martes, 30 de marzo de 2010

Superfluo e innecesario



Cuando pensaba que el rizo de la incompetencia era ya imposible de rizar por parte del Ayuntamiento de Barcelona, héte aquí que el alcalde y sus secuaces han perpetrado una doble jugada difícil de creer incluso tratándose de quien se trata. Me refiero a la reforma de la Diagonal y a la petición de albergar unos Juegos Olímpicos de Invierno.


Sobre la larga avenida, la cuestión que primero me asalta es: ¿seguro que hace falta? Vamos, que todo es mejorable, pero teniendo en cuenta que la zona próxima a Passeig de Gràcia y Rosselló lleva cerca de cuatro años en obras, no sé si ahora los vecinos de la zona tendrán ganas de otro lustro de jaleo.


El retoque afectaría al tramo comprendido entre Francesc Macià y Glòries. Curiosamente, el segmento que el consistorio considera más urgente reformar -de F. Macià a Pg. de Gràcia- acoge -cada vez más- las tiendas barcelonesas de grandes firmas de moda internacional como Gucci o Armani, cuyos responsables no creo que decidiesen invertir en un área decadente. Tampoco tengo constancia de movimiento vecinal alguno que reivindique meterle mano a este trozo de la Diagonal.


Lo de reducir el tráfico no tiene mucho sentido, porque se canalizaría por otras calles y atascaría la parte alta del Eixample. En cuantro a unir los tranvías del Besòs y del Baix Llobregat, pues... quizás primero habría que preocuparse de que la gente pagara el billete. Y luego, habría que pararse a pensar quién hace trayectos de 12 o 14 kilómetros en tranvía y en qué ciudad, habiendo como hay una red de metro. Que no está mal pero que, puestos a invertir, habría que ampliar antes que el tranvía.


A todo esto, el ínclito alcalde ha decidido que el pueblo es soberano y ha montado una consulta popular para que cualquiera vote una de las dos opciones propuestas y una tercera más sensata: dejar el asunto como está y dedicarse a las cosas serias. Si ya es absurdo someter una cuestión de tal calado a votación ciudadana -¿por qué no votar sobre el coste del bicing o la recogida de basuras?-, la cosa raya la idiotez al abrirse el espectro del electorado hasta los 16 años. Con un par.


¿Inversión innecesaria? Puede ser, vamos, seguro, pero agárrense que hay más. Porque el proyecto que sin ningún género de dudas es abusrdo, costoso y superfluo es el de hacer de la Ciudad Condal una sede olímpica, esta vez invernal. Con la que está cayendo -me refiero a la crisis económica y a los ignotos brotes verdes-, Hereu se descuelga con otro proyecto faraónico (como buen alcalde barcelonés) que nos saldría todos por un pico y cuya utilidad se le escapa a todo el mundo.


Porque, por si el edil no lo sabe y piensa en promoción, Barcelona ya está en el mapa. De hecho, y con letras bien gordas, destaca en el mapa europeo del turismo basura y los visitantes indeseables. A no ser que queramos convertirla ahora en el nuevo Aspen o Gstaad, lo que comportaría algún que otro problemilla. Véase si no el episodio de la nevada de hace unas semanas, cuando pareció que unas horas de tormenta invernal iban a acabar con la civilización occidental.


En fin, de aquí a un año hay elecciones municipales y huelga decir cómo pintan las encuestas para el actual equipo de gobierno. Porque estas locuras sólo las causa la mayor de las desesperaciones: perder el sillón.


Vídeo del día: 'Walk out to winter', AZTEC CAMERA

viernes, 19 de marzo de 2010

El fin de la inocencia



Por fin he logrado hacerme en DVD con 'Gimme shelter', el documental sobre la gira estadounidense de los Rolling Stones de 1969, que se cerró con un macroconcierto lleno de incidentes en el circuito de Altamont (California), y la muerte ante las cámaras de un chico a manos de los Hell's Angels. El asesinato de Meredith Hunter certificó el fenecer de la era hippy, el flower power y la utopía sesentera en general. Era el fin de la inocencia.

Los hermanos Maysles convencieron a los Stones de acompañarles con la cámara filmando a todas horas en el último tramo del tour, algo impensable hoy en día con una gran banda. El asunto arranca con el concierto del Madison Square Garden -'Jumpin' jack flash', 'Love in vain', 'Satisfaction'- y alterna con tomas de los legendarios estudios Muscle Shoals, en Alabama, donde se grabaron 'Wild horses' o 'Brown sugar'.

Asimismo, intercaladas a lo largo del metraje, aparecen las imágenes que tomó otro equipo durante esos días en el despacho de un abogado en San Francisco. Infinitas llamadas de teléfono en torno a las negociaciones para el concierto de fin de gira: un festival gratuito con varios grupos, la respuesta californiana a Woodstock, celebrado unos meses antes. Pero los problemas surgen desde el principio: De las afueras de San Francisco se pasa a un circuito de velocidad con una única carretera de dos carriles como acceso, la previsión de asistentes crece cada día, el caos organizativo se ve venir, la policía pone todas las trabas posibles ante la imaginable invasión de decenas de miles de personas...

El día del concierto, todo apunta al desastre. Kilómetros y más kilómetros con coches en las cunetas, más de 300.000 personas con un altísimo índice de colgados de LSD y otras sustancias, y de remate, la peregrina idea de encargar la seguridad del concierto a los Hell's Angels. Una concesión que los Stones ya habían hecho meses atrás en el Hyde Park londinense, pero claro, los moteros británicos son unas monjitas al lado de las bestias pardas que toman el control en Altamont.

Las palizas e incidentes son constantes, e incluso un componente de Jefferson Airplane queda fuera de combate a manos de los Ángeles. El concierto de los Stones sufre constantes interrupciones y el bolo transcurre en un ambiente de violencia inimaginable. Plano legendario: En un momento dado, Jagger canta, y a unos metros, un motero le mira con la mayor cara de odio y desprecio. Va a pasar algo gordo.

Y pasa: Tocan 'Under my thumb' -la leyenda siempre dijo que era durante 'Sympathy for the devil'- y un chaval negro con un traje verde que empuña un revólver es apuñalado ipso facto por los Hell's Angels. Terror, confusión y los Stones que se apiñan en su helicóptero para salir de allí cuanto antes. Luego se supo que tres personas murieron más en el concierto, dos por accidente y una por drogas.

El cierre, con Jagger viendo las imágenes en la sala de montaje, es como un espejo. El cantante tiene la misma cara de pasmo que el espectador que ve el suceso por primera vez. Si usted tampoco lo ha visto, tiene suerte, porque el documental íntegro puede verse aquí. Comprobará cómo, gracias a Dios, han cambiado los festivales.

Vídeo del día: 'Gimme shelter', THE ROLLING STONES

martes, 9 de marzo de 2010

Tiempos nuevos, tiempos salvajes



Llevo unas semanas desechando series que seguía y que ya no me motivan ('True blood', 'Hung')y catando nuevos sabores catódicos. De momento, estoy satisfecho con la oferta culinaria de 'Sons of anarchy', visible en el flamante canal Fox Crime y disponible (imagino) en la vasta oferta de internet. La trama versa sobre las andanzas de una tribu de moteros, los citados 'hijos de la anarquía', que se dedican a nobles actividades como la extorsión o el tráfico de armas y regentan un taller mecánico que hace las veces de tapadera.


El embrollo familiar que sustenta la acción viene a ser un cruce entre 'Macbeth' y 'Hamlet'. Por si no hay muchos fans de Shakespeare en la sala, amplío: el protagonista, futuro presidente del club de motoristas, es un querubín -clavado a Kurt Cobain- cuyo padre fundó la hermandad pero falleció hace unos años. A su muerte, su viuda -la mamá del rubito- se casó con el colega de toda la vida del difunto y actual mandamás, que hizo además de padre del muchacho.


Y en el momento presente, entre una actividad ilegal y otra, el joven heredero se dedica a leer una especie de memorias de su padre, donde lamenta que el sueño de anarquía y libertad original acabara convertido en una rama macarra del crimen organizado. Con lo que se prevé pelea de gallos en el corral de las Harley entre padrastro e hijastro.


Punto a favor: El líder de los Sons of Anarchy luce la pinta de Ron Perlman, esa bestia parda alta y algo jorobada que ha actuado en innumerables films, pero protagonizado pocos, como 'Hellboy'. El resto del reparto tiene bastante cuajo -sale hasta Drea de Matteo, la sobrina de Tony Soprano- y, qué demonios, es una serie de acción de las que la pequeña pantalla no va sobrada, sobre todo después del fiasco de 'Flashforward' y de la absoluta ida de olla que es la temporada final de 'Perdidos'.


Y como toda serie de calidad tiene un personaje que es más malo que la tiña y a la vez está cargado de matices que le otorgan profundidad, les recomiendo que presten atención a la mamá del protagonista, encarnada por la gran Katey Segal. Esta señora, que fue la madre de 'Matrimonio con hijos' y hace de esposa de John Locke en 'Perdidos', da auténtico miedo cuando se pone estupenda en 'Sons of anarchy'. Prueben, prueben.


Vídeo del día: 'Stylo', GORILLAZ


PD: Ojo a la estrella del final del clip.

lunes, 1 de marzo de 2010

Efervescente optimismo



No se me ocurre mejor banda sonora para una mañana soleada que Vampire Weekend. Sus píldoras de pop juguetón, a veces saltarín, tan deudoras de Talking Heads como del 'Graceland' de Paul Simon, rebosan optimismo y luminosidad. Así que el público que se aplastaba el sábado por la noche en la infame sala Penélope -luego me extiendo sobre este asunto- tenía claro que no iba a asistir a un concierto de un artista cortavenas, sino todo lo contrario. Alegría, que cantaban los Antònia Font.


La crítica especializada tiende a tildar de pijos a los integrantes del cuarteto neoyorquino, estudiantes de clase media acomodada que se conocieron en la universidad. Puede que haya algo de cierto aunque el hábito no haga necesariamente al monje, pero lo indudable es que Vampire Weekend son ahora mismo una banda inspirada, con un sonido ajustado y sin desvaríos pero rico en detalles. Canciones de no más de cuatro minutos que acaban cuando tienen que acabar, sin autocomplacencia. Ya saben, menos es más, lo bueno si breve...


Con todo ello, respetable y artista dieron muestras de pasarlo en grande. Los de abajo, saltando en la medida en que pueden hacerlo las sardinas en lata. Los de arriba, ofreciendo inspiradas lecturas de 'Cape Cod kwassa kwassa', 'A-punk', 'Horchata' u 'Oxford comma' y confirmando que la revelación de 2008 que maravilló ese año en el Primavera Sound sigue teniendo eso. El inapelable fin de fiesta, con 'Walcott', mandó a la gente a la calle con una sonrisa en el rostro.


Y ahora toca hablar de la chapuza por parte de la promotora, que no es otra que la cervecera Heineken, metida a otros menesteres. No satisfecha con regir una sala en Madrid y otra en Valencia, la marca verde ha intentado abrir un local en la Ciudad Condal, hasta ahora sin éxito, y se ha erigido en competencia de otras promotoras cuadruplicado cachés en algún caso, lo que suele repercutir en el precio de las entradas. Hablo de The Pains of Being Pure at Heart en concreto.


En el caso que me ocupa, el escenario elegido para el bolo de Vampire Weekend fue la discoteca Penélope, situada en un rincón escondido del Poble Espanyol. Lo gracioso es que uno pasaba un control en las puertas del recinto y le abandonaban a su suerte en el interior de esta joya del kitsch retroturístico. Ni una indicación de la sala ni personal de la organización ni nada, así que Vicente va donde va la gente rezando para que sepan para dónde tirar. Obviamente, un grupo de más de 20 tuvimos que desandar lo andado en un momento dado hasta dar con la discoteca.


Ya dentro, la sorpresa de última hora fue que el telonero no hizo acto de presencia. Y la penúltima, comprobar que el local era realmente diminuto para una banda que, a buen seguro, hubiera reventado la sala 1 de Razzmatazz, con capacidad para 2.400 personas. En cambio, la salita de marras era más pequeña incluso que la sala 2 del complejo de la calle Almogàvers o el inmejorable Apolo.


Así que hubo que estar bien apretadito, gracias al sold out anunciado con semanas de anterioridad. Y suerte tuve de verlo desde un buen sitio -y, muy importante, próximo a la barra-, porque llegó un momento que, según entraba la gante, la mandaban obligatoriamente a un primer piso en el que sólo gozaba de buena visibilidad la primera fila acodada en la baranda. Y ya que lo preguntan, la entrada valía 27 euros más gastos. Resultado: hay gente que aún echa humo.


Vídeo del día: 'Cousins', VAMPIRE WEEKEND


PD: Al parecer, los chavales se quedaron con ganas de fiesta y siguieron de parranda esa misma noche en un piso particular. Lástima no haber estado.




lunes, 22 de febrero de 2010

Martini y aceituna



He tenido que recurrir al (glorioso) archivo de este blog para confirmar que no había escrito ya sobre la, probablemente, mejor serie televisiva de la actualidad: 'Mad men'. Es lo que tiene mi memoria, que recuerda con precisión conversaciones banales de hace 20 años y olvida lo que hice ayer. En fin, no me podía creer que no aún hubiese dedicado un post a esta maravilla que los paladares exquisitos sabrán apreciar.

En España, Canal + emite actualmente la tercera temporada, que finalizó hace tres meses en EEUU. Creo que Cuatro emitió la primera temporada en un infame horario de madrugada, con lo que imagino que nadie se enteraría. Pese a ser la serie más premiada del último lustro en su país, con un interminable listado de Emmys y Globos de oro, tampoco se crean que allí la gente sabe de qué va la vaina, ya que se emite en AMC, un canal por cable que carece del tirón de HBO o Showtime, y que tiene bastantes menos abonados.

Ambientada en el Nueva York de los primeros años 60, 'Mad men' recrea la vida dentro y fuera del trabajo de los empleados de una de las mayores agencias de publicidad del país. Y vale que son los Estados Unidos, pero hay que ver lo que hemos cambiado, socialmente, en 50 años. A diferencia de España, hablamos del mismo régimen político y no de una nación con las heridas aún abiertas de una guerra civil. No, el zarandeo al american way of life empieza justo ahí, con la lucha por los derechos civiles, el asesinato de Kennedy, el nuevo papel de la mujer, y, sobre todo, Vietnam.

Por lo leído, pensarán ustedes que. o bien se trata de una chapa histórico-sociológica con vocación didáctica o bien 'Cuéntame' made in USA. Pues no, más bien todo lo contrario. Las tramas fluyen con fluidez (perdón por la cacofonía) sin moralinas ni lecciones y su abanico de personajes resulta fascinante, con el enigmático Don Draper -interpretado por Jon Hamm- a la cabeza del personal masculino. Una pandilla, en mayor o menor medida, de machistas redomados a la altura de su tiempo, al igual que las mujeres, en su mayoría satisfechas con su papel de floreros y deseosas ante todo de pasar por la vicaría.

Y lo que acaba por atrapar de mala manera al espectador es la ambientación. Los trajes, los colores, la decoración, el beber y fumar a todas horas, sobre todo en el trabajo... todo ello le transporta a uno al corazón de la historia. A diferencia de 'The Wire' o 'A dos metros bajo tierra', 'Mad men' no es un lingotazo que se bebe de un trago y te sacude el sistema nervioso mientras balbuceas "Uaaahhhhhh"; es un martini que se saborea sin prisas disfrutando hasta la aceituna. Por último, dos detalles: su creador, Matthew Weiner, se fogueó como guionista en 'Los Soprano', que no es mala escuela; y 'Mad men', que se traduce literalmente por "hombres locos" alude en realidad a los publicistas por su lugar de trabajo, las agencias radicadas en la (Mad)ison Avenue de Manhattan.

Vídeo del día: 'In the evening', RAY CHARLES

jueves, 18 de febrero de 2010

Puerta grande



Servidor se está haciendo mayor a toda velocidad. La prueba palpable es lo que disfruto últimamente en conciertos de señores maduros o directamente seniors que aparcan velocidad y saltimbanquismo en beneficio de una calma y un savoir faire que sólo dan el talento y los años. El caso que me ocupa hoy es Richard Hawley, una suerte de crooner británico con pinta de teddy boy talludito que emociona con sólo abrir la boca y actuó el martes por la noche en la infame sala Bikini.

Por partes. Lo de infame viene a cuento por lo siguiente: el local cuenta con una sala principal -que muchos conocerán como discoteca horterilla- y una lateral -normalmente salsera y aún más hortera que la otra- separadas por una barra (de bar) y una especie de persiana a modo de tabique. Bien, en los conciertos, con el escenario orientado a la sala grande, los responsables del recinto tienen la insana costumbre de levantar la persiana y habilitar el espacio contiguo ganando así capacidad.

Metes casi el doble de personas, sí, pero la mayoría tiene que conformarse con una apurada perspectiva en diagonal del artista, o bien mirar a una pantalla de vídeo tal que estuviese en un festival tipo Benicàssim. Una vergüenza lo mires por donde lo mires. Dicho lo cual, Sobrevalorado y acompañantes tuvimos suerte porque entramos, obligados, a la sala salsera y, con veteranía y colocación dignas del gran Baresi, obtuvimos un lugar con buena visibilidad y correcto sonido para lo que podría haber sido.

Al lío. El señor Hawley nos deleitó durante una hora y tres cuartos que pasaron en un suspiro interpretando casi todo su último disco, 'Truelove's gutter', editado el año pasado, y picoteando en su anterior entrega, 'Coles corner', que le dio a conocer no a las masas pero sí al público inquieto que escarba entre la podredumbre sonora contemporánea en busca de delicatessen. Añádase que sus álbumes anteriores apenas obtuvieron repercusión en España y el hombre era más conocido por ser el guitarrista de Pulp en los últimos años de la banda de Sheffield.

Que no hubiera cuerdas -un teclado las reproducía por vía sintética- no afectó a un repertorio magistral de lo que debería ser el ideal del cantante romántico del siglo XXI. Porque el perfil de crooner rockero del inglés, que le acerca a Elvis o Chris Isaak, quedó acentuado en su concierto barcelonés al renunciar a cualquier canción mínimamente movida. Ni un medio tiempo, vamos. Un ritmo lento presidió la velada, emocionante pese a los condicionantes ambientales, con la salvedad de tres o cuatro crescendos guitarreros de furia y sentimiento muy apropiados para romper el clima suave. El cierre, con el tema apuntado aquí abajo, acabó por apuntalar una noche en la que Hawley mereció salir por la puerta grande.

Vídeo del día: 'The Ocean', RICHARD HAWLEY

jueves, 11 de febrero de 2010

Manual de supervivencia



¿Cuántos libros han leído ustedes sobre los Rolling Stones? Ya, pues yo, ni me acuerdo. Unos cuantos, la verdad, con lo que atesoro una sabiduría sobre cosas inútiles -básicamente, el día a día de la banda en los 60 y primeros 70- de padre y señor mío. Pero este afán mío de conocimiento dejaba bastante que desear a partir de finales de los 70 y quedaba reducido a prácticamente nada en la década de los 90 y la que acaba de concluir a causa de que mis lecturas no se hallaban lo suficientemente actualizadas.

Para paliar esta situación, he devorado en apenas una semana la 'Biografía desautorizada' de Victor Bockris sobre Keith Richards. Al fan o al creyente, como servidor, las bondades de este volumen le resultan obvias, así que voy a intentar desgranar qué puede tener de interés para los profanos. Para empezar, desmitifica -en parte- la imagen de ogro vicioso del guitarrista, a quien presenta como un tío familiar y cálido, salvo cuando le da uno de sus famosos sirocos, situación en la que más vale ponerse a cubierto.

Cuestiones técnicas, como la famosa afinación alternativa con sólo cinco cuerdas que da origen al inimitable gruñido de su instrumento, comparten líneas con historias de amistades torcidas, líos de faldas, su histórica relación de amor-odio con Jagger o su asombrosa capacidad no sólo para sobrevivir a todo tipo de excesos sino para mantenerse lleno de energía a los sesenta y largos.

El asunto de las drogas ocupa páginas y más páginas. Bien, nuestro hombre fue un yonqui durante una década aproximadamente (los 70), y logró no sólo salir indemne sino seguir dándole a otras muchas sustancias hasta prácticamente la actualidad. El relato recoge, en este sentido, la leyenda urbana de que se renovaba la sangre en Suiza. En realidad, era un tratamiento de desintoxicación rápida para pasar los tests de drogas que le ponían como condición para viajar a EEUU y otros países.

Todo muy edificante, como pueden leer. De hecho, Richards dijo en una ocasión que nunca había tenido problemas con las drogas, sino con la policía. De ello también hay numerosos ejemplos recogidos en el libro de Bockris, que entrevistó a Keith en varias ocasiones en los 70 y 80, y que recoge comentarios e informacions de muchos allegados al stone como su mujer durante muchos años y musa de la banda, Anita Pallenberg.

El autor sabe de lo que habla y se nota, al igual que su facilidadad para manejarse entre datos, historias y recuerdos. No en vano es el autor de sendas biografías de gente como Andy Warhol, Lou Reed, Patti Smith o William S. Burroughs. Unos angelitos todos ellos, por cierto.

Vídeo del día: 'Happy', THE ROLLING STONES

viernes, 29 de enero de 2010

Pusilánime



Con gran dolor de mi corazón he tenido que abandonar 'Lo que sé de los vampiros' a la mitad, por muy última obra de Francisco Casavella (1963-2008) que sea. Al menos, me queda la anecdótica satisfacción de haberle saludado en vida, bien es verdad que a una hora inconexa y en un garito insalubre, pero ésa es otra historia.

'Lo que sé de los vampiros' le supuso a su autor ganar el Premio Nadal gracias a un cambio de registro sobre su anterior trabajo, la trilogía de 'El día del Watusi'. Casavella se entregó en su historia ambientada en el siglo de las luces a una novela de alta literatura, por decirlo de alguna manera, con recursos y juegos propios de un superdotado de la escritura.

Sin embargo, de su lectura he sacado la misma conclusión que con algunos discos de jazz o películas: sus autores piensan antes en su propio disfrute que en el del público. Esto no debería ser intrínsecamente negativo, pero hay casos como el de 'Lo que sé...' en que lees páginas y más páginas y, aunque adviertes un depurado trabajo de técnica narrativa, te aburres como una ostra. Llámenme simple o pusilánime.

Para que nadie se quede con mal cuerpo, les recomiendo encarecidamente otras obras del malogrado Casavella, nacido Francisco García Hortelano, como 'El triunfo', 'Un enano español se suicida en Las Vegas' o la citada trilogía de 'El día del Watusi'. Y no vale lo de ver las pelis, porque aunque la de 'Un enano...' -titulada 'Volverás' para la pantalla- tiene un pase, la de 'El triunfo' es un crimen.

Vídeo del día: 'Music is a princess', PREFAB SPROUT

martes, 26 de enero de 2010

Sublime alianza



Con Astrud suele ocurrir que no hay término medio: los odias o los amas. Al principio, a mí me interesaban más que gustarme, me parecía que amagaban pero no daban; no obstante, con los años y la progresiva depuración tanto de sus discos -menos barroquismo- como de sus conciertos -menos rarismo- , podría decirse que ahora soy fan. De ahí mi jolgorio cuando A. me confirmó que me llevaba por la patilla al Auditori a ver actuar al dúo junto al Col.lectiu Brossa, un quinteto de músicos de conservatorio con aficiones paralelas poco convencionales en el ramo.

Este colectivo gusta de paladear estilos como el folk o el jazz, pero éste, según anunció Genís, es su primera aproximación al pop. Para ello van pertrechados con violín, acordeón, percusiones (xilofón y un chisme similar), viola y un instrumento curioso a ojos profanos denominado zanfona o viola de rueda. Con ello, más la prodigiosa voz de Manolo y los sonidos que Genís extraía de una extraño sintetizador vintage que parecía más un polígrafo que otra cosa, la sala 2 del Auditori -un recinto fantástico, por cierto- acogió un concierto inmenso, original y de apenas 80 minutos que ha tenido precedentes en los últimos meses en Sevilla (ver foto), Murcia y Madrid.

Las 13 ó 14 mejores canciones -según un canon lógico- del dúo sonaron arropadas con nuevos arreglos sin que eso significara tener que adivinar pasado un minuto de qué tema se trataba. Una reinvención en toda regla de joyas como 'Mentalismo', 'El vertedero de Sao Paulo', 'Miedo a la muerte estilo Imperio' o 'Noam Chomsky', aderezada por las desternillantes intervenciones de Genís entre canción y canción presentando a los músicos.

Además, satisfecho de mí mismo quedé cuando el teclista de los zapatos de tacón y el bigotito anunció 'Me afecta' como su favorita. Coincidimos. Otro punto álgido fue 'La boda', que siempre me recuerda a mis amigos S. y F., que se casaron al poco de salir el tema, y los bises se cerraron, cómo no, con 'Hay un hombre en España' y el delirio de un público entusiasta y respetuoso, cosa rara hoy en día. Muy complicado me parece que éste no sea el mejor concierto nacional de 2010 que vea. Ojalá me equivoque.

Vídeo del día: 'Minusvalía', ASTRUD + COL.LECTIU BROSSA

martes, 19 de enero de 2010

Mejor en casa (y II)



He aquí la segunda entrega de cine de hace poco visto desde el sofá. No tenía previsto escribir una segunda entega, pero se quedó fuera el mejor film que he visto en tiempo y no quería dejar una impronta tan negativa a los miles de lectores de este blog.

- 'Escondidos en Brujas': La peli de la que hablaba aquí arriba. Cine de gángsters cutres pero con honor que vira en seguida a un relato emocionante -en toda la amplitud de la palabra- y tocado por lo que antes se solía llamar 'una extraña belleza'. Gran triángulo actoral conformado por Colin Farrell, Brendan Gleeson y Ralph Fiennes, además de Jordan Prentice, un intérprete enano que sólo sale en buenas películas.

- 'Funny games': Michael Haneke repite 10 años después su película austriaca del mismo título con una versión made in USA y en inglés que calca plano por plano la original. En este sentido, interés cero; es más, con los actores desconocidos de la primera versión me metía más en el asunto que con Tim Roth y Naomi Watts. En cualquier caso, 'Funny games' -la que sea- es el horror desnudo, la crueldad en estado puro. No recomendable a espectadores muy sensibles.

- 'Hairspray': Otro remake, aunque éste más libre. Distraído musical más inspirado en el espectáculo de Broadway que en el original film de John Waters de los años 80. Televisión, concursos de baile, primeros 60 y cuestión racial. Lo de Travolta travestido de gorda no pasa de anecdótico al lado de gente como Christophe Walken, Michelle Pfeiffer o Queen Latifah. Los tremendos números muisciales hacen que veas luego 'Fama, a bailar' como quien ve jugar al Polvoritense después del Barça.

- 'Appaloosa': Un western con Ed Harris, Viggo Mortensen y Jeremy Irons dirigido por el primero parece a priori una apuesta segura para el amente del género, pero... falla algo. No es una mala película, pero la influencia erótico-festiva sobre la trama que ejerce el personaje de René Zelwegger no acaba de estar bien hilada y altera la cadencia de un largometraje, por otra parte, sobrio y artesanal.

Vídeo del día: 'One life stand', HOT CHIP