miércoles, 8 de junio de 2011

Jueves



Vuelta al Fórum. Es curiosa la sensación de cada año el primer día de festival propiamente dicho cuando enfilas la rampa de acceso, te miran la bolsa, la pulsera, la tarjeta, y entras. Es un poco como volver a casa, aunque de acogedor tenga lo justo. Bueno, el tema de pagar el plus del abono VIP sí otorga ciertas comodidades que, cuando piensas en los años en que ibas con tu entrada normal, valoras un montón.

Este año abrí fuego con Sonny and the Sunsets en el nuevo escenario Llevant, emplazamiento situado a una distancia respetable del nudo gordiano del festival. Si habitualmente uno gasta suela en el Primavera a modo de bien, en esta edición se han batido todas las previsiones y he caminado en tres días más que en todo el resto del año junto. Bien, llego al lugar casi deshidratado por la caminata y resulta que un fallo informático afecta a las barras y no se sirve bebida durante casi tres horas, salvo en un par de barras del recinto y el interior de la zona VIP. Lógicamente, apenas me quedé a ver a Sonny y compañía y me dispuse a desandar lo andado, entrar en la zona noble, trasegar una cervecita y presenciar el show de Of Montreal.

Un grupo este al que nunca he prestado demasiada atención y sobre el que andaba mal informado. Los hacía yo más metidos en la indietrónica y sonidos más o menos abstractos cuando en realidad practican un electropop con abundante carga festiva. No sé si era lo más apropiado para las 8 de la tarde, pero fue entretenido. Y poco más.

Siguiente parada, conjunto mítico. Los P.I.L. con John Lydon a la cabeza son de esas bandas a las que te apetece ver desde hace lustros, pero que por otra parte temes que den una actuación enloquecida con un tipo transtornado al frente y peleándose con el mundo. Pues no fue así. Tras una primera parte que no seguí con demasiada atención -los problemas de ir en grupo-, poco a poco fui entrando en situación y maravillándome de cómo con apenas un trío de músicos -aunque abundantes cachivaches tecnológicos- el temible ex Sex Pistols insuflaba vida al punk funk del que fue pionero para acabar rematando con la infalible 'Rise' y la tremanda 'Open up', producto de su colaboracion con los electrónicos Leftfield en los 90. Estimulante.

Seguimos con nombres de postín. El gran Nick Cave era uno de los pesos pesados que aún no había pisado el PS -cuentan por ahí que no había feeling entre las partes-, pero este año el certamen se quitó la espina con Grinderman, el proyecto entre blues y hard rock del capo de los Bad Seeds y su compinche habitual, Warren Ellis. Aun en la lejanía de la distancia, monumental sesión de power blues -como decían Los del Tonos- con una banda flamígera y ese frontman desatado e inspirador que es Mr. Cave cuando se siente cómodo.

El siguiente paso me parecía lo justo. De hecho, pensaba acompañar a la manada, comprobar dónde se situaba a continuación escaparme a comprobar cómo de chalados están a estas alturas los dos componentes de Suicide. Pero entre una cosa y otra, y, sobre todo, lo cómodo que se estaba con el escenario Llevant a la tercera parte de su capacidad, me quedé a todo el concierto de Interpol, bolo que, en su versión extendida, ya había presenciado hace unos meses en el Sant Jordi Club. Bien, todo correcto, sin sorpresas.

Posteriormente, vino un rato de descanso y socialización con los Flaming Lips en la lejanía, certificando una vez más que sin confetti ni números paracircenses son un grupo de tres canciones y que la falta de voz de Wayne Coyne le incapacita para subirse a un escenario. Por Dios, que no los traigan más a ningún festival; el que quiera verlos, que se rasque ex profeso el bolsillo.

Perdida la oportunidad de acercarme a otear el witch house de Salem -sobre los que luego he detectado unanimidad: fue un desastre-, peregriné a catar las excelencias de El Guincho en directo, plato que aún no he desgustado. Error: Había acabado. Así, lo que restaba hacer antes de irse a casa era cerrar el festival dándolo todo en el show del que debería ser artista residente del fetival, Girl Talk. El rey del mash up montó un fiestón con su dominio del sampler y la remezcla, todo ello aderezado además con unas gogós que quitaban el hipo y no concedió ni un respiro a la masa bailonga que se retiró a casa exhausta.

5 comentarios:

ausente dijo...

¿Qué es un mash up? Seré una ignorante, pero no tengo ni idea.

ausente dijo...

Ah, vale, para eso están los enlaces. Despistada que es una. Perdón.

Anónimo dijo...

Joder, Johny Rotten, Suicide, Nick Cave. La juventud baila al ritmo del Primavera Sound

xyz dijo...

¿Ironía?

Anónimo dijo...

¿Tú qué crees?