lunes, 27 de julio de 2009

La reina del Carrefour



Tremendo, memorable truño el de Madonna la semana pasada en el Estadio Olímpico. He tardado seis días en ponerme a escribir porque, de verdad, me da pereza. Pero un artista se debe a su público y ustedes (los que no fueron) merecen saber la verdad. Que no es otra que la ex de Guy Ritchie canta como una almeja, que el montaje no es digno de un gran estadio y que ver el culo apretado de una señora de 50 años no compensa pagar una entrada tan cara.


A todo esto, unas 40.000 personas a lo sumo acudieron a ver a la Ciccone. El público de la señora no parece tan fiel como para dejarse 72 pafias en un boleto. Eso, como mínimo, que había entradas más caras. La gente, además, llegó a su bola; es decir, tarde. Cualquiera que haya ido a Montjuïc a un espectáculo sabe que ir en coche o en taxi supone quedarse atascado en la subida. Por ese motivo, el concierto empezó con 30 minutos de retraso. Por eso, y también a ver si así la grada presentaba un aspecto menos desangelado.


Total, que empezó el show, con mucho videoclip rutilante en las diminutas pantallas de vídeo y Madonna interactuando con sus bailarines. El show se estructuró en cuatro partes, con una primera centrada en su último y poco memorable álbum, 'Hard candy'. Daba lo mismo que Pharrell Williams, un rapero de lo más interesante, cantara con ella desde las pantallas o que éstas acompañaran una canción con imágenes de Britney Spears: la diva cantaba peor que Alaska, con unas notas graves dignas de un camionero y una querencia por el berrido para disimular que no se alcanzan según qué registros.


Para tapar agujeros estaban también las muy solventes coristas y la propia voz de Madonna, haciéndose coros pregrabados a sí misma. Patético. Eso sí, en consonancia con lo mediocre de la puesta en escena, por mucho Rolls que sacara. Nada que ver con su anterior gira, el Confessions Tour, muchísimo más inspirado en forma y contenido. Aquí, ni una pantalla circular en la parte central aportaba demasiado, al igual que el sonido, pobre y amazacotado.


Un descafeinado 'Vogue' cerró el primer bloque, mientras que el segundo, dedicado a las viejos éxitos ochenteros, incluyó destrozos de las hasta ahora siempre resultonas 'Holiday' o 'Into the groove'. El oportunista homenaje a Michael Jackson resultó, sintomáticamente, de lo mejor de la noche, con un bailarín emulando al finado bajo extractos de 'Billie Jean' y 'Wanna be startin' something'. Y siguió el megamix -thermomix sería más apropiado, aquello era un triturado de cosas antaño deliciosas- de Madonna, enlazando unos temas con otros, con sampleados de hip hop o de los Sex Pistols, demoliendo lo mejor de su repertorio, como 'Dress you up' o 'Music'.


Pero faltaba la madre de todas las locuras. Un inenarrable segmento hispano-latino-zíngaro-balcánico, con ecuménicos y sonrojantes mensajes de paz y amor, y canciones de juzgado de guardia como 'Spanish lesson' o 'La isla bonita'. A su vera, un grupo de músicos sacados de una parodia de Emir Kusturica nos deleitaban con su lectura del encantador sonido de la Europa suroriental. Vamos, que sólo faltaba la cabra.


¿Fue todo una mierda? No, la recta final tuvo momentos de brillantez por fin, como 'Like a prayer', la mejor pieza de la noche y la primera que hizo bullir a la multitud. El broche de cierre, con 'Ray of light' y 'Give it 2 me', mantuvo la excitación pero no desató la locura. Ni siquiera ver a Justin Timberlake -mi estrella mainstream favorita- en pantalla produjo temblores bajo los pies de los presentes.


¿Conclusiones? Que un estadio le queda muy grande a la Madonna actual, y que su show es más propio de un Palau Sant Jordi o similar. Que debería ir más a clases de canto y menos al gimnasio. Que su supuesto glamour resulta chabacano hasta en el Carrefour. Que enlazar canciones en plan discoteca está bien si las melodías resultan reconocibles. Que su empanada místico-religiosa sería más llevadera con más biblioteca y menos discoteca. Que, visto el público, que se dio cita, Madonna marca tendencia igual que la Juani de Bigas Luna.


Vídeo del día: 'Like a prayer', MADONNA


martes, 21 de julio de 2009

Això és una dona



Hasta hace una semana, Lucinda Williams era un nombre que me sonaba vagamente asociado a las cunetas de country de las tiendas de discos. Pero ni idea de sus discos, su canciones o la cara que tiene. Pues bien, el lunes por la noche me hubiera casado con ella. Qué mujer, qué carisma, qué voz, qué canciones, qué banda, qué concierto...

Les decía que hace unos días, una serie de artículos sobre la señora Williams y su inminente debut en España llamó mi atención. Como las fuentes eran fiables, pedí un favor, me fue concedido y conseguí una entrada. Solito, fui a Apolo apurando la hora y entré con el bolo recién iniciado. Luego me enteré de que, al estilo de los grandes del soul, la banda había estado tocando casi media horita, a modo de calentamiento, sin la diva en escena.

La señora Williams lleva tres décadas dando lustre a una carrera labrada a base de canciones descarnadas sobre barras de bar, noches prometedoras y amaneceres decepcionantes. Todo ello, envuelto en un rock con pinceladas country y ocasionales apuntes de folk y blues. A lo ya dicho, súmenle una voz rota, poderosa, macerada en bourbon y Marlboro, y tendrán a una intérprete superlativa.

El punto definitivo al guiso lo aportaba una banda sensacional -dos guitarras, bajo y batería- que, curiosamente, parecía bastante más joven que la solista. A todo esto, Lucinda va por los 56 años y su look actual la asemeja bastante a Chrissie Hynde, la de Pretenders. Delgada, pelo negro, vaqueros apretadotes, como decían de la señora de Jordi Pujol sus fieles, "això és una dona".

Dicen sus seguidores que la de Louisiana se ha domesticado, que ya no es la fiera dispsómana de antes. Bien, no puedo comparar por falta de referentes, pero la mujer dio uno de los conciertos más cálidos que he visto en mucho tiempo. Arropada por unas 600 almas muy entusiastas, la Williams se esforzó por conectar con su público y llegó a vérsela emocionada por la respuesta del respetable. Un loable caso de retroalimentación.

Concluidos los bises, salió a escena sola con su guitarra y las gafas de ver puestas para cantarnos Adiós corazón amante de Violeta Parra. Leyendo a duras penas la letra y cantando en un voluntarioso español, Lucinda nos mandó a casa con un regalo.


Vídeo del día: 'Essence', LUCINDA WILLIAMS

miércoles, 15 de julio de 2009

Cornudo y apaleado



Llámenme oportunista, ventajista o demagogo, pero me cuesta entender por qué el Estado me persigue por ir en moto sin casco (si me la pego, peor para mí) y en cambio, a los centenares de mocetones que corren los Sanfermines hay que tenerles todo tipo de lástima y empatía si, como ha ocurrido recientemente, a uno le ocurre una desgracia.

Ojo, estoy a favor de que las autoridades eviten que la gente se vaya matando alegremente y me parece muy bien que me empapelen si me da por pilotar melena al viento, pero ya va siendo hora de que alguien les diga a los pamploneses que correr apelotonado en compañía de morlacos de 600 kilos es una invitación al suicidio, y que si no hay más muertos es porque San Fermín tiene mano con Dios.

Dicho lo cual, quisiera rematar el apunte -no por demagogo menos sincero- con los castells. Que sí, que ahora a los críos les ponen casco, pero vamos a ver: ¡¡¡Que tienen seis o siete años!!! Y suben a 15 metros de altura. Me gustaría ver al padre de uno de estos querubines el día -que ojalá no llegue- en que la criatura se parta la columna al hacer llenya el asunto.

Vídeo del día: 'Superfreaky memories', LUNA

martes, 14 de julio de 2009

La respuesta es sí



Llevaba yo un tiempo intentando dilucidar si me gusta el grupo Manos de Topo. Sus inspiradas odas al desamor visten un ropaje musical deudor de The Cure en su faceta manos oscura, pero lo que confiere una personalidad inconfundible al conjunto es la quejosa voz de Miguel Ángel Blanca, que toma como punto de partida el Robert Smith de 'Lullaby' para adentrarse en un mundo lastimero que provoca fascinación y fastidio a partes iguales.

Y en esto que el sábado acudí a la playa -fantástica, todo hay que decirlo- de El Prat para escuchar en directo a los barceloneses. El cuarteto, apoyado por una violinista, sonó deliciosamente inspirado, y fue enlazando canciones sin apenas bajones -lo que habla bien de su repertorio-, versión de Sergio Dalma incluida. Y sí, si atraviesas la pared que supone el especial estilo cantor del vocalista, Manos de Topo ofrece una sensibilidad especial, poco común en el pop español de ahora mismo.

Ya me habían parecido muy originales en aquel fallido concierto homenaje a Los Planetas, pero la prueba del concierto propio me presentaba dudas. Que ya he desechado. El toque acústico de la guitarra -no llevan eléctrica- el sonido de sintetizador casio ochentero o de un xilofón de juguete, y esas letras tan agudas y, en ocasiones, masoquistas, me han convencido.

Ojalá pudiera decir lo mismo de Love of Lesbian, grupo que cada vez me interesa menos y que tocó a continuación. No me voy a extender en detalles, pero se me hizo larguísimo y constaté que, ahora mismo, su primera referencia son ellos mismos. Luego tenían que actuar Mendetz, pero ya no había ganas de nada y emprendí (mos) el regreso.

Vídeo del día: 'Es feo', MANOS DE TOPO

jueves, 9 de julio de 2009

Clase, estilo y distinción



Veinticinco años después de su debut, la elegancia, la clase y el estilo de los Pet Shop Boys siguen siendo de lo más moderno del panorama musical. Quien lo quiera comprobar, ahí tiene 'Yes', el último álbum del dúo y uno de sus mejores trabajos. Y también lo pudimos contrastar los 4.000 afortunados que subimos el martes al Poble Espanyol a delitarnos con el nuevo espectáculo de Tennant y Lowe.

En esta ocasión, acudí solo. No había comprado la entrada previamente, así que me dirigía la taquilla cuando me empezaron a ofecer entradas por debajo de su precio oficial, 40 pafias. Me hice el duro, puse cara de 'no me molestes', y me quedé a un metro de la ventanilla haciendo ver que leía no sé qué cuando un guiri hispanoparlante me ofreció un boleto a 30 euros.

Hala, adentro. Momento de recordar lo maravillosos que son los baños del recinto comparados con los de otros lugares que acogen conciertos y el peligro que tiene ir solo cuando se es como yo. No me refiero a atractivo, sino a cervecero. Y sí, el peligro es que bebes y bebes porque no comentas la jugada con nadie; claro que al final, de tanto beber, sí que haces amigos, pero ésa es otra historia.

En vez de teloneros, había una chica con camiseta de David Bowie pinchando clasicos indies en el centro del escenario. Por fin, con 20 minutos de retraso, una intro dio paso a 'Heart' y al dúo junto a su habitual cohorte de coristas y bailarines. Sólo que todos salieron con unos cubos (figuras geométricas, no de los de fregar) en la cabeza, a juego con la escenografía, con (más) cubos formando paredes al estilo del montaje que usaron Pink Floyd en 'The wall'.

A partir de ese momento, unos 100 minutos del mejor pop posible, con picoteo en su último disco -las muy notables 'Love etc.', 'Did you see me coming' o 'Building a wall'- e inserción de pelotazos indicutibles: 'Go west', 'Always on my mind', 'Suburbia'... Hubo cambios de escenografía, cambios de vestuario, cambios de actuantes, todo fluido salvo el hecho de encadenar tres baladas, aunque una fuera la preciosa y poco conocida 'Do I have to'.

El momentazo de la noche abrió la la recta final, con el medley de 'Sé a vida é' y 'Domino dancing', que se transformó en 'Viva la vida' de Coldplay. Sí, odio esa canción, pero me partí la caja viendo a Neil Tennant cantarla ataviado con corona y capa -como Dave Gahan en el vídeo de 'Enjoy the silence'- y acordándome de que los PSB tiran con bala contra la épica cargante. Que les pregunten a U2 por su 'Where the streets have no name'.

Y, sin transiciones, el fiestón se remató con 'It's a sin', que incluyó lanzamiento de estrellitas al público, y cerraba el tramo regular del concierto. Quedaban los bises, dos joyas del cancionero petshopboyiano, pero que quizás deberían haber caído antes: 'Being boring' y 'West End girls'. Me gusta que los finales sean movidos, qué le vamos a hacer, pero ni eso ni el que no tocaran 'Rent' o 'Flamboyant' me van a quitar la sonrisa de bobo que aún llevo.


Vídeo del día: 'It's a sin', PET SHOP BOYS


lunes, 6 de julio de 2009

Soy un macarra, soy un hortera



Los buenos aficionados a la siesta saben que es menester un buen documental en la tele -o el Tour en esta época- para que la dormida sea de calidad. A esa hora, me pongo a zapear en busca de tiburones o leones y siempre paro unos segundos en Cuatro para dar rienda suelta a mi perplejidad. Me refiero a 'Fama, a bailar', el concurso donde una serie de aprendices de bailarines pasan días y más días machacándose con la vana ilusión de llegar a algo en el mundo de la danza.

Y digo vana porque, con veintymedios años que tienen la mayoría de participantes, no se llega a triunfar ni en el baile ni en el fútbol salvo casos muy contados. Pero bueno, confieso que a mí me trae al fresco cómo bailan estos muchachos, igual que me trae al fresco OT y productos similares. Lo que me fascina son las pintas que gastan y lo asilvestrado de su habla.

¿De dónde sacan a esta gente? ¿En su pueblo o barrio van ataviados como extras de un videoclip USA de tercera? ¿Sujeto, verbo y predicado conforman una ecuación difícil de entender? ¿La culpa es de la ESO o de los SMS? En fin, no me voy a extender, mejor que algún día lo vean ustedes. Yo no aguanto un minuto de reloj. Eso sí, les recomiendo a un tal Juan Carlos (ver foto), del que cuesta dilucidar si son más impagables sus disfraces o sus palabras.

Vídeo del día: 'Over and over', HOT CHIP

viernes, 3 de julio de 2009

Momentos Jacko




Ahora que decrece el ruido mediático en torno al difunto Michael Jackson, me doy cuenta de que realmente me sabe mal que haya fallecido. Me recuerda el caso de Freddie Mercury: nunca fui demasiado fan ni de uno ni de otro, pero desde que uso tengo de razón ellos estaban ahí. Si mi primer recuerdo televisivo es la inauguración del Mundial 74 -aún no había cumplido servidor cinco añitos-, los protoclips de 'Blame it on the boogie' o 'Bohemian Rhapsody' no andan muy lejos.


Y como me siento expansivo, les confío dos momentos personales vinculados a Jacko. En la Nochevieja de 1983, mi menda lerenda no tenía edad de salir así que permanecí en casa con mis padres y tíos viendo el programa especial de la que por entonces la gente llamaba "la mejor televisión de España". Sí, claro, no había más. En fin, TVE tuvo a bien estrenar el vídeo completo de 'Thriller' en fecha tan señalada para pasmo de la gente de orden, como mi tío, que acompañó el pase del clip con todo tipo de improperios.


Y ahora viene lo mejor. Acabado el vídeo, mi tío llamó a Prado del Rey y le dijo a la telefonista (lo recuerdo como si hubiera sido ayer): "Mire, imagino que estarán teniendo muchas llamadas de protesta, así que cuente ésta como una más. Buenas noches".


Mi otra anecdóta michaeljacksoniana data de 1997, puede que 1998. Andaba por entonces el varón soltero heterosexual tratando de dejar de serlo -soltero, no heterosexual- y, en un momento en que no sabía exactamente en qué situación se encontraba la cosa, apostó fuerte, tiró de Visa y le regaló al objeto de sus desvelos la discografía completa de MJ. Bueno, el 'Thriller' no hizo falta, que ya lo tenía.


Aún recuerdo la cara del dependiente cuando puse sobre el mostrador la pila de cedés. Y la de la interfecta, cuando le hice entrega. En fin, iba a decir que lo único que saqué a la larga de esta historia es una cinta de cassette con la mejor recopilación posible de Michael Jackson hecha por mí mismo, pero perdí la cinta. Sí, también.


Video del día: 'Blood on the dance floor', MICHAEL JACKSON

lunes, 29 de junio de 2009

Dieta baja en calorías



Con la llegada de los calores estivales han brotado los conciertos light, muy apropiados para esta época porque no fatigan, dejan escaso poso y se digieren con rapidez. Primer ejemplo de lo dicho fue el bolo de Sexy Sadie en Apolo el jueves pasado, dentro de los fastos -es un decir- del 20º aniversario de Subterfuge, su discográfica de toda la vida.


Los mallorquines, una debilidad mía de toda la vida, se separaron hará dos años, así que la ocasión la pintaban calva para pasar un buen rato. Pero el bolo, previsto para una semana antes, se aplazó por problemas entre promotora y patrocinador. Finalmente, sin casi publicidad, el grupo actuó ante apenas 200 personas, lo que, lo siento por ellos, a mí me parecía estupendo. Me gusta estar ancho, qué le vamos a hacer.


Todo pintaba estupendo, pero, si bien andaba yo informado de que el grueso del concierto se centraría en 'It's beatiful, it's love' -el disco más pop del conjunto-, lo que ignoraba es que el bolo iba a ser básicamente lo que se conoce como un Don't Look Back. Es decir, una actuación en la que el artista interpreta íntegro un álbum determinado de hace algunos años. Ojo, no es un mal disco, pero a mí el cuerpo me pedía más guerra y no todas las canciones soportan por igual el paso del tiempo.


Total, que lo que sí me tocó la fibra fueron los bises: 'In the water' y 'Someone like you'. Su primer hit y la canción que más repercusión obtuvo, spot de un coche incluido. Tremendas guitarras, memorables estribillos y un cantante con una voz privilegiada dentro de la escena indie española. Si un grupo que yo sé tuviera esta voz, dejaría de avisar a Houston que tiene un problema.


Y el sábado, parquecito idílico en una antigua masía o convento o vaya usted a saber de L'Hospitalet. Jardines de la Biblioteca Can Sumarro se llama el sitio. Escenario al aire libre y el respetable sentado delante, en un césped la mar de acogedor. Todo ello para ver y oír a Francisco Nixon, presentando su segundo álbum en formato de dos guitarras -acústica y eléctrica-, ya que ahora no es un grupo unipersonal (Fran Fernández) sino un dúo con la inclusión oficial de Richi Vicente.


Velada apacible, degustando algunas buenas canciones y otras que lo son menos. El naturalismo en las letras tiene eso, que pasas de la sublime cotidaneidad ("trabajas en Inditex / más guapa no puedes ser") al desprecio a la métrica con tal de no dejar fuera ningun palabra (la canción 'Notre dame' entera). En cuanto al sonido, la formación de dúo les limita a un folk-pop que en ocasiones me recordó a los Herman Düne.


Y poco más. Algún rescate de La Costa Brava ('Adoro a las pijas de mi ciudad') en el repertorio y todo muy agradable, salvo mi particular senasación de que beber cerveza sentado en el suelo le sienta mal a mi estómago, como tantas otras cosas. Ah. el cierre, con 'La vida sigue igual', de Julio Iglesias, sencillamente espléndido.


Vídeo del día: 'Erasmus borrachas', FRANCISCO NIXON

lunes, 22 de junio de 2009

Golpe bajo




En estos días en que todo el mundo habla de la trilogía del sueco y de que si "es un bestseller pero no te creas que es una basura como El código da Vinci", servidor ha rematado la lectura de una obra que, desde luego, rivalizará en ventas con el nuevo volumen del difunto Stieg Larsson, y con el que, seguramente, poco más tiene en común. Me refiero a 'Anatomía de un instante', de Javier Cercas.


Partiendo de la imagen -o mejor dicho, del fotograma- de Adolfo Suárez sentado en el banco azul del Congreso mientras las balas silbaban por el hemiciclo, Cercas radiografía el intento de golpe de estado del 23-F tomando como punto de partido al por entonces dimitido presidente del Gobierno, a su vicepresidente el general manuel Gutiérrez Mellado, y al líder comunista Santiago Carrillo. Efectivamente, los tres que no se tiraron al suelo cuando un teniente coronel de la Guardia Civil, pistola en mano, dio orden de ametrallar el techo.


Cercas opta por documentarse profusamente, para luego plantearse preguntas y proponer hipótesis. Este bloguero tenía 11 años cuando el golpe fallido, y no recuerda algunas de las cosas que sucedían en aquella época, pero como cada quinto, décimo o vigésimo aniversario los periódicos dedican páginas y más páginas a lo mismo, una idea formada sobre el asunto sí tenía. Esto viene a cuento de que algunas de las hipótesis que aporta 'Anatomía de un instante' no son las habituales que se han podido leer y escuchar todos estos años.


Me refiero en concreto, al papel del Rey como salvador de la democracia. El autor dictamina que, efectivamente, la intentona golpista murió cuando el monarca apareció de madrugada en televisión instando a respetar el orden constitucional y desautorizando cualquier movimiento militar -los tanques habían salido a la calle en Valencia- que no aprobasen él mismo o la Junta de Jefes deEstado Mayor; pero también sostiene que en los meses previos al 23-F mantuvo una actitud displicente hacia Suárez que minó la credibilidad de éste ante políticos y militares.


Y una de las cosas que servidor ignoraba y que tiene miga es la entrevista en Lleida entre Enrique Múgica (sí, ese señor de pelo cano que hace ver que ejerce de defensor del Pueblo y está todo el día en el palco del Bernabéu) y Joan Reventós por parte socialista, y el general Armada por la suya propia. Armada buscaba cómplices para formar un Gobierno de unidad nacional presidido por él mismo, que integraría a socialistas, comunistas, populares y, cómo no, militares. Y no salió del todo descontento del encuentro.


El autor quería hacer una novela, pero no funcionaba y optó por el ensayo. Todo eso que salimos ganando los lectores, ya sea uno conocedor o ignorante de lo acontecido no tanto el 23-F sino en los meses previos. Impecablemente escrito, aunando rigor y claridad, cuesta dejarlo una vez empezado. Y lo que se aprende. señora


Además, mi palabra favorita del mes sale de este libro. Si en mayo fue 'aldeano', en junio es 'chisgarabís'. A ver cuándo puedo colarla por aquí.


Vídeo del día: 'Sunday morning', THE VELVET UNDERGROUND


martes, 16 de junio de 2009

Psicoastenia cervecera



El otro día asistí a un concierto de un grupo histórico de la Ciudad Condal, Los Negativos. A mediados de los 80, el cuarteto -ahora quinteto, al menos en directo- agitaba sus flequillos a golpe de Rickenbacker recuperando sonidos sesenteros de cariz guitarrero y psicodélico. Tras un par de álbumes y una recopilación de maquetas e inéditos, pasaron a mejor vida. Reaparecieron con una formación diferente en 1996, pero su vuelta pasó desapercibida.


Ahora han regresado con un álbum, 'Dandies entre basura', que no he escuchado. Lo presentaron en La 2 de Apolo y ahí pude hacerme una idea. Mi veredicto es que, sin ser malas canciones, el material no alcanza ni por asomo la pegada de los viejos temas, como 'No soy yo (La psicoastenia)' o 'Moscas y arañas'.


Me gustaría hacerles un relato más preciso del asunto musical, pero entre la buena compañía con la que había quedado y la que encontré por allí acabé en estado lamentable. En fin, que me quiten lo bailao, que fue bastante, pero no lo bebido, que aún fue más.


Vídeo del día: 'Moscas y arañas', LOS NEGATIVOS