viernes, 15 de abril de 2011

Competición doméstica (I)

En pocas semanas, el mercado discográfico nacional ha florecido con la nueva cosecha de algunos de los artistas más interesantes de por aquí. Habrá que ver qué poso dejan con el tiempo, pero las primeras escuchas ya permiten aventurar juicios:




- ANTÒNIA FONT 'Lamparetes': Los mallorquines amplían su paleta de sonidos en un álbum que mantiene el hechizo de un mundo propio, clásico, cambiante y moderno, todo a la vez. 'Es canons de Navarone' y su colchón de guitarras podría firmarla Fernando Alfaro. Creciendo, reinventándose, Antònia Font han editado, posiblemente, su mejor disco. Vídeo: 'Clint Eastwood'.



- CHRISTINA ROSENVINGE: Mantiene 'La joven Dolores' los hallazgos de 'Tu labio superior', su entrada en EL Olimpo pop patrio. Textos agridulces, con originales puntos de vista sobre las cuestiones de siempre que alternan ironías y escalofríos, con la vista puesta en Cohen. Y también pasea la sombra del canadiense por unas canciones vestidas con lo mínimo, con ajustados arreglos que enmarcan una voz tremendamente expresiva dentro de sus limitaciones. Un grower -o disco que crece con el tiempo y las escuchas- en toda regla. Vídeo: 'Mi vida bajo el agua'.



- LA BIEN QUERIDA 'Fiesta': La falta del factor sorpresa se suple con un arsenal de buenas canciones que no desmerece a su antecesor. Falta quizás ese single arrebatador que atrape a los despistados, pero la mayor complejidad de los arreglos -incluso cierta aproximación al universo planetario- enriquece un disco sin desperdicio. Pura orfebería pop. Vídeo: 'Hoy'.



- MANEL '10 milles per veure una bona armadura': Lo fácil sería cargárselo por la sobreexposición mediática del cuarteto en las últimas semanas. Pues no. Me lo cargo por esas letras hipernarrativas, por esas historias anodinas a años luz de las que nos embelesaron en su debut. La riqueza de medios a su disposición se ha traducido en una producción recargada que viste unas melodías previsibles y autocomplacientes, verbigracia 'Boomerang'. Vídeo: 'Aniversari'.

jueves, 14 de abril de 2011

La nostalgia es un error



Los recuerdos tienden a endulzarse con el tiempo. Qué buena era aquella serie, cómo sonaba aquel disco, qué bien lo pasé con aquella moza... Luego, por accidente o por facebook, uno se enfrenta a la realidad actual y descubre, horrorizado, que o bien la realidad de entonces tenía poco de real o bien, como cantaban los Portsihead valencianos, cómo hemos cambiado.

Saco todo esto a colación con motivo del concierto de los históricos Brighton 64 al que asistí hace unos días en la 2 de Apolo. La excusa para este bolo y una pequeña gira nacional era el trigésimo aniversario de la banda, que lleva hibernada desde 1987, si bien alguna aparición que otra han tenido en todos estos años. Pues bien, del buen recuerdo que guardaba del grupo ya no queda casi nada y ahora voy a tener, durante un tiempo al menos, la imagen -y sobre todo, el sonido- de una banda desmochada y roma.

Porque aquello sonaba a cinta TDK grabada con magnetofón delante del altavoz de tocadiscos portátil. Un desastre. Y mira que he visto grupos ignotos tocar en esa sala y salir airosos del trance, pero muy pocos sonar a lata como los hermanos Gil. Por si fuera poco lo dicho, ¿Cómo se les ocurre emprender una gira sin una sección de vientos? ¿Cómo se puede salir a tocar 'La calle 46'o 'El mejor cóctel' sin un mísero saxo- ya no hablo de trombón-? Era como ponerse unos auriculares y que no sonara el de la derecha. Un desatino.

Una lástima, porque mira que tienen grandes canciones como 'La calle de la bomba' o 'La canción del trabajo', pero aquello no terminaba de despegar por mucho entusiasmo que los fans mostraran. Fans que se han renovado y, al parecer, multiplicado, porque la sala colgó el cartel de no hay billetes para incomodidad del personal, no tanto por la aglomeración -manejable al fin y al cabo- sino por la ralea de muchos asistentes. Mi botella de cerveza casi me fue arrebatada por un sujeto para estrellársela a un tercero, no les cuento más.

Vídeo del día: 'La ley del mínimo esfuerzo', BRIGHTON 64

viernes, 8 de abril de 2011

Ver (y oír) a Dios de cerca




Supongo que a ustedes, por The ABC & D of Boogie Woogie no les viene nada. A mí tampoco me venía hasta que hace unos días, trampeando por internet, descubrí que tan curioso nombre esconde a un cuarteto de músicos ingleses tan veteranos como desconocidos, a excepción del batería, un tal Charlie Watts, que quizás les suene como integrante de un combo llamado The Rolling Stones.

El amigo, un jazzman al que convencieron tres tipos en 1962 para que tocara rhythm & blues y rock and roll con ellos, ha seguido tocando la música que más le gusta de forma esporádica, grabando algún álbum que otro y ofreciendo actuaciones en clubs. Cuando el pianista Axel Zwingenberger, vecino de adolescencia, le comentó que tocaba boogie woogie con otro pianista y un bajista, Watts se apuntó. Así, han venido tocando en pequeños locales en Gran Bretaña, Alemania y Austria antes de recalar en la Ciudad Condal.

El cuarteto actuó tres noches seguidas en, ejem, Luz de Gas. Los precios de las entradas eran astronómicos para el público de pie y directamente extraterrestres si querías verlo sentado. Además, darse al bebercio tampoco era barato -ocho pafias la cerveza- pero, qué demonios, no viene Charlie Watts por aquí todos los días, así que hubo que romper la hucha. Por los precios, la escasa promoción o la ignorancia de la masa, no lo sé, el día que fue servidor -jueves 7- quedaron entradas por vender.

¿La actuación? En términos generales, correcta y poco más. Los tres músicos que no son Rolling Stones demostraron ganas, entusiasmo de veteranos y poco más. El repertorio, en su mayoría instrumental, pasó por clásicos de Jerry Lee Lewis o Ray Charles con la pulcritud de un grupo de aplicados aficionados devotos de la variante más festiva del r&b. Como en los espectáculos de antes, tocaron una horita, pararon un cuarto de hora y tocaron luego otros 60 minutos.

Pero qué importa todo cuando ves a Dios tocar la batería a cinco metros de ti. Y además te llega directamente el sonido de platillos y tambores sin amplificar, porque estás más lejos de los bafles que del músico. Un profano en términos percusivos como yo pudo así aprender una serie de trucos sobre cómo tocar la batería con clase y recursos y, además, disfrutar como un gorrino en una charca. Porque Charlie sonríe y se ve que disfruta tocando con tres amigotes ante un centenar largo de asistentes igual o más que en un estadio ante una masa vociferante.

Con un sencillo polo y los sempiternos calcetines de rayas, Watts me pareció la viva imagen de un hombre tranquilo, modesto -le cuesta horrores lucirse o salir a saludar- y feliz. Ahora sólo queda que el año que viene, cumplidos ya los 70, reciba una llamada para embarcarse en una gira mundial que, me temo, no pasará por Luz de Gas.

Vídeo del día: THE ABC & D OF BOOGIE WOOGIE (+ JOOLS HOLLAND)

lunes, 4 de abril de 2011

Uno de uno



Ya ha caído, aunque virtualmente, el primer título serio de la temporada. Tenemos la Liga en el saco salvo catástrofe planetaria y podemos contar uno de uno. Antes de pasar a jugarnos el pellejo en la Champions -qué poca confianza me inspira el Shaktar- y dar boleto a la carga de la brigada ligera en Mestalla, cabe recapitular sobre lo que llevamos de temporada y, sobre todo, de Liga.

- Abidal: Hasta su enfermedad, era el jugador del año en can Barça. Más por lo inesperado de su progresión que por otra cosa, pero qué demonios, a ver quién iba a decir hace tres años que un lateral tirando a discreto iba a convertirse en un central de manual que corta, corrige la posición, toca de primeras y hasta juega en largo.

- Xabi Alonso: Así como creo que habitualmente sobra en el once titular de la selección, en el Madrid es cada vez más la pieza indispensable, por encima incluso que CR7 o el mejor portero del mundo. Lleva una temporada asombrosa, y no es casualidad que, cuando él no está, el andamio se venga abajo. Además, es un perfecto caballero, un profesional como la copa de un pino y, lo más gracioso, culé de pequeño.

- Milito: Algo hay que no sabemos, porque, de lo contrario, ¿por qué Pep le pidió en diciembre que se quedara? ¿para ser el tutor de Messi? Y parece poco probable que se le haya descubierto alguna nueva dolencia a partir de enero. Ahora bien, otro pedazo de profesional que no raja ni lloriquea.

- Mourinho: El supuesto mejor entrenador del mundo tiene menos recursos tácticos que Clemente. Le meten un chicharro en casa -el Sporting de Preciado, no el Bayern de Breitner y Rummenige- y la solución es mantener el doble pivote Lass-Khedira, retirar un volante ofensivo (Granero) y meter otro central. 'Así juego con tres defensas y dos carrileros', piensa él; 'así juegas con cinco defensas porque Arbeloa y Ramos no son Alves y Roberto Carlos' le responde, tozuda, la realidad. La cara de Casillas, impagable.

- Guardiola: No concede entrevistas, para cabreo de la prensa de Madrid, que tilda de domesticada a la barcelonesa. En el marco de un especial sobre el centenario del Brescia, suelta a Raidue lo que le niega a los medios de aquí, y luego pide que no lo publiquen, cree que le hacen caso y admite que es tonto porque le han engañado. No, si eres tonto será por haber dicho libremente lo que dijiste en una entrevista. Que aquí no se ha traicionado el off the record ni nada por el estilo ni tú naciste ayer.

Vídeo del día: 'She's not there', THE ZOMBIES

jueves, 31 de marzo de 2011

Domingo por la tarde


Unos cuantos comentarios cinematográficos sobre cintas (más o menos) recientes, más centradas en la mera evasión que en el aspecto artístico del asunto, que también hay que descansar.

'Bienvenidos a Zombieland': La mejor película de domingo por la tarde que he visto en muuuuchos años. Por una parte, humor escrito con oficio y talento e interpretado con gracia; por otra, acción bien pautada, con abundancia de citas paródicas. El súmmum, la aparición de Bill Murray as himself. Divertida.

'Los hombres que miraban fijamente a las cabras': La típica película de la que lo mejor que dicen los protagonistas en la promoción es "nos lo pasamos muy bien en el rodaje". Un poco más de seriedad y rigor profesional, amén de un guion en condiciones, le hubieran venido muy bien a la cinta, que se acaba haciendo larga sin que aflore una sonrisa. En resumen, una buena idea echada a perder con un reparto de campanillas.

'Star Trek': La saga del vulcaniano orejudo me ha parecido siempre igual de deleznable que la de los enanos que corren por el monte. Pero esta nueva versión, que presumo poco fiel a la original y que habrá provocado sarpullidos a su fans, me lo ha hecho pasar razonablemente bien. Será porque esperaba un truño considerable o será la mano de J.J. Abrams ('Perdidos', 'Fringe'), pero este reboot -palabro de la semana, algo así como reinicio- del mito trekkie resulta entretenido. Ahora bien, no pidan más.

'Invictus': A los aficionados al rugby y al periodismo que tenemos por archisabida la historia de Mandela y los springboks, sólo nos queda una película bienintencionada y plana, dicen que dirigida por Clint Eastwood aunque en ningún momento lo parezca. Morgan Freeman no se ha querido morir sin encarnar al líder surafricano y el film lo paga con una carencia absoluta de tensión dramática. Queda, eso sí, una bonita historia de superación del odio para pasar en los institutos.

'El secreto de sus ojos': Por fin cine de altura. Campanella teje el perfecto equilibrio entre una historia romántica a la antigua usanza y una trama de thriller sobre la etapa más negra de Argentina. Con un hábil uso de la elipsis y sin caer en la singular verborrea del cine porteño, la cinta eleva el melodrama a arte apoyándose en dos intérpretes superlativos: Ricardo Darín y Soledad Villamil. A partir del segundo visionado -en el primero, la acción no deja lugar a fijarse en la caligrafía-, deténganse en la maestría del plano secuencia del estadio, una joya en sí mismo.

Vídeo del día: 'Sunny afternoon', THE KINKS

lunes, 28 de marzo de 2011

La ciudad no es para mí



Cual Paco Martínez Soria del rock me quedé el pasado jueves en Apolo viendo en directo a Asian Dub Foundation, grupo al que no niego sus méritos, pero que, indudablemente, no es para mí. Fui invitado por un amigote y tuve que bregar con la incomodidad de -compañías obligan- acceder a la sala antes incluso de que saliera a escena la banda telonera.

Esta circunstancia tampoco sería tan grave -total, te instalas en la barra y dale que te pego- si no fuera porque los madrileños Dremen son uno de los mayores horrores que he visto nunca sobre un escenario. Un DJ lanzando bases desde un portátil y seis -sí seis- tipos rapeando un montón de obviedades con escasa técnica y aún menos personalidad.

Esto último no les falta a Asian Dub Foundation, cuyos 15 primeros minutos me parecieron arrolladores. Una combinación de electrónica, hip hop, ragamuffin, hardcore y bhangra dinámica, agresiva y saltarina que hace más de una década sonaba tremendamente original y hoy en día, a fuerza de malos seguidores y peores imitadores, ha visto como su impacto se ha diluido.

Dicho lo cual, al cabo de un rato mi sensibilidad hacia el discurso musical de estos londinenses de ancestros indios se había evaporado. Así que pasé el rato de charleta en la parte posterior de la sala para no molestar a los que querían seguir el bolo, una actitud -la mía- que ya podrían tener muchos en otros conciertos, los muy cabrones. Como ven, no dio la cosa para muchas conclusiones.

Video del día: 'Fortress Europe', ASIAN DUB FOUNDATION

martes, 22 de marzo de 2011

Frío, frío



Scorsese y HBO unen fuerzas para una serie ambientada en los años de la Ley Seca en Atlantic City. El anuncio nos tuvo a muchos casi un año pendientes de la llegada de 'Boardwalk empire', que prometía hacerse con un puesto en lo más alto del escalafón catódico. Pues bien, vista ya la temporada de debut, no hay para tanto. Es correcta y poco más, así que uno tiene derecho a sentirse decepcionado.

Voy primero con lo malo: 'Boardwalk empire' transmite más frialdad que Iniesta en una verbena. Le falta vida, aire, duende, mojo, llámenlo como quieran. No hay una dirección que imprima un tono, un sello característico, a la historia. No recuerdo ahora mismo ningún plano ni secuencia memorables cuyo recuerdo se adhiera a la retina. Tampoco hay diálogos a la altura del esfuerzo invertido en la producción; demonios, una historia de rufianes, corruptos y mafiosos en los (aparentemente) felices años 20 -con personajes reales incluidos como Capone y Luciano- y ni una sola línea que retener.

Tampoco brilla la labor actoral de Michael Pitt como Jimmy, más tieso que una escoba e incapaz de transmitir las turbulencias interiores que atormentan a su personaje. Precisamente esa sensación de que 'no pasan cosas' puede que sea el mayor problema de la producción, ya que, a diferencia de, por ejemplo, 'Mad men', el mundo interior de los personajes no consigue hacer avanzar la acción.

Aclaro aquí que Scorsese dirigió el primer episodio y ejerce como productor ejecutivo, uno más de un grupo que incluye al polifacético Mark Wahlberg, pero que el máximo responsable del proyecto, lo que se conoce como creador, es Terence Winter, que se curtió en el equipo de 'Los Soprano'. Winter se puso manos a la obra a partir de un libro sobre los años oscuros en los que floreció Atlantic City bajo la égida del cacique republicano Nucky Johnson.

Ahora toca lo bueno: Steve Buscemi como el mandamás que controla la ciudad y KellyMcDonald-la esposa de Josh Brolin en 'No es país para viejos'- como inmigrante irlandesa bordan sus papeles. La ambientación, los decorados o el vestuario alcanzan el sobresaliente, cosa por otra parte lógica con un presupuesto sólo para el episodio piloto de 18 millones de euros. Y ha nacido un mito erótico llamado Paz de la Huerta, un bicho que quita el hipo y sale desnuda unas cuantas veces.

Con todo, 'Boardwalk empire' ha conocido un moderado éxito de crítica y público en EEUU y fue renovada en seguida para una segunda temporada. Triunfó en los Globos de oro y apunta alto para los próximos Emmy. Es curioso que los galardones televisivos suelan ser una garantía a diferencia de los cinematográficos, sobre los que es mejor no hablar. Tampoco hay mucho que decir sobre los créditos iniciales de la serie, los peores que he visto en una producción de calidad.

Vídeo del día: 'Kaputt', DESTROYER

miércoles, 16 de marzo de 2011

Vuelve el 'spaghetti western'





No estoy muy seguro de que sea recomendable para todos los niños, ni tampoco sabría decir a partir de qué edad debería permitirse su visionado; pero lo que sí sé es que 'Rango' es de las cosas que mejor me lo ha hecho pasar en los últimos tiempos. Claro que, como me apuntó Nicodemo, siempre que voy al cine con mi sobrino salgo encantado. Y eso que no he visto 'Toy story 3'.

'Rango' no es Pixar; es la primera película de animación hecha al 100% por la Industrial Light & Magic de George Lucas. Rodar las secuelas de 'Piratas del Caribe' debe de dejar mucho tiempo libre porque Gore Verbinski y Johnny Depp -director y estrella de la saga, respectivamente- se aliaron para enfrentarse al desafío de reinterpretar el spaghetti western desde la óptica animada.

La cinta funciona a partir de su falta de pretensiones. No es cine de altura como 'Up' o 'Wall-e', pero es un descojone, si me permiten la expresión. El público adulto se lo pasará bien con los guiños no sólo al cine del Oeste -'Por un puñado de dólares', 'Centauros del desierto'- sino a otras cintas -'Apocalypse now', 'Miedo y asco en Las Vegas'- de las que es mejor no hablar mucho aún a los pequeños. El que a mí me acompañaba se lo pasó en grande con la profusión de escenas de acción y chistes asequibles. "Hay muchos tiros", resumió satisfecho, así que ojo con los muy chicos.

El argumento quizás sea lo de menos. Un camaleón con ínfulas actorales se encuentra ante el personaje de su vida al hacerse pasar por sheriff en Polvo, un pueblo en el que escasea el agua, el bien más preciado. A partir de ahí se lo pueden imaginar. Sobre las voces -Johnny Depp y compañía- no puedo opinar ya que la vi doblada, es lo que tiene ir con niños. Y se liga más, pero ésa es otra historia.

Vídeo del día: 'Me and the farmer', THE HOUSEMARTINS

lunes, 14 de marzo de 2011

A tumba abierta




La memoria juega malas pasadas. Rememoraba el otro día cuántos años hacía de la anterior vez que había visto actuar a Faemino y Cansado -diecisiete, toma ya- y recordé súbitamente que vi un segundo bolo dos meses después del primero. Vamos, que salvo esporádicas apariciones televisivas, -y dado que las entradas para verles duran menos que nada en las taquillas- hacía tiempo que no sabía nada del célebre dúo madrileño.

Por ello, que me invitasen al Borràs a ver el dúo me colmó de felicidad. Lástima de un amago gripal que me dejó algo tocado y no me dejó al 100% de mi capacidad espectadora. Con todo, me reí lo que no está escrito y se me pasó volando la hora y media de show, el sexto -'Son dos', se llama- que suben a un escenario en 23 años, aunque ellos suelen decir que se limitan a dar una vuelta de tuerca a lo mismo.

¿Qué es lo mismo? Pues contemplar el absurdo desde una perspectiva lógica. O al revés. O anunciar un intermedio y quedarse ellos en el escenario a sus cosas. O anunciar un número y empezar con una introducción cuya duración triplica la del número propiamente dicho.

Analogías ya se han hecho muchas y no se me ocurre ninguna más original ni más acertada que la de Groucho y Harpo encarnados en Javier Cansado y Carlos Faemino, o la más clásica del payaso augusto y el clown. Pero el mérito de este dúo es cómo agarran un texto y se lanzan a tumba abierta por la pendiente de una jam session humorística libérrima. Se quiebran, se fintan y se ríen, porque se hacen gracia. Y a mí. Mucha.

Video del día: 'ÜBerlin', REM

miércoles, 9 de marzo de 2011

Pas de problème



No es que me haya dado ahora una especie de fiebre por el soul, que siempre me ha interesado, pero ya es casualidad que caigan tan próximos en el calendario dos conciertos apetecibles de este género. Primero, Janelle Monáe, y después, Sly Johnson. Del segundo tengo que decir que no había oído hablar de él hasta cuatro días antes de su actuación, pero eso no fue óbice para disfrutar de una velada la mar de agradable.

Pese a este nombre tan de Alabama, el amigo Johnson es francés y ejerció de rapero hasta hace bien poco como integrante de Saïan Supa Crew, notable combo de la escena hip hop gala. Pero se conoce que debió de cansarse del chándal y descubrió que nada luce más que un buen traje. También en lo musical, porque el parisino se atreve en '74', su disco de debut, con 'Fa fa fa fa fa (sad song)' del inmortal Otis Redding y se mira en su espejo a la hora de abordar un repertorio contemporáneo pero con sabor negro sesentero.

Arropado por una banda reducida pero competente, y sobre todo, por una corista mulata de curvas rotundas y peinado imposible, Sly nos retrotrajo a los años dorados del género para, en la recta final, repescar de su pasado hiphopero sus habilidades con dos micros y un sampler.

Aplicándose en el beatboxing -ya saben, hacer ruiditos como una caja de ritmos- y programando esos sonidos en forma de loops, Johnson jugó a ser magic (si no lo escribo, reviento) con una serie de trucos que nos dejó boquiabiertos un rato. Quizás sobraron los últimos minutos de pirotecnia técnico-vocal, pero la simpatía del tipo hizo llevadero el número.

Curiosamente, pese a que formaba parte de los Caprichos, ciclo de bolos que organiza la propia sala-, la actuación registró apenas media entrada, lo que se traduce en una gran comodidad para el espectador, qué le vamos a a hacer. Con tan poca gente, lógicamente, los conocedores de la lengua de Abidal éramos tan escasos que notre ami optó por hablarnos, al igual que cantarnos, en inglés. Pas de problème.

Vídeo del día: 'I'm calling you', SLY JOHNSON


Rectificación: Como bien me ha hecho notar Nicodemo, la actuación sí estaba programada originalmente en La 2 de Apolo. Así que corrijo y entono el mea culpa.