lunes, 11 de agosto de 2008

Una noche en la ópera



Sí, es un título socorrido, pero no crean que los hermanos Marx no guardan relación con el 'Don Giovanni' dirigido por Calixto Bieito que vi el otro día en el Liceo. Invitado por mi parentela, y dressed for success, allí me planté para escuchar uNa ópera en vivo por vez primera. Un clásico de Mozart fácil de seguir (Don Giovanni = Don Juan) y de partitura alegre y permisiva con unos oídos no habituados.




Eso sí, cuando Bieito pone sus manos sobre una obra clásica, ésta queda irreconocible. De hecho, el montaje ya originó un gran pollo en 2002, cuando se estrenó. Ahora, sin saber a cuento exactamente de qué, ha vuelto al Liceo esta reposición que cambia la Sevilla barroca por la Barcelona postolímpica. Bueno, hay unas farolas tipo plaza dura y ya está como toda señal de que el escenario es la Ciudad Condal; ya saben, convenciones del género.




Bueno, ya conocen -imagino- el mito de Don Juan. Un pichabrava que salta de mujer en mujer mancillando sus honras y humillando a maridos y padres. Aquí viene a ser lo mismo, con un fiel criado que le acompaña en sus andanzas. Como toda historia ejemplar que se precie, ya se pueden imaginar cómo termina.




Bien, ahora vamos con el aliño. Hay una violación, un polvo, una felación -con gárgaras postfinale incluidas-, palizas varias, mucho bebercio, pastilleo variado, rayas de farlopa, lanzamiento de huevos y otros alimentos y el destrozo de un Mercedes con motor eléctrico. Mi pregunta es: ¿Destrozan un Mercedes por función? No me extraña que la ópera sea cara.




Servidor, en el tercer piso, lo vio la mar de bien. Pero en algunas zonas nobles, no precisamente baratas, la gente estiraba el cuello cual jirafa del Serengeti para tratar de ver algo. Y lo de ver no era cosa baladí en un montaje en el que Don Giovanni parece un mafioso albanokosovar y su criado Leporello, el neng de Castefa.


Vayamos a la música. Mmmmmmm... pues bien, ¿no? Este comentario tan de futbolista da idea de que no soy experto, ni siquiera aficionado al género lírico. Pero puedo dar fe como amante de otros géneros que el tour de force físico-interpetativo de los cantantes de este montaje aguanta comparaciones con portentos como el Jagger de los 70. Simon Keenlyside (Don Giovanni) y Kyle Ketelsen (Leporello) saltan, corren, brincan, actúan como actores -no sé si me explico- y encima cantan como Dios. Chapeau para ellos.


En cuanto al controvertido Bieito, división de opiniones dentro de mi propia persona. Algunas cosas funcionan, y otras hacen que te preguntes qué se ha hecho de aquello de un señor en mallas cantándole a un telón pintado.


Por otra parte, les confieso que la ópera (aún) me viene grande. Una hora y media, pausa de 30 muntos y otra hora y veinte de función es mucha tela para un profano. No pude evitar desconectar en algunas fases, pero al menos, la parte final y la locura que en ella se desatan resulta de lo más entretenido del montaje. ¿Volveré? Seguro, pero mejor a ver a una gorda cincuentona haciendo de adolescente frente a un supuesto efebo que peina canas.


Tema + vídeo del día: 'Guns of Brixton', THE CLASH



1 comentario:

observadora dijo...

Muy bueno el blog. Me he reído bastante y hasta me han entrado ganas de ir a la opera