viernes, 29 de octubre de 2010

Íntimo y desigual



Anoche arrancó un mes de conciertos a tutiplén para el que suscribe. Al menos, el primer plato fue tranquilito y de fácil digestión: Nacho Umbert y La Compañía en la sala 3 del Auditori. Por si no saben de quién hablo, les aclaro que el sujeto en cuestión formó parte de un combo de slowcore llamado Paperhouse surgido al calor de la explosión indie de mediados de los 90. ¿Siguen igual? Me lo imaginaba. Bien, tras casi 15 años de silencio, el señor Umbert editó hace unos meses un álbum en una onda de cantautor pop vestido con arreglos entre jazzísticos y mediterráneos, cortesía del omnipresente productor Raül Fernández, alias Refree.

La presentación oficial del disco en la Ciudad Condal tuvo retazos de gran recital y también momentos propios de un festival de fin de curso. Lo segundo se debió a la presencia mayioritaria entre el respetable de familiares, amigos y profesionales varios vinculados con el artista y sus músicos. Daban ganas de gritar ¡Que levante la mano el que haya pagado entrada! a ver si alguien se había retratado en taquilla. Aclaro que yo, acreditado junto a O., tampoco.

En lo musical, el concierto empezó inspirado, con Umbert a la guitarra acústica y la voz, Refree ejerciendo de multiinstrumentista y apoyados por una banda de tres miembros. Pop de cámara, sutil, delicado, pero sin caer en tenebrismos. Por momentos, la dicción del cantante y el acercamiento a sonidos brasileños me recordaron a un Carlos Berlanga de guitarra de palo. Y eso son palabras mayores.

Lástima que, a mitad de actuación, Umbert aparcara momentáneamente las canciones de su debut, 'Ay' y presentara alguna canción nueva, muy por debajo de la calidad de las ya grabadas. También aprovechó para subir al escenario a dos miembros de Paperhouse y recuperar dos temas de su antiguo grupo. Todo ello alteró el ritmo del recital y dio pie a algún bostezo que otro. Pese a retomar las canciones del álbum en la recta final, a mí ya me había sobrevenido cierto hastío.

Una pena, porque la primera media hora me pareció excelsa y luego me acordé incluso de Jorge Drexler, que no es malo pero no es lo que me interesa. En cualquier caso, les recomiendo muy encarecidamente la audición de 'Ay', uno de los mejores discos made in Spain del año.

Vídeo del día: 'Confidencias en el palomar'

miércoles, 27 de octubre de 2010

El horror, el horror



Mi segunda incursión reciente en el olimpo del cómic, tras 'Watchmen', ha sido 'From hell', también de Alan Moore, aunque en este caso con un dibujante llamado Eddie Campbell. La obra aborda los crímenes de Jack el Destripador y ofrece una trama según la cual el objeto de los asesinatos sería encubrir el affaire de un nieto de la reina Victoria con una modesta dependienta, que acabaría alumbrando una criatura. Un grupo de prostitutas, conocedoras del secreto, se verían así condenadas a una muerte cruel para salvaguardar el futuro de la Corona.

Las diversas entregas de 'From hell' vieron la luz entre 191 y 1996, mientras que en 2001 se estrenó una versión cinematográfica protagonizada por Johnny Depp que varias fuentes consultadas coinciden en calificar de escasamente fiel al original. No la he visto, así que no me pronuncio.

El cómic plasma la época victoriana sin glamour alguno, con un blanco y negro recargado que juega con el contraste entre la vida de la clase alta y la de los pobres desgraciados que habitan los callejones de un Londres sucio y peligroso. Si en 'Watchmen' o V de vendetta', Moore ya había confirmado las posibilidades del comic como medio narrativo tan serio como la novela convencional, 'From hell' dispara aún más alto. Entremezclando política, filosofía, crítica social y ocultismo, golpea con fuerza al lector sin dejar de descolocarlo cada dos por tres. No es una lectura fácil, ojo, y algunos pasajes requieren un exceso de complicidad para seguir adelante.

La hiperactiva imaginación de Moore mezcla en el relato a coetáneos como Oscar Wilde, W.B. Yeats, el 'hombre elefante' y hasta la troupe circense de Buffalo Bill en un continuum ambicioso y desbocado poco apto para paladares impresionables. Todo un aviso ya desde el título, remite de una de las supuestas cartas que Jack el Destripador envió a la policía.

Vídeo del día: 'Johnny hit and run Paulene', X

miércoles, 6 de octubre de 2010

Vuelve el héroe cansado



Empiezo a pensar que Pérez-Reverte escribe siempre el mismo libro, con la salvedad de 'El pintor de batallas'. Luego puede haber salvedades entre la serie de 'Alatriste', las obras conmemorativas -'Cabo Trafalgar', 'Un día de cólera'- y las novelas puras y duras, pero se mantiene el personaje del héroe cansado, de vuelta de todo, que sabe más por viejo que por diablo y que no se llama a engaño en cuanto al destino.

Bien, igual es el mismo libro, pero a mí me encanta. Una debilidad, ya ven. Sobre todo, si mezcla géneros y tramas como 'El asedio', una delicia que se lee de cabo a rabo con avaricia. En este caso, estamos en la Cádiz de 1811, sitiada por los franceses y único reducto español que las tropas napoleónicas no han podido ocupar. En esta plaza portuaria, insular, en la que se apiñan todo tipo de refugiados, fugitivos y buscavidas, convergen una serie de personajes cada uno con su propia historia a cuestas pero unidos por el duro día a día en una ciudad castigada por las bombas que lanzan los franceses.

Personajes a retener: un oficial artillero galo, más científico que soldado; un policía gaditano obsesivo y duro como el pedernal; una dama de la burguesía mercantil local; un capitán de barco experto y desconfiado; su segundo, un joven audaz aunque moribundo; un taxidermista que esconde un ominoso secreto... y Cádiz y alrededores también como personaje fundamental.

Si en 'Un día de cólera' Pérez-Reverte se movía como pez en el agua por el Madrid de 1808, en este caso la bahía de Cádiz y sus cercanías aparecen de forma omnipresente, de modo que el no que no conozca la zona puede perderse un poco. Casualmente, no es el caso de servidor, pero si ustedes no están familiarizados con la Tacita de Plata -qué horterada de apelativo- y aledaños, el libro incluye un mapa muy útil además de un plano de Cái capital.

El meollo de la novela es una serie de sádicos asesinatos de muchachas cometidos en la ciudad que coinciden siempre con la zona donde ha caído una bomba gabacha. La persecución del responsable se entrelaza con el devenir de la guerra y de la vida cotidiana de los sitiados. Novela coral, pues.

Como buena obra de su autor, se lee fácil y con gusto, sobre todo si uno es fan de las batallas napoleónicas o de los combates navales, y se aprenden no pocas cosas sobre la España de las Cortes de Cádiz. Como se pueden imaginar, al que no le guste el estilo del ex reportero de guerra, no cambiará de opinión con 'El asedio'. Los seguidores, por el contrario, disfrutamos como un gorrino en una charca.

Vídeo del día: '2 kindsa love', JON SPENCER BLUES EXPLOSION