Western Culture se parapeta un dúo local tendente a la experimentación que ni me interesa ni conozco, así que llegué justo en el momento en que arrancaba el set de Animal Collective. Los neoyorquinos no me han gustado nunca, ni en vivo ni en disco, pero como todos los conciertos que les había visto eran festivaleros, me quedaba la espina de si en un ámbito más próximo lograría comulgar con su propuesta. Además aunque no soy de conceder oportunidades a tutiplén, el hecho de que gente de la que me fío de su criterio los tenga en gran consideración me hacía preguntarme si sería posible que YO estuviese equivocado.

Evidentemente, la respuesta es no. El pop psicodélico deconstruido de Animal Collective es cansino, rarista y menos original de lo que ellos se creen, porque la historia del rock está llena de iluminados que creían haber descubierto la sopa de ajo por la vía del marcianismo. Como dijo Nietszche, "hay espíritus que enturbian su aguas para hacerlas parecer profundas".

Jueves: El pasado enero ya se me escapó Joanna Newson, que actuaba en el Palau de la Música. Las crónicas de entonces hablaban de un recital grandioso y del talento de la multiinstrumentista de voz angelical, así que la curiosidad apretaba fuerte. Lástima que un montón de cretinos -como era de esperar- se dedicara a a hacer tiempo para Beach House parloteando sobre sus andanzas estivales en filas bastante avanzadas teniendo en cuenta que tenían casi tioda la plaza del Poble Espanyol para ellos. Mención especial para las imbéciles que se sientan en el suelo a la mínima en este tipo de acontecimientos.

La Newson ofreció un muestrario de su habilidades cantando mientras rasgueba el arpa primero y tocaba después el piano, acompañada por violín, guitarra, batería y hasta flauta en ocasiones. Si el cielo existe, debe de tener a esta moza -monísima, pese a su vestido tipo mantel de pizzería- encargada de la banda sonora. Su delicado indie folk está tocado por la varita de la belleza, que no cae en la languidez gracias a los sabiduría musical de la muchacha, con más recursos de los que yo le imaginaba.

La belleza se trocó en magia cuando Beach House (véase foto) tomaron el escenario con aproximadamente media entrada en el recinto. Su álbum 'Teen dream' es de lo mejor editado el año pasado y lo interpretaron casi íntegro junto a un par de novedades aún inéditas y algún rescate de sus dos primeros álbumes, apenas escuchados por quien esto escribe. Un prodigioso juego de luces y una sonorización apabullante elevaron a los asistentes y engrandecieron las emociones. Ella, con su teclado y su voz doliente; él, arrancando arpegios a su guitarra reverberante. El dúo -y el batería que los acompaña- tocó la gloria entregado a un fino ejercicio de orfebrería pop.

Paradojicamente, la fuerza del sonido jugó en su contra en su baza más segura, 'Zebra', en la que el micro de la vocalista casi revienta el potenciómetro. Pese a ello, su pase siguió una línea excelsa y se postula desde ya a bolo del año para este blog. Una maravilla.

Vídeo del día: 'Peach plum pear', JOANNNA NEWSON

viernes, 15 de julio de 2011

Hay otros mundos



Desaparecido el Summercase y convertido el FIB en una despedida de soltero para ingleses rijosos, mi horizonte festivalero se reduce en los últimos años al Primavera Sound. No me importaría ir algún año a Vitoria al Azkena, pero no hay ningún certamen ahora mismo en suelo patrio que me seduzca aparte de lo citado. Desde luego, nunca me había llamado la atención el Cruilla, que siempre me había parecido una convención perroflauta sin criterio musical ninguno. Un prejuicio como cualquier otro que, ya lo avanzo, me he quitado de encima dado que, con la excepción del inofensivo Jack Johnson, la mayor parte del cartel no hubiera desentonado en el Primavera.

Este año me encontré entre la espada y la pared. Ya se me escaparon Madness hace dos años -mira que ir al Sónar....; ellos, no yo- así que este año no había excusa: al Cruilla. Además, el mismo día contaba con las actuaciones de dos grupos bien diferentes que me interesan, Calle 13 y Deus. Me planto en el Fórum a las 9, hora prevista de inicio de los flamencos (de Flandes, se entiende), y un cartelito avisa de que por problemas logísticos su concierto tendrá lugar a las 2.30 de la madrugada. ¡Arrea!

Triste y desamparado, procedí a invertir en bebercio y pasar el rato lo mejor posible. Por ejemplo, no entraba en mis planes ver a Retribution Gospel Choir y no estuvieron mal del todo. Por poner peros, me parece de mal gusto tocar con el torso desnudo -y hay una ordenanza que lo prohíbe, ja- y en algunos momentos el trío se puso muy setentero en la acepción más plomiza de la palabra.

Sobre Calle 13, lamentablemente, no puedo opinar mucho. Aquello sonaba a rayos y, lo peor en un grupo que rapea, las voces eran ininteligibles. Enérgicos, dinámicos, pero indescifrables. Cuando me iba, ya fuera de la pérgola que asfixiaba el sonido, sonó ese pedazo de canción que es 'No hay nadie como tú' y aún se pudo escuchar más o menos algo. Lástima.

A cambio, la placidez de Nacho Umbert en un recoleto escenario, casi vacío pero a la vez acogedor, tuvo algo de balsámica. Mi tercera vez esta temporada, por cierto, pero lo acertado de que sus actuaciones sean breves, sobre todo en los festivales, juega su favor. Delicadeza, sensibilidad y excepcionales composiciones, con el ex Paperhouse a la guitarra acompañado por bajo, chelo y batería.

'¡Hey you, don't watch that, watch this! This is the heavy heavy monster sound'. Así empieza la más reconocible canción de Madness y así arrancó el concierto. Lástima que el sonido aún no fuera el mejor y que el saxo casi ni se oyera, pero en cualquier caso, pecata minuta dado lo que vino después. Con ese arsenal de canciones que tienen la hora y media de actuación pasó en un suspiro, y sólo tres temas menores en la parte central del bolo rebajaron la excelencia.

Así, me dio tiempo a pensar en que 'Our house' -grabada de la radio, ojo- sonaba en el walkman la primera vez que lo llevé al colegio o que uno de los singles que compré en mi adolescencia fue 'Wings of a dove'. Cayeron ambas y otros hits como 'House of fun', 'Baggy trousers' o 'It must be love' en versiones 100% fieles al original, con la banda ataviada con sus trajes y gafas de sol de toda la vida, como si aún estuviéramos en los años de la Thatcher. A mi corazoncito le sobrevino algo de desazón comprobar que no interpretaran 'Yesterday's men', 'Michael Caine' o 'Tomorrow's just another day', pero no se puede tener todo.

Vídeo del día: 'The prince', MADNESS

viernes, 10 de junio de 2011

Sábado



Dimes y diretes y mensajes contradictorios de móvil me tuvieron un ratito en la puerta del Auditori hasta que al final entré a la actuación de John Cale, acompañadopor banda y orquesta de cuerdas, que repasaba su legendario álbum 'Paris 1919'. Con mi falta de tino habitual, llegué, me senté en una fila avanzada y pude asistir a la interpretación del último tema del concierto. Ya saben, lo del viaje y las alforjas.

Sobre Fleet Foxes tengo sentimiento encontrados. A veces me parece que, cuando están inspirados, enhebran más que tocan canciones tocadas por una rar sensibilidad; por el contrario, en ocasiones pienso que ya está bien de hippies y bucolismo campestre y maldigo el ejemplo que dieron Crosby, Stills and Nash. Ojo, sin Young, que el viejo Neil es sagrado. De todas formas, yo iba a lo mío, que era alimentarme, para luego emprender camino a las pantallas instaladas en el Llevant y contemplar embelesado cómo el Barça se coronaba campeón de Europa.

Para hacerse con el trofeo a 'lo mejor del día', no obstante, Pep y sus muchachos deberían haberse medido a P.J. Harvey, un choque, anticipo ya, de resultado incierto. Porque la muchacha-bueno, la mujer, qué demonios- está en un estado de madurez espléndida, ha crecido tanto como artista que puede editar discos de rock torturado, blues oligofrénico o simples nanas y no bajar nunca del 7,5. Llegué a toda prisa, con el show empezado, y tras cumplir el trámite de restregar cariñosamente el triunfo y mi camiseta a un merengue y un perico entré en faena y me sumergí en el mundo de Polly Jean.

La inglesa ofreció casi íntegro su reciente 'Let England shake' y rescató píldoras de alto octanaje emocional de todas las etapas de su carrera sin plegarse a la adoración festivalera. Es decir, sólo cayó un tema de su álbum más asequible ('Stories from the city, stories from the sea') y esquivó el highlight de 'Rid of me', que acostumbraba a incendiar las audiencias hace unos años. Pero su actuación deparó momentazos como 'Angelene' o 'Meet ze monsta'. Bravo por ella y su espíritu libre.

Las tensiones liberadas eran, acabado el bolo, una montaña abajo. Así que ya poco criterio musical había que aplicar. Vida social, charlas futboleras, la constatación de que Animal Collective me vienen grandes o puede que sean directamente un truño -y aún así repetiré el mes que viene- y, para cerrar noche y certamen, la Cocofiesta o tradicional sesión de despedida a cargo de DJ Coco, el residente de La 2 de Apolo. Tres noches de Fórum, tres días que he cerrado el evento. No está mal el balance para un homo festivalensis senior.

jueves, 9 de junio de 2011

Viernes



Tennis son de esos grupos que descubres gracias al PS. Las semanas previas te pones a cribar entre la oferta anunciada y luego, una vez anunciados los horarios, marcas los imprescindibles y escoges entre los nombres ignotos lo que más te motiva para llenar huecos. Así llegué a Tennis, banda de pop de guitarras oriunda de Denver, de la que, tras su pase en el escenario ATP del Fórum, puedo afirmar sin ambages que no cambiará la historia de la música. De hecho, me convencen más en disco, pecado mortal en su género.

Segunda coincidencia mortal: James Blake y M.Ward. Me fascina el debut del primero, pero las 20.30 es una hora muy temprana para su delicada visión del soul y el dub. Además, es un artista poco festivalero, en el sentido de que su propuesta de sonido minimalista casa poco con el público vocinglero que camina errante de un escenario a otro haciendo tiempo para la estrella de la jornada. Así que opté por M. Ward, con el añadido de verlo en zona noble mientras me sumía en los placeres de ese invento pequeñoburgués denominado merienda-cena.

El de Oregón es uno de los mejores exponentes de los que en los EEUU se entiende por cantautor, algo, gracias a Dios, alejado de ismaeles serranos y similares. Un tipo que escribe textos reseñables sin aparcar ropajes musicales que van más allá de do-re-mi y con cultura musical más allá de Pablo Milanés. Para los despistados, aclaro que M. Ward es el socio de la monísma Zooey Deschanel en el dúo She& Him.

Aunque sus álbumes traslucen más delicadeza que gasolina -busquen 'Post-War', de 2006,una maravilla- , el amigo se vio a las 8 de la tarde ante el mayor escenario del festival y optó por brindar al respetable su vertiente más veloz. Por ello ofreció un repertorio rugoso, eléctrico o, por qué no decirlo, festivalero. Hasta 'Roll over Beethoven' cayó, así que se pueden hacer una idea de por dónde fueron los tiros.

Mi mayor desilusión fue The National, grupo al que admiro sobremanera. La culpa no fue de ellos sino de la saturación de gente en el nuevo escenario, sobre todo a causa de que cuenta con un único acceso. En la zona más próxima a este lugar, el apelotonamiento no dejaba lugar a mucho más. Ahí admito que claudiqué y no tuve arrestos para plantar a mis acompañantes, pelear entre la masa, ganar el flnaco izquierdo y penetrar como cuchillo en la mantequilla en pos de un mejor emplazamiento. Y no me confundan con un fanático de los que quiere primera fila a toda costa. Es que lo vi desde detrás de la mesa de sonido. Total, que fui un flojo y lo pagué.

Lo que intuí -de hecho, ni me enteré de que salió Sufjan Stevens a cantar con ellos- fue un bolo soberbio me dejó en realidad más apagado que otra cosa. Pero me sobrepuse. No tenía tiempo para lloriqueos, porque en la otra punta del recinto aguardaban Belle and Sebastian. Y no sólo ellos: La Tercera Coincidencia Mortal ofrecía además a la misma hora a Twin Shadow, quizás el hype de este año, pero en cualquier caso, como en su día Vampire Weekend, The XX o The Pains of Being Pure at Heart, un hype merecido. Confiando en ver a Twin Shadow próximamente en sala, lo fié todo a los escoceses.

Que no estuvieron mal, aunque tampoco diría que fue una actuación maravillosa. Probablemente no sean la mejor banda que ver en directo a decenas y decenas de metros de distancia -ni ellos ni ninguna otra, claro-, pero como dijo un sabio, es lo que hay. Repasaron su disco del año pasado, pero también joyas del pasado como 'Dear catastropehe waitress' o 'The boy with the arab strap', y claro, se dejaron algunos ases por jugar, pero es que su baraja da para mucho. A mí me hubiera gustado 'Like Dylan in the movies', pero no se puede tener todo.

A continuación, un descubrimiento. No mío, sino del exquisito paladar del (en su día) hombre con más estudios de Briviesca (Burgos), que tuvo el tino de citarme en el bolo de Field Music, un excelente combo con las guitarras afinadas en clave de pop atemporal. No sabía absolutamente nada de ellos y ahora ya soy fan.

El semblante se me acabó de animar del todo con el retorno oficial -oficiosamente tocaron antes en Toulouse- de Pulp a los escenarios. Una de mis bandas favoritas de todos los tiempos, de nuevo en directo, 10 años después de verlos por primera vez. Desde el primer momento, a pesar de una sonorización mejorable, el carrusel de hits inapelables y gemas preciosas fue arrollador.

Hay quien se ha quejado de que interpretaran demasiadas canciones de 'Different class', uno de los mejores álbumes de pop nunca editados. Es como quejarse el día en que el Barça vuelva a jugar después de una década de que Guardiola alinee a Messi, Iniesta, Xavi, Pedrito o Villa y no a Bojan, Jeffren y Pinto. En fin, sonaron de otros discos temas como 'This is hardcore' o la inicial 'Do you remember the first time?', además de mi favorita -'Babies'-, pero el paroxismo llegó, obviamente, con ésa que todo el mundo sabe. Felicidad absoluta.

Superar o igualar tamaña descarga de emociones y de adrenalina era imposible y eran las 3.15 de la mañana. El resto de la noche se pasó en saludos, charlas, reencuentros y similares, el tramo final con bailoteo incluido en la sesión house de los dos DJs que se atrincheran bajo la denominación de Carte Blanche. Bailarrrrrrr.

miércoles, 8 de junio de 2011

Jueves



Vuelta al Fórum. Es curiosa la sensación de cada año el primer día de festival propiamente dicho cuando enfilas la rampa de acceso, te miran la bolsa, la pulsera, la tarjeta, y entras. Es un poco como volver a casa, aunque de acogedor tenga lo justo. Bueno, el tema de pagar el plus del abono VIP sí otorga ciertas comodidades que, cuando piensas en los años en que ibas con tu entrada normal, valoras un montón.

Este año abrí fuego con Sonny and the Sunsets en el nuevo escenario Llevant, emplazamiento situado a una distancia respetable del nudo gordiano del festival. Si habitualmente uno gasta suela en el Primavera a modo de bien, en esta edición se han batido todas las previsiones y he caminado en tres días más que en todo el resto del año junto. Bien, llego al lugar casi deshidratado por la caminata y resulta que un fallo informático afecta a las barras y no se sirve bebida durante casi tres horas, salvo en un par de barras del recinto y el interior de la zona VIP. Lógicamente, apenas me quedé a ver a Sonny y compañía y me dispuse a desandar lo andado, entrar en la zona noble, trasegar una cervecita y presenciar el show de Of Montreal.

Un grupo este al que nunca he prestado demasiada atención y sobre el que andaba mal informado. Los hacía yo más metidos en la indietrónica y sonidos más o menos abstractos cuando en realidad practican un electropop con abundante carga festiva. No sé si era lo más apropiado para las 8 de la tarde, pero fue entretenido. Y poco más.

Siguiente parada, conjunto mítico. Los P.I.L. con John Lydon a la cabeza son de esas bandas a las que te apetece ver desde hace lustros, pero que por otra parte temes que den una actuación enloquecida con un tipo transtornado al frente y peleándose con el mundo. Pues no fue así. Tras una primera parte que no seguí con demasiada atención -los problemas de ir en grupo-, poco a poco fui entrando en situación y maravillándome de cómo con apenas un trío de músicos -aunque abundantes cachivaches tecnológicos- el temible ex Sex Pistols insuflaba vida al punk funk del que fue pionero para acabar rematando con la infalible 'Rise' y la tremanda 'Open up', producto de su colaboracion con los electrónicos Leftfield en los 90. Estimulante.

Seguimos con nombres de postín. El gran Nick Cave era uno de los pesos pesados que aún no había pisado el PS -cuentan por ahí que no había feeling entre las partes-, pero este año el certamen se quitó la espina con Grinderman, el proyecto entre blues y hard rock del capo de los Bad Seeds y su compinche habitual, Warren Ellis. Aun en la lejanía de la distancia, monumental sesión de power blues -como decían Los del Tonos- con una banda flamígera y ese frontman desatado e inspirador que es Mr. Cave cuando se siente cómodo.

El siguiente paso me parecía lo justo. De hecho, pensaba acompañar a la manada, comprobar dónde se situaba a continuación escaparme a comprobar cómo de chalados están a estas alturas los dos componentes de Suicide. Pero entre una cosa y otra, y, sobre todo, lo cómodo que se estaba con el escenario Llevant a la tercera parte de su capacidad, me quedé a todo el concierto de Interpol, bolo que, en su versión extendida, ya había presenciado hace unos meses en el Sant Jordi Club. Bien, todo correcto, sin sorpresas.

Posteriormente, vino un rato de descanso y socialización con los Flaming Lips en la lejanía, certificando una vez más que sin confetti ni números paracircenses son un grupo de tres canciones y que la falta de voz de Wayne Coyne le incapacita para subirse a un escenario. Por Dios, que no los traigan más a ningún festival; el que quiera verlos, que se rasque ex profeso el bolsillo.

Perdida la oportunidad de acercarme a otear el witch house de Salem -sobre los que luego he detectado unanimidad: fue un desastre-, peregriné a catar las excelencias de El Guincho en directo, plato que aún no he desgustado. Error: Había acabado. Así, lo que restaba hacer antes de irse a casa era cerrar el festival dándolo todo en el show del que debería ser artista residente del fetival, Girl Talk. El rey del mash up montó un fiestón con su dominio del sampler y la remezcla, todo ello aderezado además con unas gogós que quitaban el hipo y no concedió ni un respiro a la masa bailonga que se retiró a casa exhausta.

lunes, 6 de junio de 2011

Miércoles



En años anteriores, los bolos pre y post Primavera Sound se celebraban en Apolo, con algún problema que otro derivado de las limitaciones de aforo de la sala. Este año, ambas jornadas llevaron el grueso de su programación al Poble Espanyol con el resultado, al menos el miércoles, de que la cola de gente que se quedó fuera sin entrar fue de órdago. Algunos, como el ínclito V., tuvieron paciencia y suerte y entraron a las 11 de la noche para ver una actuación de una hora y, de paso, hacerme compañía.

Cuando accedí al remedo de plaza castellana que es el centro de tan pintoresco recinto, aún no había empezado la actuación de Comet Gain, grupo que, por cierto, actuaba en el certamen gracias al empeño de los fieles integrantes del foro del Primavera, algo así como el The Kop del festival. La banda británica oscila entre el pop de guitarras de segunda mano y el soul descacharrado à la punk y su fórmula, contagiosa y apropiada para una tarde soleada, se vio algo deslucida por una sonorización con tendencia al crujido. Nada especialmente grave.

Uno de los nombres de este año para quien esto escribe eran Echo and the Bunnymen, que giran actualmente con un show centrado en sus dos primeros discos -'Crocodiles' (1980) y 'Heaven up here' (1981)- con el añadido de algunos hits en dos segmentos: entre los temas de un álbum y otro,y al final, como bis. Formato curioso, no cabe duda, y que requiere tiempo, porque dos LPs enteros y seis canciones más no son moco de pavo. Total, unos 110 minutos.

Que pasaron en un suspiro, porque ellos lo valen. Los dos supervivientes -y no es una metáfora- del cuarteto original comandan la banda con la maestría a prueba de bombas a la guitarra de Will Sergeant y el carismático desdén de Ian McCulloch entonando con menos voz pero haciendo suyas las canciones de modo que su interpretación no se resienta. Un artistazo. Mi único lamento obedece a que, a diferencia de anteriores actuaciones, no cayó una de mis 10 canciones favoritas de todos los tiempos en los bises. Pero sonaron joyas como 'Nothing lasts forever', 'Rescue', o 'Lips like sugar', así que reproches los justos.

El cierre de la velada no era de la misma vaina, como dicen en Venezuela. Caribou, autor de uno de los mejores temas de 2010, elabora en sus discos un pop electrónico más orientado a la deconstrucción que al estribillo llenapistas. Por eso, su directo repleto de clase y de savoir faire supuso una de las más agradables sorpresas de la semana. Una actuación dinámica y cargada de matices que no me importaría volver a ver (y escuchar) mañana mismo.

domingo, 5 de junio de 2011

Martes



De nuevo en Apolo, saltó la polémica con la actuación prevista del gran Eli Paperboy Reed, que se anunciaba con la coletilla 'playing his favourites' y no con 'and The True Loves', que es su banda habitual -magnífica- de acompañamiento. Vamos, que el mozalbete iba a desgranar al piano y la guitarra las canciones de todas las épocas que más le ponen, con acento, lógicamente, en los años 60 y el soul de sellos inmortales como Stax o Motown. Pero la masa que paga el abono de un festival quiere zapatilla, así que hubo cierta desoprobación al comprobar lo exiguo de la alineación.

Más problemas: No sé si el piano había estado bebiendo, pero el hecho es que no iba. Aclaro que me refiero a un aparato eléctrico, no a uno de cola. Así que la guarnición del menú fue siempre la misma, guitarra eléctrica tocada con una púa anillada al pulgar que se usa para tocar el banjo, el dobro y no sé qué más. ¿Aburrido? Ni por asomo. El de Massachussetts tiene arte, carisma y voz para entretener al respetable el tiempo que haga falta armado con una botella de Anís del Mono, así que nos descubrió algunas gemas semiolvidadas, echó mano de algún tema de su cosecha y nos puso la piel de gallina en más de un momento.

El handicap que sí costó superar fue la tendencia habitual de la gente al parloteo. En el cine, en los conciertos, la gente habla cada vez más, y sin modular la voz ni acercarse a la oreja del interlocutor. Esto, habitualmente, ya me cabrea y me desconcentra, pero el problema es especialmente delicado si la charleta corre a cargo de las propias amistades y estás situado frente al escenario en la posición de extremo izquierdo, rozando la línea de fondo. En fin.

Antes que Eli Paperboy Reed estuvieron sobre el escenario The Pepper Pots, combo gerundense de soul bastante reputado que, en mi opinión, resulta correcto y poco más. Las tres cantantes alternan protagonismo con relativa solvencia, pero instrumentalmente el grupo no consigue que la mecha prenda, a diferencia sin ir más lejos de otro combo local, The Confidents, orientado a los sonidos de los primeros 60s, si bien más marcados por el beat y el r'n'r. La aparición final de The Pepper Pots arropando al estadounidense no pasó de irrelevante, con una falta de actitud -imperdonable en el género- generalizada entre los que subieron.

Al término de la horita de actuación de Reed, el programa indicaba que era el turno de Garotas Suecas. No me pregunten, porque apenas vi cinco minutos antes de tomar la de Villadiego y no recuerdo bien el qué pero sí el cómo. Regular, como mucho.

Lunes



Jornada de calentamiento, algo descafeinada, para abrir boca el primer día de festival y actos satélites. Llegar a Apolo, que te pongan la pulsera -VIP, faltaría más-, entrar a una sala prácticamente vacía, la primera cerveza de la semana, esperar a Ó., las buenas viejas costumbres de cada año. Me perdí a Mountains (¿?) pero pude ver en inmejorables condiciones el breve pase -unos 40 minutos- de Nacho Umbert & la Compañía. Poco que añadir a lo visto hace unos meses en el Auditori: un artista sólido que bordea en imposible equilibrio los abismos de la emoción y los páramos de la monotonía.

Y luego, en vez de quedarme a ver un grupo del que me habían hablado bien -The Bitter Springs- y un valor seguro como el entrañable Darren Hayman -el que fuera líder de Hefner-, como mi acompañante (¡cobarde!) se retiró, opté por una postura conservadora a lo Maguregui: que queda mucho festival y si te quedas aquí solo te vas a desmadrar el primer día. Cosa que acabó ocurriendo aunque ya sin nada que ver con el PrimaveraSound; pero ésa es otra historia.

lunes, 23 de mayo de 2011

El Homo Festivalensis (y Futbolensis) calienta



Como cada año por estas fechas, el Homo Festivalensis vuelve a la vida y a este blog para dejar constancia de su razón de existir, el Primavera Sound; lo más grande, añado, que Dios ha creado junto al Barça y los Rolling Stones. En esta ocasión, nuestro ejemplar va a pasar de las habituales tres jornadas en el Parc del Fòrum a, atención, siete noches seguidas de música en directo. Un reto sólo al alcance de las especies más evolucionadas musicalmente.

El maratón arranca hoy lunes en Apolo y seguirá mañana en la misma sala. El miércoles se traslada al Poble Espanyol, como antaño, para dejar espacio a las tres jornadas agónicas junto al mar que tendrán un epílogo dominical de nuevo en ese monumento al kitsch que hay en Montjuïc.

Este blog informará detalladamente pero no esperen puntualidad en las informaciones: lo que no puede ser no puede ser, etc... De m,omento les avanzo algunos platos fuertes del menú por si quieren hacer un tast: Echo and the Bunnymen, PJ Harvey, Pulp, The National, Grinderman, Belle and Sebastian, John Cale, Leo Messi, Víctor Valdés, David Villa, Andrés Iniesta... Porque el sábado hay final de la Champions, un partido que, a lo que parece, veré en el recinto primaveril en pantalla gigante. Sí, amigos, dos de los tres elementos de la Santísima Trinidad juntos en hora y lugar. Me puede la emoción, qué le voy a hacer.

Así que no hay previo de la final en el blog. Next week, a toro pasado, habrá el acostumbrado análisis pormenorizado de-esos -que-parece-que-sepas-un-huevo-de-fútbol. Pero no teman, seguro que en este blog amigo encuentran lo que buscan.

Hala, valor y al toro.

Vídeo del día: 'Ghost rider', SUICIDE

lunes, 29 de noviembre de 2010

Más que un club



No, todavía no entro a diseccionar el derbi o clásico. El título del post viene a cuenta del Primavera Club, el hermano pequeño del Primavera Sound que se ha celebrado de miércoles a domingo en Madrid y Barcelona y que ha supuesto la bandera a cuadros para quien esto escribe de un mes intenso y extenso en lo que a conciertos se refiere. A causa del cansancio acumulado, este año he optado por aparcar el objetivo principal del evento -descubrir en salas pequeñas nombres prometedores de la escena alternativa- y ver sólo tres conciertos de nombres contrastados. También esto resultó duro, como luego les explico.

TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO

Miércoles, Apolo, 22.30. Tercer bolo de los gallegos que veo este año. Sorpresa, poco, como imaginarán, pero el vendaval sonoro que desatan resulta misteriosamente adictivo y les veo muy en forma, como ya expliqué a cuenta de su actuación en el festival al aire libre que se monta en el Maremàgnum. En esta ocasión, les vi apoyado en el lateral del escenario, con lo que pude constatar que para tener un grupo hoy hay que haber estudiado Ingeniería Electrónica dada la cantidad de pedales, amplis y cachivaches varios que había por el suelo.

EDWYN COLLINS

Jueves, Bikini, 22.00. La historia de este hombre, por si alguien aún la desconoce, es tremenda. Lideró una original banda dee pop en los 80, Orange Juice, y luego emprendió una carrera en solitario modesta pero no carente de interés. Hace cinco años, un derrame cerebral le dejó casi en estado vegetativo. Muy lentamente, fue recuperando funciones como el habla y el movimiento, a pesar de que le ha quedado una mano inhábil y le cuesta acabar las frases. Con todo, ha sacado un disco notable ('Losing sleep') y se ha ido de gira embarcando a amigos -Boz Boorer, teclista y co-compositor de Morrissey;Paul Cook, bateria de SexPistols- y familiares.

Con el aforo casi lleno y sin necesidad de abrir la sala anexa en Bikini, el amigo Collins se marcó un concierto entrañable y sólido, sin que sintiéramos lástima por él como me ocurrió cuando le vi en el Summercase 2007. Respaldado por una banda solvente, sentado en un taburete y leyendo las letras en un atril, el ex Orange Juice repasó su flamante trabajo, su trayectoria como solista y también los mejores temas de su conjunto ochentero.

El muy zorro nos desarmó además de con su arte con un sentido del humor a prueba de bombas, como cuando olvida los nombres de sus acompañantes o se ve incapaz de acabar una frase y tira por la calle de enmedio. Sin dramatismos, sin tragedias, el tipo está encantado de haber vuelto a la vida y lo transmite. El súmmum del buen rollo -bien entendido, ojo, nada de rastas y canutos- fue cuando subió su hijo adolescente a hacer la segunda voz de un tema. El chaval cantó, se marcó unos bailes new wave muy graciosos, acabó, besó a papá y debió de decirle algo como "ya volveré al hotel, me voy a un sitio que se llama L'ovella negra a ver si pillo".

El respetable tardó en arrancar y seguramente se deba a que Don Edwyn repetía actuación al día siguiente en el Casino de l'Aliança, un marco realmente apropiado, y los fans más devotos estaban en otras salas de la ciudad catando propuestas ignotas reservándose para el coqueto teatro. Así, un rugido de aprobación saludó 'A girl like you', mientras viejos temas como 'Rip it up' cosecharon escasa aprobación de salida.

Balance: Una horita de notable actuación, un tipo encantador y encantado, y la sensación de ser mejor persona al salir.

TEENAGE FANCLUB

Viernes. Apolo. 23.30. Salgo del concierto de Suede en Razzmatazz, recojo a un pasajero y emprendemos viaje a Nou de la Rambla. En la puerta, lo que me temía. "Aforo completo en la 1, podéis pasar a La 2". Entramos. Salimos. mi copiloto no se rinde, mueve los hilos y entramos a la sala 1, que se ve nutrida pero tampoco a punto de reventar.

El caso de Teenage Fanclub resulta curioso, con 20 años de carrera a su espalda y el status de clásicos de un género ya por sí neoclásico -Beatles + Byrds-. Servidor tiene cuatro discos de los escoceses y le gustan lo normal, ni mucho ni poco. Están bien, como se suelen decir, pero soy incapaz de recomendarles una canción sin mirar los créditos.

Y así resultó el concierto. Pulcro, aseado, en definitiva, aséptico. Es la primera vez que les veo en vivo y la sensación de que su talento musical está lastrado por una alarmante presencia de horchata en la sangre aún me acompaña. Lástima.

MALE BONDING

Sábado. Apolo. 1.00. Grupo malo, sin canciones ni personalidad, a medio camino entre el grunge más pesado y el indie rock noventero más plomizo. Es lo que tienen los festivales en los que descubres grupos -los de la marca Primavera-, que a veces se gana y a veces se pierde.

Vídeo del día: 'In your eyes', EDWYN COLLINS

lunes, 21 de junio de 2010

'Charme' vs. zapatilla



Todo el mundo sabe que el que mola es el Sónar de Día, pero, la verdad, se me hace cuesta arriba aguantar un concierto de doce minipimers sincronizadas con un serrucho tocado con los dientes. Al Sónar de Día, que no me los embauquen, se va a ver gente rara, básicamente, lo que no es mala idea salvo que tengas que pagar la entrada. En cambio, al de Noche se va a ver algún concierto concreto y/o a ponerse hasta las grecas y bailar ritmos poligoneros hasta el amanecer. Y a ése fui.

El viernes, de entrada, Hot Chip en un coqueto escenario al aire libre. Mis expectativas fueron diluyéndose en cuestión de minutos, con una actuación decepcionante, que sonaba básicamente a lata y con seis personas sobre el escenario de las que la mitad sobraban. Los hits aún aguantaban, pero ese halo de melancolía sintética que envuelve muchas de sus canciones debió de evaporarse. me deben un bolo en condiciones.

Suerte que luego me repuse con el que, posiblemente, sea el mejor grupo en directo del mundo. Sí, LCD Soundsystem son, como los Primal Scream de 1997-2002, una apisonadora que combinael pulso electrónico con la excitación del rock y, en su caso específico, del funk. Apenas una hora de actuación, con un 'Losing my edge' abortado al cortarles el sonido al final, que no decayó en ningún momento, con parada en sus tres álbumes. 'Daft Punk is playing in my house' atronó hasta poner a todo el mundo en danza y el éxtasis llegó con 'Tribulations', una de las canciones de la década. Arrolladores.

Y a última hora, baila que te baila con 2 Many DJs, los reyes del bootleg y la farra. Sus mezclas patilludas cada vez sorprenden menos -otra vez el punto álgido fue el 'Kids' de MGMT- pero te lo pasas bien. Esta vez, los dos Soulwax rindieron homenaje a sus compañeros de cartel pinchando a Roxy y los LCD mientras lucían unos esmoquins como de orquesta de crucero.

El sábado, para abrir boca, cita con la historia viendo a Roxy Music. Creo que es uno de los casos más notorios de grupo que pensaba que no vería nunca en la vida teniendo en cuenta que dejaron de funcionar en 1982. Vamos, sólo falta que vuelvan los Talking Heads y los Kinks y me derrito. En fin, situado en novena fila, contemplé cómo iban saliendo músicos al escenario... hasta once. Guitarrista de apoyo, teclista, una teclista-violinista que estaba de toma pan y moja, tres coristas, bajo, el primer batería del combo y el trío que sustenta la marca: Bryan Ferry, Phil Manzanera y Andy McKay.

Una horita y 10 minutos de actuación centrada en sus primeros discos con un sonido ampuloso y elegante que, desde luego, poco casaba con la idiosincrasia del festival. El único pero se lo pondría al saxofonista, el señor McKay, que a mi entender desafinaba como una hiena del Serengeti. En cambio, muy convincentes Manzanera como héroe de la guitarra y el pedazo de artista que es Ferry, todo charme, insuflando vida a un repertorio que obvió algunos hits -'Avalon', 'The same old scene', 'More than this'- y se apoyó en clásicos incontestables: 'Virginia Plain', 'Ladytron' o 'In every dream home a heartache'.

A todo esto, por segunda vez en mi vida me entraron temblores y ganas de llorar en un concierto, y eso que la versión de 'Jealous guy' (Lennon) no es lo que más me emociona de la banda, pero los recovecos del corazón son inextricables. Un pedazo de sonrisa sustituyó a la mueca llorosa cuando 'Love is the drug' y sobre todo 'Editions of you y 'Do the strand' cerraron la actuación. Balance: Más feliz que una perdiz.

Nada reseñable durante horas hasta el llenazo para escuchar -que no ver- a los Chemical Brothers. Decepcionantes a más no poder, los falsos hermanos son el timo dela estampita de la electrónica, la constatación de que la zapatilla machacona y unas cuantas proyecciones han reemplazado en su ideario a cualquier atisbo de originalidad. Aquello fue un muermo inaguantable durante un buen rato hasta que alguien le dio a un botón y sonó el disco de 'Hey girl hey boy'. La ley del mínimo esfuerzo amplificada con miles y miles de vatios. Fuera, hombre fuera.

Video del día: 'My only love', ROXY MUSIC


lunes, 7 de junio de 2010

Epílogo




Para cerrar el asunto, una serie de pequeñas cuestiones colaterales sobre estos días de música y felicidad.

1.- El Primavera sigue siendo razonablemente cómodo, y eso que el viernes, día de mayor afluencia, se llegó a las 35.000 personas. Por si acaso, la organización ya ha anunciado que ése es su techo, y que el objetivo ahora pasa por aumentar la confortabilidad del recinto.

2.- Eso supondría, por ejemplo, que en algunas zonas se revisara el estado del suelo. Hay un par de escenarios en los que el estado del firme es directamente lamentable. Y sí, depende del Ayuntamiento, ése que está tan orgulloso del Fórum aunque esté más infrautilizado que la Expo de Sevilla.

3.- Este año el patrocinador principal ha dejado de ser Estrella Damm para pasar a ser asunto de San Miguel. A mí en vaso de plástico me sabe casi igual, la verdad,. Por otra parte, conozco casos que hablan de reparto secreto de cerveza sin alcohol. Ni caso. Tenía alcohol. Se lo digo yo...

4.- ...que me tomé unas cuantas. Gracias en parte al abono VIP del festival, un lujo sin el que a partir de ahora no voy a poder vivir. Ver el escenario principal sin problemas (un huevo de lejos, eso sí) y escucharlo estupendamente sin apreturas no tiene precio.

5.- Uno de los encantos del Primavera es que te encuentras a gente que hace tiempo que no veías, como la simpar M. Menos encanto tuvo mi tropiezo con D., un viejo conocido, al que vi la última noche a horas inconfesables.

6.- Y en cambio, hay personas las que te encuentras esos días cada media hora. Este año, el honor ha correspondido a Jota de Los Planetas y a Johann Wald, el presentador mulato de la MTV. También, al andar a menudo por el área VIP, he tenido ocasión de compartir barra o simplemente espacio con artistas de estos que tocan en el festival y no tengo ni idea de quiénes son. Al que sí reconocí es a Howe Gelb, ex Giant Sand, un señor maduro con sombrero y aire fronterizo.

7.- Al igual que en otros eventos que se celebran en España, cada vez hay más guiris en el PS. Pero, a diferencia de, por ejemplo, el FIB, aquí se suelen comportar en general ya que muchos hacen muchísimos kilómetros para ver juntos en tres días una retahíla de artistas a los que cuesta ver en directo. Bueno, hago excepción de uno que iba muy pasado en el metro de vuelta a casa al que le metí tal bronca que el tío no hacía más que mirarme mohíno y ofrecerme un gimme five a modo de disculpa.

8.- Otra presencia creciente, según he detectado, es la de chatis en general. No puedo extenderme al respecto porque yo voy a escuchar música.

Vídeo del día: 'San Miguel Primavera Sound 2010'

viernes, 4 de junio de 2010

...y desenlace




SÁBADO

DR. DOG: Chasco para empezar. Un grupo que elabora un sonido con espacio para los recovecos y la capacidad de sorpresa sonó aburrido y machacón como un martillo pilón. Igual querían impresionar a alguien con esa exhibición de macho rock tan fuera de lugar, no lo sé.

NANA GRIZOL: Uno de mis descubrimientos de este año. Pop callejero y descacharrado tocado con alegría y convicción. Además, la primera vez en la vida que le veo sentido a dos baterías en el escenario. Alegría de vivir, como cantaba Ray Heredia.

FLORENCE AND THE MACHINE: Sensaciones contrapuestas. A favor, su carisma y prestancia escénica, canciones como 'Dog days are over', una banda apañada, el recuerdo de la Siouxsie de 'Peek-a-boo'... Y en contra, cierta tendencia al gorgorito y la desmesura innecesaria, el pensarse que estaba en Glastonbury ante la gran colonia brit que la arropaba. A veces, podría dejar de correr y centrarse en las emociones. Irregular, en resumen.

THE DRUMS: El hype de este año, los Vampire Weekend o The Pains of Being Pure at Heart de 2010. Justificado, todo hay que decirlo. Tienen canciones, tienen actitud (hedonista, llamativa) y tienen un buen directo. Igual en seis meses nadie se acuerda de ellos, pero que nos quiten lo bailao.

THE CHARLATANS: Venían a tocar entero su primer álbum, 'Some friendly', casi 20 años después. Y fue como viajar en la máquina del tiempo, con una banda que se conserva estupendamente y deleitó con sus delicias de Madchester. Por no hablar de la gallina de piel de 'The only one I know' y el consiguiente desenfreno danzarín.

PET SHOP BOYS: Casi el mismo show del verano pasado, con la adición de 'New York City boy'. Su inclusión en el cartel deseperó a los puristas del festival, pero al final el dúo obtuvo un clamoroso éxito entre todo tipo de públicos tanto en su vertiente de orfebrería pop -'Being boring', 'Suburbia'- como de himnos festivos -'Always on my mind', 'It's a sin'-. Un espectáculo maravilloso.

DJ COCO: El residente de La 2 de Apolo cierra cada año el certamen con una sesión en el escenario ATP. La de esta edición fue memorable, con una ecléctica selección de temas y unas ganas de juerga del respetable que pa qué. Un sarao difícilmente olvidable, básicamente porque tampoco recuerdo mucho.


jueves, 3 de junio de 2010

...nudo...




VIERNES

THE NEW PORNOGRAPHERS: Uno de mis grupos favoritos ahora mismo. Si ya ne parecieron un cañón en Apolo hace un par de años (Primavera Club) viéndolo en primera fila, esta vez los vi triunfar desde la lejanía con miles y miles de personas en el escenario principal. Festivos, contagiosos, son pop, son rock y, básicamente, son un torbellino.

SPOON: Al igual que en el caso anterior, ya los había visto y sigo manteniendo la misma opinión. Muy flojos, ni chicha ni limoná. Son como Death Cab for Cutie pero sin su buenas canciones, o sea, un grupo horchatero a más no poder.

WILCO: Majestuosos. Han entrado, como Xavi Hernández, en una espléndida madurez, convencidos de sus posibilidades. Jeff Tweedy se sobrepuso con paciencia y savoir faire a los problemas técnicos iniciales y la banda bordó un repertorio que esquivó 'Spiders' pero no otros clásicos -'Via Chicago', I am trying to break your heart', 'Handshake drugs'- y los temas de su muy apreciable último y homónimo álbum.

MARC ALMOND: Iba yo al baño cuando mi privilegiado oído captó las notas familiares del arranque de 'Tears run rings'. A riesgo de despeñarme bajando unas gradas -y de padecer de incontinencia- alcancé a la carrera el escenario donde el ex Soft Cell había abierto su actuación con una de mis 10 canciones preferidas de todos los tiempos. Luego, temas recientes y añejos ('Jacky', 'Bedistter') y la no por previsible menos imparable recta final: 'Tainted love' + 'Say hello wave goodbye'. Cómo canta el tipo... ¡Artistazo!

PIXIES: Volvieron hace seis años y desde entonces hacen lo mismo: Tocar lo mejor de su repertorio. Si lo hacen como el otro día en el Fórum, firmo ahora mismo verlos cada año sin que su leyenda desmerezca. Uno de los mejores cancioneros de la historia del rock tocado con fiereza y precisión, sintiéndose a gusto. Las más de 20.000 personas que los escuchaban, también. Mi momento personal fue 'Gouge away', pero no faltó ninguna: 'Debaser', 'Where is my mind?', 'Here comes your man', 'Gigantic'...

martes, 1 de junio de 2010

Planteamiento...




Quien esto escribe anda aún recuperándose de los excesos del Primavera Sound. El homo festivalensis, en su adaptación al medio, ha prosperado conquistando nuevos hábitats, como la zona VIP del recinto, que ha hecho suyos. Sin embargo, la necesidad de escuchar las excitantes propuestas que pueblan los escenarios del festival acaban conduciendo a nuestro especimen a un largo deambular por el Fórum en busca de la canción anhelada. He aquí un resumen de lo visto y escuchado por días y artistas.

MIÉRCOLES

LOS PLANETAS: Sí, el Fórum abre el jueves, pero 24 horas antes, gracias a À. y su red de contactos pude colarme en el castillo de Montjuïc, ponerme hasta arriba por la patilla de fideuá y cerveza y asistir con toda comodidad a un concierto de la nueva gira de Los Planetas. Curiosas sensaciones las que guardo: Por una parte, nunca he escuchado a los granadinos tocar tan conjuntados y sonar tan nítidos, voz aparte. Y por otra, nunca me ha sabido a tan poco su cancionero, desprovisto de hits -sólo 'Santos que yo te pinte' y 'El artista madridista'- y centrado en su último trabajo. Ni frío ni calor.

CHROME HOOF: Antes hubo que aguantar casi una hora a un combo marciano e interracial de space funk rock que, básicamente, dilapidaba el legado de James Brown en aburridos desarrollos hardrockeros. Quince minutos de sonrisa, el resto, de hastío.

JUEVES

BIS: Para abrir boca en el escenario grande o San Miguel, un poco de pop saltarín e hipervitaminado, aunque, eso sí, a pleno sol. Muy emotivo -pese a la petardada- el cierre bailongo con 'Eurodisco'.

THE WAVE PICTURES: Ya vistos hace un año y medio en el Primavera Club. Amable pop de guitarras que pierde bastante en un gran escenario. Como Hefner pero sin su magia.

THE FALL: Un rodillo postpunk que no da tregua. Una hora quizás demasiado temprana para ellos hizo que me empezara a sonar todo lineal y buscar nuevas sensaciones.

TITUS ANDRONICUS: Esto es lo que hallé. Una banda que yo pensaba que hacía otra cosa me sorprendió positivamente durante el cuarto de hora que les vi mientras esperaba a O. Grupo a seguir.

THE XX: Sublime, teniendo en cuenta que aquello se hallaba a reventar de gente (ver foto arriba) y que no todo el mundo estaba para sutilezas. Pero consiguieron algo que me recordó a Portishead, y es silenciar a una multitud que no es devota de su música. La gente se fue callando, y cuando eso ocurre es que lo que viene del escenario tiene interés. Volviendo a la percepción personal, uno de los mejores bolos del festival. Nada intimidados ante 12.000 o 13.000 personas, los chavales demostraron muchas tablas para su edad y lograron emocionar. Muy grandes.

SUPERCHUNK: Un mito del indie rock americano que me dejó bastante frío mientras cenaba. Como apuntó O., Los Hermanos Dalton en inglés.

BROKEN SOCIAL SCENE: Un grupo al que no teníamos muy controlado nos hizo pasar un rato estupendo. Un torrente festivo de excelente rock a la canadiense tocado con solvencia y entusiasmo.

BIG PINK: Uno de los hypes del año. Psicodelia, estribillos, guitarras aulladoras y mucha actitud. Triunfaron por todo lo alto y lo corroboro.

MISSION OF BURMA: Si el final de su actuación -que es lo que vi- fue lo mejor, vamos apañados. Su furibundo indie punk ochentero sonó plano y falto de vuelo. Una decepción en toda regla.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Vuelta a las andadas




Casi me olvido del obligado post anual que anuncia el retorno del homo festivalensis a la actividad. Suerte de que tengo unos lectores y lectoras que no me merezco -como la simpar M.- que reclaman que se cumpla con la tradición anual. Bien, por si alguno de ustedes no se ha enterado todavía, el Primavera Sound ya está en marcha y esta semana ya ha habido actuaciones a modo de precalentamiento en algunas salas de la ciudad y hasta en el metro.

No obstante, hoy miércoles tiene lugar uno de los eventos especiales con motivo del décimo aniversario del certamen: una cena-fiesta (vamos, donde no cenas) en el Castillo de Montjuïc con el añadido de la actuación de Los Planetas. La entrada está restringida a invitados, autoridades, prensa y vips varios, pero otra amable lectora del blog, A., se ha apiadado de mí y me lleva. Ya les contaré.

Por otra parte, el festival propiamente dicho, en el Fórum, plantea estas posibilidades. Son un punto de partida, porque luego, sobre la marcha, los planes se alteran.

Jueves: BIS / WAVE PICTURES / THE FALL / THE XX / SUPERCHUNK / BROKEN SOCIAL SCENE / BIG PINK / MISSION OF BURMA

Viernes: THE NEW PORNOGRAPHERS / SCOUT NIBLETT / SPOON / BEACH HOUSE / WILCO / MARC ALMOND / PIXIES / YEASAYER

Sábado: DR. DOG / NAN GRIZOL / FLORENCE AND THE MACHINE / THE DRUMS / THE CHARLATANS / GARY NUMAN / PET SHOP BOYS

Vídeo del día: 'Fire eyed boy', BROKEN SOCIAL SCENE

viernes, 19 de marzo de 2010

El fin de la inocencia



Por fin he logrado hacerme en DVD con 'Gimme shelter', el documental sobre la gira estadounidense de los Rolling Stones de 1969, que se cerró con un macroconcierto lleno de incidentes en el circuito de Altamont (California), y la muerte ante las cámaras de un chico a manos de los Hell's Angels. El asesinato de Meredith Hunter certificó el fenecer de la era hippy, el flower power y la utopía sesentera en general. Era el fin de la inocencia.

Los hermanos Maysles convencieron a los Stones de acompañarles con la cámara filmando a todas horas en el último tramo del tour, algo impensable hoy en día con una gran banda. El asunto arranca con el concierto del Madison Square Garden -'Jumpin' jack flash', 'Love in vain', 'Satisfaction'- y alterna con tomas de los legendarios estudios Muscle Shoals, en Alabama, donde se grabaron 'Wild horses' o 'Brown sugar'.

Asimismo, intercaladas a lo largo del metraje, aparecen las imágenes que tomó otro equipo durante esos días en el despacho de un abogado en San Francisco. Infinitas llamadas de teléfono en torno a las negociaciones para el concierto de fin de gira: un festival gratuito con varios grupos, la respuesta californiana a Woodstock, celebrado unos meses antes. Pero los problemas surgen desde el principio: De las afueras de San Francisco se pasa a un circuito de velocidad con una única carretera de dos carriles como acceso, la previsión de asistentes crece cada día, el caos organizativo se ve venir, la policía pone todas las trabas posibles ante la imaginable invasión de decenas de miles de personas...

El día del concierto, todo apunta al desastre. Kilómetros y más kilómetros con coches en las cunetas, más de 300.000 personas con un altísimo índice de colgados de LSD y otras sustancias, y de remate, la peregrina idea de encargar la seguridad del concierto a los Hell's Angels. Una concesión que los Stones ya habían hecho meses atrás en el Hyde Park londinense, pero claro, los moteros británicos son unas monjitas al lado de las bestias pardas que toman el control en Altamont.

Las palizas e incidentes son constantes, e incluso un componente de Jefferson Airplane queda fuera de combate a manos de los Ángeles. El concierto de los Stones sufre constantes interrupciones y el bolo transcurre en un ambiente de violencia inimaginable. Plano legendario: En un momento dado, Jagger canta, y a unos metros, un motero le mira con la mayor cara de odio y desprecio. Va a pasar algo gordo.

Y pasa: Tocan 'Under my thumb' -la leyenda siempre dijo que era durante 'Sympathy for the devil'- y un chaval negro con un traje verde que empuña un revólver es apuñalado ipso facto por los Hell's Angels. Terror, confusión y los Stones que se apiñan en su helicóptero para salir de allí cuanto antes. Luego se supo que tres personas murieron más en el concierto, dos por accidente y una por drogas.

El cierre, con Jagger viendo las imágenes en la sala de montaje, es como un espejo. El cantante tiene la misma cara de pasmo que el espectador que ve el suceso por primera vez. Si usted tampoco lo ha visto, tiene suerte, porque el documental íntegro puede verse aquí. Comprobará cómo, gracias a Dios, han cambiado los festivales.

Vídeo del día: 'Gimme shelter', THE ROLLING STONES