martes, 30 de agosto de 2011

This charming man



No es el mismo al que cantaban los Smiths pero no cabe duda de que Bryan Ferry es un hombre encantador. Su concierto hace unos días en el Festival de la Porta Ferrada me permitió peregrinar a Sant Feliu de Guixols y sumergirme de pleno en la apoteosis pureta que suponen los conciertos estivales de viejas glorias en la Costa Brava.

El recinto, denominado Espai Port, cuenta con un escenario de primera, enfrentado a una platea y una grada, ambas levantadas en mecanotubo. El sonido, excelente: la iluminación, soberbia; el público, mayorcito. En un lateral, una barra VIP y otra barra para el común de los mortales, pero que tienen truco. Si te levantas durante el concierto a soplar, te tienes que tomar la bebida en la zona de la barra ya que ésta no se puede llevar al asiento. De hecho, el pobre tipo que controlaba la pasarela que accedía a la platea no daba abasto. Y por megafonía, se nos avisó de que se apagara el móvil y de que estaba prohibido fumar, todo muy adulto y muy europeo, dado que había una nutrida representación foránea junto a los integrantes de las 400 familias que, dicen, gobiernan Cataluña.

Bryan Ferry, por su parte, gobierna casi la misma banda que reforzaba el año pasado a los tres supervivientes de Roxy Music. Un combo numeroso, con once personas en escena, entre ellas la hija del cantante, Tara -sí, como la canción de 1982- que, aparte de estar para ponerle un piso, demostró una solvencia al saxo que pocos presumíamos. En cuanto a belleza física, el premio gordo estaba al fondo del escenario: dos bailarinas acompañaron unas cuantas canciones con sus danzas y aquello era digno de verse, mare de Dèu, senyor.

Musicalmente, todo era deluxe. Un sonido pluscuamperfecto desde la primera canción amplificaba los matices de los instrumentistas, mientras que el protagonista de la noche exhibía su veteranía, clase y savoir faire. Ferry tiró de los hits que contiene su carrera en solitario -'Slave to love', 'Don't stop the dance', 'Let's stick together'-, intercaló unas pocas gotas de su reciente álbum, 'Olympia', echó mano de los clásicos -Dylan, Lennon, Young, Screamin' Jay Hawkins- y, para gozo de la mayoría, se miró en el espejo de Roxy Music.

'My only love', 'Tara', 'Avalon' o 'Editions of you' inundaron de satisfacción la viejuna platea y me compensaron el desplazamiento. Puestos a pedir, acortar los solos del guitarrista y de la hija saxofonista para meter alguna perla añeja -pienso en 'The same old scene', 'Trash', 'More than this'- hubiera sido plantar la guinda del pastel, pero qué le vamos a hacer. A una estrella con 40 años de carrera no le vas a dictar el repertorio.

Vídeo del día: 'You can dance',. BRYAN FERRY

martes, 23 de agosto de 2011

La vida sigue igual



Demasiado pronto han regresado los duelos entre Barça y Real Madrid. Como si aún siguiéramos en el belicoso mes de abril, la sangre llegó al río en una competición que no merece la atención que se le da y que podría eliminarse tranquilamente del calendario. Puntos a retener del asunto:

1.- Mou va a por Tito con nocturnidad y alevosía buscando que el otro le dé una hostia bien dada que le eleve de por vida a los altares del madridismo.

2.- Aparte de eso, la tangana es la normal para un partido de este tipo con una entrada criminal delante de los banquillos. Si esto ocurre en la media luna, no pasa ni la mitad.

3.- ¿De verdad Coentrao va a jugar en el centro? Como culé, sólo pienso 'ojalá'.

4.- El Barça tiene un serio problema con las segundas jugadas tras saque de esquina. Sobre todo cuando Alves va tieso y no sale a cubrir con rapidez.

5.- Un día de estos a algún madridista (¿Higuaín?) se le hincharán las pelotas y se encarará con CR7 despues del enésimo disparo chupón a la gradería del de Madeira.

6.- El encaje de Cesc es prodigioso adaptándose a diversas posiciones. Igual es que Pep sabe algo de esto.

7.- En los dos partidos, el Madrid ha jugado prácticamente al límite de sus posibilidades según el plan de Mou. El Barça, en cambio, no puede sino mejorar.

8.- Problema del Barça: salida del balón desde los centrales sin Piqué. Hace falta un central más, pero de verdad. No un Abidal o un Mascherano. En cuanto al shakiro, de no existir Messi yo le daba el Balón de Oro.

9.- El Madrid enviará al palco este año a los partidos en campo contrario a Jorge Mendes.

10.- Mou no conoce a 'Pito', pero igual se acuerda de la temporada 96-97, en San Mamés, cuando salió del banquillo de Robson a responder las chanzas de Luis Fernández y el machote le espetó "yo no hablo con segundos". Quien defendió a Mou y mantuvo una buena bronca con el tarifeño fue un futbolista del Barça que llevaba el '4'.

Vídeo del día: 'People from Ibiza', SANDY MARTON

martes, 2 de agosto de 2011

Bravo por la música

'Anvil! The story of Anvil': Sin temor a exagerar, éste es el mejor documental musical que he visto en mi vida. Y lo mejor es que versa sobre un grupo que no me interesa lo más mínimo. Los canadienses Anvil son un grupo de heavy metal que en los primeros 80 se hizo un nombre entre los aficionados al género, pero una serie de problemas contractuales les privó de dar el salto a la primera división y cayeron en el pozo del olvido. La cinta recoge el empeño de sus dos integrantes originales por no tirar la toalla y cómo su amor sincero por la música les lleva a vadear los mil y un problemas cotidianos de ser una banda más entre miles. Así tenemos estampas como la de unos melenudos cincuentones que recorren los garitos más cutres de la vieja Europa dirigidos por una fan reconvertida en mánager que no tiene ni idea de nada o la de cuando la hermana del cantante le presta un montón de dinero para que puedan financiar un álbum. Nunca pensé que escribiría esto en relación con unos metaleros de serie B, pero la sinceridad de 'Anvil! The story of Anvil' me sigue emocionando un año después de verla por primera vez.




'Michael Jackson's This is it': Sobre la música de Michael Jackson tengo la opinión de que lo bueno que hizo es muy bueno, y que lo malo es pero que muy malo. De no haber muerto, me hubiera encantado verle actuar en Londres en esa tanda de 50 conciertos que ultimaba y cuya preparación recoge este film, el que se estrenó en cines al poco de su muerte. Ensimismado me quedo comprobando en qué estado de forma se encontraba el amigo cantando y bailando, qué barbaridad. Se le ve modoso, tímido, y hasta hipereducado con músicos y bailarines a los que alecciona, aunque, por ejemplo, sospecho -será machismo genético- que ficha a una guitarrista rubia por ser eso, mujer y rubia. Por la imagen, vamos; no porque quiera algo con ella. Anyway, la cinta recoge la espectacularidad del montaje que se iba a instalar en el O2 Arena y el gran trabajo que Jackson y acolítos estaban haciendo con 'Beat it', 'Wanna be startin' somenthing' o 'Man in the mirror'. Lástima.




'Genius within. The inner life of Glenn Gould': El nombre de Glenn Gould les dirá poco a los no aficionados a la música clásica y al piano en particular. El canadiense, fallecido en 1982, ha sido quizás el mejor pianista del siglo XX y al igual que por su legendaria grabación de las Variaciones Goldberg de Bach, también ha pasado a la historia como un genio excéntrico y extraño, tímido hasta lo patológico, friolero y obsesionado con los estudios de grabación. La cinta muestra en tono académico -quizás demasiado- el talento original y heterodoxo de un tipo que tocaba el piano en una sillita de niño y al que le teclado le llegaba casi por la barbilla. Un documental, en resumen, más interesante por el qué que por el cómo.




'It might get loud': Tres leyendas de la guitarra -sí, como el festival aquel del 92- se dan cita en esta cumbre de las seis cuerdas. Jimmy Page (Led Zeppelin), The Edge (U2) y Jack White (The White Stripes) desgranan cómo empezaron a rascar el nylon, cuáles fueron sus primeros instrumentos y cómo compusieron determinada canción. Independientemente del grado de interés que suscite cada artista, en la parcela técnica la cosa resulta apasionante y cualquier aficionado aprenderá dos o tres cosas. El broche es un encuentro de los tres en el que intercambian trucos y anécdotas, se enseñan unos a otros y acaban en una jam final la mar de amigable. Buen rollo a todo volumen.

Vídeo del día: 'Metal on metal', ANVIL

viernes, 29 de julio de 2011

Yo no te pido la luna



Para animar el verano barcelonés, nada mejor que el Fly me to the moon, un minifestival o miniciclo de actuaciones o como quieran llamarlo sus responsables, que son los del Primavera Sound. Gran acierto además elegir como emplazamiento el Poble Espanyol, que tiene unas dimensiones manejables y, muy importante, hace bajada, lo que facilita la visión desde cualquier parte del recinto. Esta circunstancia, que he visto en vídeos en el londinense Brixton Academy y con mis propios ojos en el hispalense Auditorio Rocío Jurado, pertenece al rango de cosas que no entiendo como no se toman en consideración más a menudo.

Miércoles: Bajo el rutilante alias de The Suicide of Western Culture se parapeta un dúo local tendente a la experimentación que ni me interesa ni conozco, así que llegué justo en el momento en que arrancaba el set de Animal Collective. Los neoyorquinos no me han gustado nunca, ni en vivo ni en disco, pero como todos los conciertos que les había visto eran festivaleros, me quedaba la espina de si en un ámbito más próximo lograría comulgar con su propuesta. Además aunque no soy de conceder oportunidades a tutiplén, el hecho de que gente de la que me fío de su criterio los tenga en gran consideración me hacía preguntarme si sería posible que YO estuviese equivocado.

Evidentemente, la respuesta es no. El pop psicodélico deconstruido de Animal Collective es cansino, rarista y menos original de lo que ellos se creen, porque la historia del rock está llena de iluminados que creían haber descubierto la sopa de ajo por la vía del marcianismo. Como dijo Nietszche, "hay espíritus que enturbian su aguas para hacerlas parecer profundas".

Jueves: El pasado enero ya se me escapó Joanna Newson, que actuaba en el Palau de la Música. Las crónicas de entonces hablaban de un recital grandioso y del talento de la multiinstrumentista de voz angelical, así que la curiosidad apretaba fuerte. Lástima que un montón de cretinos -como era de esperar- se dedicara a a hacer tiempo para Beach House parloteando sobre sus andanzas estivales en filas bastante avanzadas teniendo en cuenta que tenían casi tioda la plaza del Poble Espanyol para ellos. Mención especial para las imbéciles que se sientan en el suelo a la mínima en este tipo de acontecimientos.

La Newson ofreció un muestrario de su habilidades cantando mientras rasgueba el arpa primero y tocaba después el piano, acompañada por violín, guitarra, batería y hasta flauta en ocasiones. Si el cielo existe, debe de tener a esta moza -monísima, pese a su vestido tipo mantel de pizzería- encargada de la banda sonora. Su delicado indie folk está tocado por la varita de la belleza, que no cae en la languidez gracias a los sabiduría musical de la muchacha, con más recursos de los que yo le imaginaba.

La belleza se trocó en magia cuando Beach House (véase foto) tomaron el escenario con aproximadamente media entrada en el recinto. Su álbum 'Teen dream' es de lo mejor editado el año pasado y lo interpretaron casi íntegro junto a un par de novedades aún inéditas y algún rescate de sus dos primeros álbumes, apenas escuchados por quien esto escribe. Un prodigioso juego de luces y una sonorización apabullante elevaron a los asistentes y engrandecieron las emociones. Ella, con su teclado y su voz doliente; él, arrancando arpegios a su guitarra reverberante. El dúo -y el batería que los acompaña- tocó la gloria entregado a un fino ejercicio de orfebrería pop.

Paradojicamente, la fuerza del sonido jugó en su contra en su baza más segura, 'Zebra', en la que el micro de la vocalista casi revienta el potenciómetro. Pese a ello, su pase siguió una línea excelsa y se postula desde ya a bolo del año para este blog. Una maravilla.

Vídeo del día: 'Peach plum pear', JOANNNA NEWSON

lunes, 25 de julio de 2011

Revisiones innecesarias

Se me escapa el sentido de tanto remake como se hace ahora, aparte de la galopante falta de ideas que atenaza a la industria cinematográfica. Muchas voces señalan que de lo que se trata es de atraer a las salas a toda la muchachada que, por razones de edad, no conoce los films originales que luego se refritan. Bien, ¿y si reestrenan esas películas relativamente antiguas? Suerte que a nadie le da por reescribir el 'Quijote' o 'Macbeth' para salvar el sector del libro.



'Furia de titanes': El original, de 1981, tenía el encanto de la historia mitológica de Perseo, hijo de Zeus, y los efectos especiales casi artesanales del gran Ray Harryhausen. Años después, esos efectos se ven de un cutre salchichero que espanta, pero eso no es disculpa para hacer una nueva versión tan plana y aburrida. Para más inri, leo que los primos que la vieron en el cine tuvieron que enfrentarse al timo del 3D en forma de pantalla oscura. No pierdan el tiempo.


'Green zone': Las buenas intenciones no logran la cuadratura del círculo; esto es, que de la historia real sobre las falsas armas de destrucción masiva en Irak no puede salir una película de acción con ritmo y un héroe con la cara de Matt Damon. Paul Greengrass, el hombre detrás de los films de Bourne, tendría que haber elegido entre un film político o uno cañero, porque lo que le ha salido, aunque más o menos entretenido, resulta muy poco creíble.



'Balada triste de trompeta': Los primeros 40 minutos son lo mejor que he visto en materia de films españoles en años. Un prodigio de cine en mayúsculas con pulso firme, un espectáculo fascinante y un elenco en estado de gracia... hasta que la trama empieza a hacérseme cansina y repetitiva y todo me va pareciendo más de lo mismo. Hasta el desenlace en el Valle de los Caídos me parece un autoplagio -véase 'La comunidad' y 'El día de la bestia- y pierdo del todo el interés. Lo que no baja un ápice en todo el metraje es la intensidad de Antonio de la Torre, que ofrece una exhibición en toda regla.



'Kiss kiss bang bang': Iba yo durante años detrás de esta película, que se me pasó en su día, con bastantes ganas a tenor de lo leído sobre ella. Decepción total y absoluta. De hecho, la quité antes de acabar, cosa que (casi) nunca hago. Falso cine negro ambientado en Hollywood con toques de comedia y mucho guiño autorreferencial, como esos parlamentos a la cámara que quieren justificar lo injustificable. Lástima, porque la pareja Robert Downey jr. - Val Kilmer daba para una buddy movie en condiciones.


'Teniente corrupto': Otro remake que nadie había pedido. El original (1992), de Abel Ferrara, es una obra maestra sobre la bajada a los infiernos de un policía corrupto -inmortal Harvey Keitel- y su ansia de redención en una Nueva York cutre y hostil. Ahora, Werner Herzog ofrece algunos detalles lisérgicos -iguanas a tutiplén, un alma de bailoteo al abandonar un cuerpo- como para hacerse el raro y que la permanente mueca de estupidez de Nicolas Cage y su pelo implantado paseando por Nueva Orleans tengan sentido. Para retener, lo impresionante que está Eva Mendes, mare de déu.

Vídeo del día: 'Tenderly', AMY WINEHOUSE

lunes, 18 de julio de 2011

Que no me los engañen



Tenía buena pinta 'Falling skies' según los tráilers -sí, ya, como todo-, pero aquí su oráculo de confianza, visto el cuarto episodio, ha decidido que por favor paren el tren, que se apea. Por una parte me aburro, pero lo peor no es eso, sino el irritante tono moralista familiar que desprende la serie. Tampoco sé de qué me extraño, teniendo en cuenta que viene avalada por la producción de Steven Spielberg, cuyas dos mejores películas -'Tiburón' y 'La lista de Schindler'-son las que más limpias de niños están. Pero me fastidia y mucho.

Para los despistados, aclaro que 'Falling skies' es otra vuelta de tuerca al tema de la invasión alienígena. La acción empieza cuando ya hemos sido invadidos y los protagonistas forma parte de una resistencia organizada al estilo de la Revolución Americana. De hecho, el batallón, o escuadrón, o milicia, o lo que sea, es el 2º de Massachussetts. Nuestro protagonista es un profesor de Historia reconvertido en bravo soldado que combate junto a su hijo adolescente mientras el pequeño queda en retaguardia y el menor está secuestrado por los extraterrestres, que usan a los críos para vete a saber qué.

La madre murió en el ataque inicial, lo han adivinado. El héroe es lo mejor de la función; encarnado por Noah Wyle, el de 'Urgencias', que da el tipo convenientemente. Claro que no es culpa suyo que parezca muy joven para tener un hijo de 16 años, sobre todo si el vástago aparenta 21. Y el resto de personajes son tan arquetípicos que dan grima: el asiático guerrero, el negro de buen corazón, la hispana ultrarreligiosa, el jefe frío e insensible...

La maldita obsesión por los niños de la factoría Spielberg acaba por hundir la función. El look de 'Falling skies' no anda muy alejado del de 'La guerra de los mundos', pero lógicamente, el presupuesto para efectos especiales no es el mismo. No sería un asunto tan importante si el guión tuviera chicha, pero va a ser que no.

En definitiva, la serie promete una cosa pero ofrece otra muy por debajo de las expectativas. Ya lo saben, que no me los engañen.

Vídeo del día: The man who sold the world, DAVID BOWIE

viernes, 15 de julio de 2011

Hay otros mundos



Desaparecido el Summercase y convertido el FIB en una despedida de soltero para ingleses rijosos, mi horizonte festivalero se reduce en los últimos años al Primavera Sound. No me importaría ir algún año a Vitoria al Azkena, pero no hay ningún certamen ahora mismo en suelo patrio que me seduzca aparte de lo citado. Desde luego, nunca me había llamado la atención el Cruilla, que siempre me había parecido una convención perroflauta sin criterio musical ninguno. Un prejuicio como cualquier otro que, ya lo avanzo, me he quitado de encima dado que, con la excepción del inofensivo Jack Johnson, la mayor parte del cartel no hubiera desentonado en el Primavera.

Este año me encontré entre la espada y la pared. Ya se me escaparon Madness hace dos años -mira que ir al Sónar....; ellos, no yo- así que este año no había excusa: al Cruilla. Además, el mismo día contaba con las actuaciones de dos grupos bien diferentes que me interesan, Calle 13 y Deus. Me planto en el Fórum a las 9, hora prevista de inicio de los flamencos (de Flandes, se entiende), y un cartelito avisa de que por problemas logísticos su concierto tendrá lugar a las 2.30 de la madrugada. ¡Arrea!

Triste y desamparado, procedí a invertir en bebercio y pasar el rato lo mejor posible. Por ejemplo, no entraba en mis planes ver a Retribution Gospel Choir y no estuvieron mal del todo. Por poner peros, me parece de mal gusto tocar con el torso desnudo -y hay una ordenanza que lo prohíbe, ja- y en algunos momentos el trío se puso muy setentero en la acepción más plomiza de la palabra.

Sobre Calle 13, lamentablemente, no puedo opinar mucho. Aquello sonaba a rayos y, lo peor en un grupo que rapea, las voces eran ininteligibles. Enérgicos, dinámicos, pero indescifrables. Cuando me iba, ya fuera de la pérgola que asfixiaba el sonido, sonó ese pedazo de canción que es 'No hay nadie como tú' y aún se pudo escuchar más o menos algo. Lástima.

A cambio, la placidez de Nacho Umbert en un recoleto escenario, casi vacío pero a la vez acogedor, tuvo algo de balsámica. Mi tercera vez esta temporada, por cierto, pero lo acertado de que sus actuaciones sean breves, sobre todo en los festivales, juega su favor. Delicadeza, sensibilidad y excepcionales composiciones, con el ex Paperhouse a la guitarra acompañado por bajo, chelo y batería.

'¡Hey you, don't watch that, watch this! This is the heavy heavy monster sound'. Así empieza la más reconocible canción de Madness y así arrancó el concierto. Lástima que el sonido aún no fuera el mejor y que el saxo casi ni se oyera, pero en cualquier caso, pecata minuta dado lo que vino después. Con ese arsenal de canciones que tienen la hora y media de actuación pasó en un suspiro, y sólo tres temas menores en la parte central del bolo rebajaron la excelencia.

Así, me dio tiempo a pensar en que 'Our house' -grabada de la radio, ojo- sonaba en el walkman la primera vez que lo llevé al colegio o que uno de los singles que compré en mi adolescencia fue 'Wings of a dove'. Cayeron ambas y otros hits como 'House of fun', 'Baggy trousers' o 'It must be love' en versiones 100% fieles al original, con la banda ataviada con sus trajes y gafas de sol de toda la vida, como si aún estuviéramos en los años de la Thatcher. A mi corazoncito le sobrevino algo de desazón comprobar que no interpretaran 'Yesterday's men', 'Michael Caine' o 'Tomorrow's just another day', pero no se puede tener todo.

Vídeo del día: 'The prince', MADNESS

lunes, 11 de julio de 2011

Soul man




Hace 20 años, por decir algo, que una leyenda del pop, rock, soul, blues o similares visitara Barcelona era todo un notición del que uno se enteraba quisiera o no gracias a los pirulís diseminados por la ciudad. Daba igual que a ti el reggae te trajera al fresco, que si un venerable rastafari y su troupe pasaban por aquí, a poco que salieras a la calle te enterabas. Y yendo más allá, que en la misma semana coincidieran dos actuaciones de renombre era algo casi propio de la ciencia ficción. Tener que elegir por cuestiones presupuestarias era un problema que los melómanos no teníamos, y si alguien nos hubiera aventurado esta posibilidad, nos habríamos reído a gusto.

Todo esto me pasó por la cabeza hace unos días en Apolo durante la actuación de Booker T., un mito -de los de verdad, que se abusa mucho de esta palabra- del soul. Por si ustedes no caen, es el señor que, como Booker T. and the M.G.'s, lideró la banda que conformó el sonido Stax, el que se escucha en cientos de canciones de Otis Redding, Wilson Pickett o Sam & Dave. Y también el grupo que editó uno de los singles instrumentales más exitosos de todos los tiempos, 'Green onions'.

El veterano organista (66 años) se presentó en Apolo un viernes por la noche ante unas 120 personas en el momento de salir a escena; de ahí las elucubraciones anteriores. Pero los profesionales del show business siempre cumplen y no se arredran. Arropado por guitarra, bajo y batería, el señor Booker T. Jones ofreció una actuación irregular en cuanto a inspiración pero solvente en materia de oficio. Cantó algunas canciones, sonaron varios instrumentales y apareció sólo para dos temas -'Chain of fools' de Aretha y otra- una vocalista invitada. Como no sea pariente, no sé si le sale muy a cuenta llevarla de gira, pensé.

Hubo un momento en que me planteé si valía la pena seguir allí. Fue cuando el batería inició un solo, algo que debería estar penado por la Convención de Ginebra. Me distraje observando al respetable y calculando la proporción de turistas puretas con sandalias y calcetines. Luego, el guitarrista se quedó solo y atacó 'Little wing' de Hendrix, que empezó en modo exhibicionista-pesado y acabó mucho más acertado, con Booker al órgano en acertada comunión.

El resto de la actuación -unos 80 minutos en total- ya fue cuesta abajo picoteando en la inspirada discografía del teclista. Y fue un lujo degustar el bis con la barbilla apoyada en las tablas del escenario. Noche salvada.

Vídeo del día: 'Progress', BOOKER T.

miércoles, 29 de junio de 2011

Esto es vida


¿Cuántos libros sobre Keith Richards han leído ustedes? Ya, pues yo, dos. La 'Biografía desautorizada' que escribió Victor Bockris hace un par de años y 'Vida', la autobiografía dictada por el guitarrista y redactada por James Fox. Curiosamente, si piensan que la primera relata todos los excesos babilónicos del Rolling Stone mientras que la segunda limpia, fija y da esplendor a su buen nombre, se equivocan. A Keef le trae bastante sin cuidado su buen nombre -aunque persigue, literalmente, a quien escriba falsedades- y tampoco persigue lo contrario, es decir, nada de alimentar una leyenda negra de demonio superviviente.

Por partes. Musicalmente, para el fan stoniano o simplemente del rock'n'roll, la obra es una joya. Richards pasa revista a sus influencias como guitarrista y compositor y se explaya con su mayor aportación al arsenal del rock: la afinación abierta de cinco cuerdas. Para entendernos, el secreto del gruñido único que le saca a su instrumento, ése que hace que nadie pueda tocar igual que él 'Brown sugar' o 'Honky tonk woman'. Como curiosidad, su canción fetiche es 'Malagueña'; de adolescente, su abuelo le dijo que, el día que supiera tocarla, sabría tocar todas las canciones.

Desde un punto de vista personal, obviamente pasa por alto aquello sobre lo que no quiere entrar, como toda autobiografía, pero resulta bastante llamativo la suerte que ha tenido este tipo en cuestión de mujeres. ¿Que Jagger se lía con tu novia en un rodaje? Pues nada, tú te lías con Marianne Faithfull, la entonces chica del cantante. Por no hablar de la vida en la carretera y en lo que ahí acontece. Como que, entre los conocidos excesos babilónicos, te llamen de casa para decirte que tu bebé de dos meses ha fallecido de muerte súbita en su cuna.

En cuanto a retratos personales, siente debilidad por dos amigos fallecidos prematuramente, Gram Parsons y John Lennon. Curiosamente, recuerdo haber leído en una entrevista hace más de 20 años lo mal que le caía McCartney, pero ahora resulta que son buenos amigos desde que se encontraron casualmente paseando por una playa de una isla semiprivada del Caribe. De otro muerto, Brian Jones, se muestar ambivalente: era, dice, un gran músico genial e intuitivo, pero la fama le convirtió en un petimetre y no supo echar el freno cuando las drogas se comieron su talento.

Buena parte del volumen versa sobre su relación de amor-odio con Jagger, que ya dura 50 años. Resumiendo, según Keith, Mick es un sujeto con delirios de grandeza y obsesionado por estar a la última aunque pueda resultar ridículo. Después de que su manager Allen Klein les desplumara a finales de los 60 y tuvieran que dejar el Reino Unido a causa de la presión fiscal, el cantante tomó las riendas empresariales del grupo por su cuenta y riesgo. A Richards, en principio no le pareció mal que, mientras él se dedicaba a la cata de sustancias ilegales, su socio velara por los intereses del conjunto. Pero el día en que se desenganchó definitivamente de la heroína ya no le hizo tanta gracia, ay.

Por no hablar del cabreo monumental cuando a mediados de los 80 Jagger entendió que era el momento de convertirse en una estrella solista como Bowie, Michael Jackson o Madonna y aparcó una gira con los Stones para salir a presentar su segundo álbum en solitario sin dejar de tocar 'It's only rock'n'roll', Satisfaction' o 'Tumbling dice'. 'Quería romperle la cabeza', concede el guitarrista.

En cuanto a drogas, esto no es un libro: es la Enciclopedia Salvat del Colocón. Se aprende mucho, la verdad, pero nuestro hombre se cuida mucho de consejos, paternalismos o falsas moralidades. Él se lo ha pasado muy bien todos estos años, pero básicamente, porque tenía pasta y tomaba de lo bueno, lo mejor. Con otra calidad de material y, sobre todo, un cuerpo no tan privilegiado para asimilar los excesos, el amigo hubiera sido fiambre hace décadas. Él lo sabe, igual que sin un nutrido escuadrón de amigotes -que se han comido los marrones- y de abogados -que han lidiado con policías, fiscales y jueces- hubiera pasado parte de su vida a la sombra y no bajo una palmera precisamente.

¿Interesaría el libro a alguien que no sea un redomado fan como servidor? Pues sí, porque está bien escrito y resulta ameno. Ahora bien, no conozco biografía que no sea suceptible de leer unas cuantas páginas en diagonal.

Vídeo del día: 'Eileen', KEITH RICHARDS AND THE X-PENSIVE WINOS

lunes, 27 de junio de 2011

Juventud y madurez




Dos conciertos de la semana pasada vinieron a confirmar lo que ya sabía: hasta en cuestión de gustos, la juventud queda cada vez más lejos. En Apolo, The Pains of Being Pure at Heart ofrecieron un buen concierto de pop de guitarras saltarinas a tope de reverb, con melodías que evocan muy a las claras a Teenage Fanclub, The Pastels o The Jesus and Mary Chain. Los temas de su segundo álbum, 'Belong', sonaron como si éste fuera un apéndice de su debut homónimo, que les presentó como el hype del año en el Primavera Sound de 2009.

Lo malo es que pasado el efecto refrescante de la novedad, el poso es más bien escaso. La fórmula, aunque efectiva en un principio, tiende a sonar repetitiva en un concierto que a los 70 minutos intentaron dar por acabado, con lo que quedó claro que lo suyo no son las distancias cortas, sino cortísimas.

Y tampoco es que tengan un repertorio de clásicos imperecederos, sino un arsenal de píldoras de pop vitaminado, veloz pero con poca variación de sabores. Sí puntuó a favor del quinteto de Brooklyn una sonorización excelente desde el primer momento, con guitarras vociferantes y una voz casi en susurro que daba gusto escuchar desde el fondo del local. Hacia el tramo final del concierto, me asaltó la sensación de que si tuviera 19 años estaría en primera fila dándolo todo, pero que a estas alturas de partido The Pains of Naino Naino (una variación del nombre que ha hecho furor) no me van a hacer más feliz de lo que soy.

Por el contrario, Destroyer son una banda de sonido genuinamente adulto que me provoca, más que estados de felicidad desbocada, sensaciones de moderada satisfacción. El proyecto paralelo de Dan Bejar -uno de los pilares de esa maravilla llamada The New Pornographers- rezuma pop elegante, atemporal, con un aire setentero que en ocasiones recuerda a Steely Dan, Prefab Sprout o Roxy Music y que, con menos imaginación y más estribillos cansinos, sería carne de M80 Radio.

Veinticuatro horas después de la inmersión postadoleascente, en un Bikini con sólo un tercio de entrada (maravillosa amplitud), Bejar y siete cómplices reprodujeron los lujosos sonidos contenidos en 'Kaputt', su reciente trabajo, además de canciones anteriores en las que no estoy tan versado. Por cierto, muy curioso el que cinco de los ocho músicos llevaran camisas de cuadros que parecían salidas de un saldo en el centro comercial situado encima de la sala. También me llamó la atención la aparente papa que gastaba el líder del grupo y que, sin embargo, el sujeto no fallara una nota en toda la velada. Experiencia, imagino.

Vídeo del día: 'Chinatown', DESTROYER