lunes, 12 de diciembre de 2011

Y van...



Un Barça irregular, un Madrid que venía lanzado, un técnico consecuente y un mago sin conejos en la chistera. El resultado final, que ya conocen, me parece un arma de doble filo. Un día de estos moriremos de tanta felicidad.

- CASILLAS: El mejor del Madrid, como en los viejos tiempos. Como Maldini o Giggs, otro que se retirará sin un merecido -aunque sea honorífico- Balón de Oro. Hizo dos paradas antológicas y ejerció como capitán en la segunda parte, gritando como un descosido cuando las estrellas arrojaron la toalla antes de que el árbitro pitara el final.

- VALDÉS: Tras la pifia del gol, confieso que dudé. Le vi imperturbable arriesgar una y otra vez para no incurrir en el pecado del patadón y, me avergüenzo, caí en el error de la duda. Olvidé lo que los futbolistas del Barça no: el estilo no se negocia. Por lo demás, un valor seguro. Mal colocado en un disparo de Kaká, ha tenido rapidez para sacar una mano afortunada.

- COENTRAO: Lo que tiene ver el partido por segunda vez, enfriadas ya las emociones, es que te llevas una sorpresa con tus opiniones iniciales. Pues no hizo tan mal partido Coentrao, incluso puede decirse que jugó una primera parte muy entonado. No obstante, Cesc, que no es Llorente precisamente, se lo merendó en el tercer tanto y acabó acusando problemas de colocación en un puesto que no es el suyo. La etiqueta de "30 millones" y las veleidades de su entrenador -ayer carrilero, hoy medio centro, mañana lateral derecho- juegan en contra de un futbolista correcto y poco más.

- ALVES: Algo aturullado en la primera parte, en la segunda se merendó a Marcelo. Fue su mejor partido como extremo, con diferencia. La rosca del gol de Cesc y la que Xavi apenas olió las hubiera firmado tranquilamente Michel.

- PEPE: Supo controlar casi todo el partido su ardor guerrero -al final, la cabra tiraba al monte- y anduvo veloz saliendo al corte hasta que el Madrid se partió por la mitad y ya no sólo venía Messi de frente sino toda la caballería. Pudo ser expulsado, como Messi, Lass y Ramos.

- PUYOL: Parecía que entraba en el once de forma forzada, una concesión del míster a los galones. Nada de eso. Colocado e indesmayable, sostuvo la defensa de tres el día en que Piqué anduvo más despistado.

- RAMOS: El Madrid gana enteros con un central como él, rapido, valiente y autoritario. Y los pierde porque al adelantar la línea, a otros como Marcelo se le ven más las costuras. Pasó una noche entretenida en su pugna con Alexis, por lo que cuando llegaba alguien más al área no daba abasto. Tiende a perder la concentración en los minutos finales.

- PIQUÉ: Ahora que Puyol tiene tiempo libre, que le dé un par de tortas a ver si espabila. Jugó con una inseguridad desconocida en él y tuvo un ataque de pánico en la jugada del gol merengue al recular y habilitar a Benzema.

- MARCELO: Mou debería prohibirle pisar campo propio y que juegue de la medular para adelante. Puede ser jugador del Madrid, pero no defensa del Madrid. Y aunque parezca anecdótico, el rebote en el gol de Xavi no es casual; a un kilómetro del azulgrana, el brasileño se medio giró ante un disparo que no era un misil. Que el balón acabe en gol es casualidad, que el muchacho ande flojo de fundamentos, no.

- ABIDAL: Labor sorda pero fundamental la suya. Tremenda anticipación, lectura inteligente del juego y poderío aéreo. Desde que arribó a Barcelona, cada día mejora.

- ALONSO: No se le veía tan superado desde hace tiempo. La presión del Barça asfixió su extraordinario juego en largo. Para jugar en corto, miró y no encontró a nadie. En la segunda parte no le ayudó ninguno de los más adelantados y el Barça le pasó por encima. Como jugador responsable que es, evitó ver una segunda amarilla.

- BUSQUETS: Hay jugadores de Estudio Estadio y hay jugadores de segundo visionado del partido. O para verlos en el campo. Bascula, ayuda, corrige, corta, pasa y se ofrece de modo natural, sin tener que andar mirando a derecha e izquierda dónde están sus compañeros. Igual que los buenos porteros no miran a los palos para seguir situados, Busi está siempre en el sitio como por arte de magia. Otro partido para enmarcar.

- LASS: Hay gente que paga millonadas por una entrada. El francés, por el contrario, cobra por presenciar los derbis en posición inmejorable. Nadie ve como él a Xavi dirigiendo la orquesta o a Iniesta ejecutando un solo. Un tío afortunado.

- XAVI: Un día más en la oficina. Costó que los instrumentistas afinaran el tono, pero a partir del segundo movimiento la sinfonía cobró vida propia, lo que señala al mérito del director. Metió un gol afortunado, pero propio del futbolista maduro que es.

- ÖZIL: Mourinho tendrá parte de culpa por mandar a un recluta a luchar contra las fuerzas especiales, pero ya va siendo hora de que este chaval asuma que juega en el Madrid y que con pinceladas de clase no se sobrevive. A Beckham le llamaban niño bonito pero se entrenaba por su cuenta -junto a unos cuantos más- cuando la preparación física del Madrid era casi inexistente.

- INIESTA: Hace unos meses escuché a alguien decir que Iniesta siempre iba de menos a más en los partidos; que los estudiaba en los primeros minutos, analizaba cómo iba a resultar más dañino para el rival y luego obraba en consecuencia. Desde entonces vengo fijándome en el manchego y la teoría aguanta. Casualidad o no, acabó maravillando al Bernabéu. Jugadores artistas siempre ha habido, pero que aparezcan siempre, en todos los partidos, yo sólo recuerdo a Iniesta.

- DI MARÍA: El madridista que más miedo me daba a priori acabó por ser el más inofensivo del ataque. Con el 1-0 fue reculando y casa vez arrancaba desde más atrás, con lo que su aportación ofensiva fue una o ninguna.

- CESC: El falso '9' no supo dónde ponerse el día en que el Barça jugó con un '9'. Embotellado entre las parcelas de Messi, Alexis e Iniesta, corría sin rumbo fijo hasta que encontró su espacio. El gol ejemplifica su aprendizaje en Londres, llegando para un gol 'box to box'.

- C. RONALDO: Le puede la ansiedad en los partidos al máximo nivel. Con nada, su indiscutible calidad se transforma en crispación y empiezan los lamentos y los reproches. Necesita un entrenador tipo Antic, de los que mejoran a los jugadores y les ayudan a ahuyentar fantasmas. Bajó los brazos antes de tiempo y eso en el Bernabéu es pecado mortal.

- ALEXIS: Un gladiador más afilado de lo que muchos esperaban. Rápido, fuerte y resistente, verle encarar la media luna es lo que menos esperaban los centrales blancos. Su gol llegó en el momento justo para sembrar dudas en el Madrid.

- BENZEMA: Buen partido el suyo, con gran nivel de toque y visión de pase. Pero le falta pedirla en largo, no siempre al pie, y sobre todo, instinto asesino. El controvertido fallo de CR7 era un balón claro para él, pero ni gritó avisando al portugués ni luego se ciscó en todos los nacidos en Madeira.

- MESSI: Seguramente, el bicho que más terror ha provocado en el Bernabéu desde que se erigió el estadio. Pudo ver la roja y pudo haber mandado a más de un contrario a la caseta. Cosas del arbitraje. No necesitó marcar para dejar su sello y el cámara que le pilló vacilando a Guardiola al final merece un aumento

- KAKÁ: Corrió como un meritorio y pese a que parece difícil que nunca recupere el nivel del Milan dejó en evidencia a un joven como Özil, al que sustituyó.

- KEITA: Táctica, apoyo y colocación, como siempre. Si le dejaran, Xabi Alonso pagaría su fichaje de su bolsillo.

- KHEDIRA: Una vez más, sembró dudas sobre sus méritos para jugar en Chamartín. Mientras, el Benfica le niega al Man U el fichaje de Javi García.

- VILLA: Su estado de forma le condenó al banquillo, ante la sorpresa general. Otro se vendría abajo, pero éste es duro. Resistirá.

- HIGUAÍN: Salió cuando varios compañeros habían bajado los brazos. No tocó bola, pero estuvo solo un par de ocasiones en las que, si le llegan a ver...

- PEDRO: Pocos minutos, pero se comió la hierba. No entiende el fútbol de otra manera.

Vídeo del día: 'Lonely boy', THE BLACK KEYS

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cuentagotas


El Primavera Club supone cada año la oportunidad de pasarse cuatro o cinco días peregrinando por distintas salas de Barcelona viendo conciertos de bandas escasamente conocidas en maratones que dejan a uno -ya en edad provecta- más que baldado. Así que este año decidí administrarme los bolos en cuentagotas para evitar el peligro de saturación y llegar más descansado a la recta final. En cuanto al primer objetivo, misión cumplida; en cuanto al segundo, por pequeña que sea la meta, no llego, no hay manera.

LITTLE BARRIE (Apolo, miércoles)

No tenía un especial interés por este grupo, pero como tocaba antes de un artista que sí quería ver a toda costa, fui con tiempo para ahorrarme problemas de acceso. Unas horas antes estuve escuchando algo de ellos así por encima y me parecieron una variante de lo que hacen Black Rebel Motorcycle Club, con ese toque retro y montones de reverberación. Ya en vivo tuve que rectificar. Mucho más pesado de lo que imaginaba, el trío de Nottingham parecía empeñado en revivir el fantasma de otro power trio, los Cream de Eric Clapton. Su blues rock rancio y filigranero acabó por retrotraerme otra imagen, la de Jeff Beck al frente de los Yardbirds, especialmente por el parecido físico entre el guitarrista y el que seguramente es uno de sus ídolos. No creo que vuelva a oír hablar de ellos.

CHARLES BRADLEY (Apolo, miércoles)

Más vale tarde que nunca ha debido pensar este caballero de 63 años (ver foto) que hasta hace poco se ganaba la vida de cocinero y ahora hasta gira por el Viejo Continente llevando la esencia del soul primigenio a jóvenes audiencias que no vieron nunca sobre el escenario a Otis Redding o Sam Cooke. Bradley es un genuino representante de la vieja escuela, y gusta de rememorar a James Brown cayendo de rodilas con dramatismo y exagerando la aflicción que lo que canta le provoca.

Una banda joven y solvente respalda a un veterano que se entusiasma como un chaval -hay que verlo cuando hace el águila, a medias entre Chiquito y el intérprete de 'Sex machine'- y transmite como pocos jugando con su dolorido corazón. Transmitir, la esencia del soul.

La única pega es que artista y acompañantes olvidaron que apenas tenían una hora de actuación y secuenciaron la misma como si tuvieran más tiempo. Ello dio pie a que la habitual intro del género -la banda toca dos o tres temas antes de que salga el vocalista- y el momento introducing the band se comieran casi la mitad del bolo. Y cuando más hervían las emociones, con el amigo Bradley desatado en una exhibición de poderío soulero, va aquello y acaba. Sublime concierto, sí, pero quedó la sensación de interruptus.

JEFF THE BROTHERHOOD (Apolo, jueves)

Típica banda del Primavera Club; es decir, no había oído nunca hablar de ellos hasta unos días antes del certamen. Pero venían muy bien recomendados por personas de criterio fiable, así que había que prestarles atención. Un acierto en toda regla. Un dúo bastante cafre, sólo guitarra y batería, que navega por aguas comprendidas entre Ramones y White Stripes combinando velocidad y contundencia. Además, parecen majos y, como lo dan todo bajo los focos, su concierto no dura ni una hora. Gran acierto. Esta locomotora impulsada en directo por una guitarra de sólo tres cuerdas y un mínimo kit de batería no entiende de bajones. Sensación de contento al salir, amplificada por el tradicional encuentro con la simpar M.

HANDSOME FURS (La 2, viernes)

Fiestón gayer a cuenta de un dúo de electro hipervitaminado, con él apretando cuatro botones y retorciéndose mientras ella no para quieta como una loca espasmódica. Cantan a dúo y son uno de los mejores bolos posibles para altas horas de la madrugada, aunque en este caso se tuvieran que conformar con salir al escenario a las 22.30. Y en lo de la brevedad, aquí se puede decir que hubo extremismo. Cuarenta minutos, para qué más, y a casa. Bueno, a casa yo, que aquello seguía hasta las tantas. Y al día siguiente, y al otro...

viernes, 2 de diciembre de 2011

Antecedente




El periodista David Simon y el ex policía Ed Burns escribieron hace 15 años 'The Corner: A Year in the Life of an Inner-City Neighborhood', un libro que recogía las desventuras de una familia real atrapada en el infierno de la droga -consumo y negocio- en la parte más chunga de Baltimore. El relato recibió críticas estupendas y poco después HBO encargó una miniserie basada en el libro que se estrenó en 2000 como 'The corner'. Simon ya había visto como un libro suyo se transformaba en serie de televisión de gran éxito ('Homicidio') y desarrolló una carrera paralela como guionista y productor de televisión junto a su compinche Burns que acabó por alumbrar la mejor serie jamás rodada para la pequeña pantalla, 'The Wire'.

'The corner' viene a ser un boceto, un esbozo primigenio de lo que acabarían siendo las andanzas de McNulty y compañía. A diferencia de la historia caleidoscópica narrada en cinco temporadas, 'The corner' se centra en unos personajes concretos, una familia que fue de clase media y a la que la droga hundió, como a casi todo el barrio, en la miseria del gueto. En un epílogo tras el último capítulo, los auténticos personajes cuentan a la cámara en qué situación se hallan, reforzando la sensación de verosimilitud que desprenden los seis episodios de algo más de una hora. Por otra parte, buena parte del reparto repetiría con Simon, Burns y HBO en su fresco ampliado de las malas calles de Baltimore y también en su última producción, 'Treme'.

Lo malo es que vista ahora, y sobre todo después de 'The wire', el tono semidocumental de 'The corner' se hace cansino por momentos. Nada que reprochar a un producto honesto y, seguramente, necesario, pero la cotidianidad de la vida en la esquina y su verismo juegan en contra del ritmo narrativo propio del medio televisivo. No es que no haya lugar para la reflexión en el mundo de las series, pero es que ésta en concreto llega más de una década tarde. Imagino que verla en su momento debió de ser toda una experiencia, pero ahora, si uno ha digerido las colosales cinco temporadas de 'The wire', el impacto se amortigua.

Vídeo del día: 'If you call', SHARON JONES & THE DAP KINGS

lunes, 28 de noviembre de 2011

Anodino



Hace unos días me apunté a ver un concierto de un artista que no conocía, JD McPherson, tras ver un vídeo suyo y comprobar que el precio de la entrada era extremadamente asequible. Venía el tipo bien recomendado en diversos sitios de internet que me he jurado no volver a abrir, así que las expectativas eran favorables para una velada de rock and roll a la antigua usanza por parte de una de las estrellas emergentes del género.

Lo malo es que todos los augurios quedaron en eso y poco más. El de Oklahoma colgó el no hay billetes en la 2 de Apolo y, con la sala repleta de entusiastas y un ambiente inmejorable, despachó una actuación anodina, algo impresentable en los cánones de este tipo de música. Mucho medio tiempo que no iba a ningún lado y falta de hits que pusieran aquello patas arriba fueron la tónica de la noche.

Además, el amigo McPherson resulta de un soso asombroso sobre las tablas. Dicen que el día anterior en Madrid partió la pana. Puede que sea eso, y que los excesos le pasaran factura, pero si te dedicas al rock and roll y no tienes carisma ni opresencia escénica, vas dado.

Vídeo del día: 'North side gal', JD McPherson 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Tipo duro


'El caso de Thomas Crown': Con la de basura que dan por la tele, esta película apenas se ha emitido en los últimos 25 años. Por supuesto, hablo de la original (1968) con Steve McQueen y Faye Dunaway, olviden el remake con Pierce Brosnan (aunque René Russo está estupenda en su madurez; ya no se hacen mujeres así). Un millonario aburrido se entretiene jugando al atraco perfecto mientras burla a la policía y a una investigadora del seguro que juega peligrosamente con el lado salvaje. La pantalla partida y una banda sonora extremadamente jazzy nos recuerda que estamos en los 60, mientras McQueen engrandece su leyenda de tipo duro que no necesita dobles pilotando con un buggy por la playa, surcando los cielos con un planeador y hasta jugando al polo. Ah, ojo a la tremenda escena erótica que los intérpretes se marcan mientras juegan al ajedrez.



'Tom Horn': Western atípico por, más que crepuscular, sombrío. Reflejo de una época que muere, al igual que le iba a ocurrir a su protagonista unos meses después del rodaje. La cinta fue la penúltima de McQueen antes de fallecer a causa de un cáncer, y aunque se le ve desmejorado -lo que se ajusta como un guante a su personaje- nadie sabía por aquel entonces que ya estaba gravemente enfermo. Por lo demás, 'Tom Horn' transmite una tristeza que lastró su carrera comercial y su laconismo -muy de Clint Eastwood, por cierto- no convenció por entonces. Hoy queda un film inusualmente moderno, basado en la vida real de uno de los últimos personajes controvertidos de la época más anárquica del Oeste, y un inmenso McQueen resignado ante su destino dentro y fuera de la pantalla.


'El hombre que mató a Liberty Valance': No voy a descubrir a nadie esta película, una de las más apreciadas de la historia del cine, pero me apetecía verla esta vez con ojos de adulto. Descubro así la lectura política sobre el nacimiento de una nación gracias al predominio de la ley sobre la violencia; una victoria que se sustenta, paradójicamente, en la violencia. También es un historia sobre los conceptos de valor y cobardía -muy propio de John Ford- y cuán relativos pueden llegar a ser y, en esa línea, el tira y afloja de un triángulo sentimental. Rodada en blanco y negro casi toda en interiores, la cinta parece más antigua de lo que es (1962) y desprende aroma de clásico desde el primer fotograma. Para el recuerdo quedan las interpretaciones de James Stewart, John Wayne y Lee Marvin, y una frase: "This is the West, sir. When the legend becomes fact, print the legend".



'Blow up': Todo un fenómeno en la época en que se estrenó (1966), ahora se puede decir tranquilamente que no ha envejecido bien; es lo que tiene la modernidad. Antonioni filma el Londres de la explosión pop y, cuando se acuerda, adapta un relato de Cortázar ('Las babas del diablo') sobre un fotógrafo -inspirado en David Bailey- que retrata accidentalmente un asesinato. Rompedora en su momento, jugando con el fuera de campo y el punto de vista narrativo, 'Blow up' aguanta el visionado más como crónica estética de su época que por aspectos meramente cinematográficos.



'Robin y Marian': Vuelve el arquetipo del héroe cansado en una de sus más espléndidas encarnaciones. Un Robin Hood calvete vuelve de las Cruzadas 20 años después de sus célebres andanzas para descubrir que los malos siguen haciendo de las suyas y que Lady Marian, cansada de esperarle, se ha hecho abadesa. Ironía, ternura y un romanticismo alejado del tópico conforman la mejor película (1976) rodada nunca sobre el arquero de Sherwood; bueno, la de Errol Flynn tiene su aquel. Sean Connery y Audrey Hepburn (casi) nunca han estado mejor que en esta crónica desmitificadora cuyo fnal es de los de echar lágrima.

Vídeo del día: 'Star star', THE ROLLING STONES

PD: no me he podido resistir a incluir como vídeo del día un tema de los Stones sobre una groupie deseosa de cepillarse a estrellas como Steve MQueen. El actor no puso reparos a que saliera su nombre, pero la distribución discográfica obligó a cambiar el título original (Starfucker), que es lo que canta el estribillo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Sin llegar a mayores


Llevo un par de años o así en que no veo muchos conciertos de artistas españoles. Algunos que me interesaban han dejado de gustarme y no hay muchas novedades que me llamen la atención, por lo que en los últimos días me he animado a acercarme a los bolos de Atom Rhumba y Bigott, artistas por los que tengo cierto interés pero sin llegar a mayores.

A los primeros (ver foto) ya les vi en directo hará cinco o seis años y mi recuerdo era el de una apisonadora en directo que mezcla el rock'n'roll garajero y grasiento con el funk más incendiario y desbocado. Pues bien, apenas han cambiado, lo que tampoco es demasiado de extrañar en una banda cuyos referentes podrían ser tildados de clásicos o de inmovilistas, a gasto del consumidor. Electricidad desbordante servida por un cuarteto -ay, esa ausencia del saxofonista fue el único pero- que vence y convence en las distancias cortas, como fue el caso de La 2 de Apolo con apenas media entrada.

Además de ser un torbellino sobre las tablas, los vizcaínos tienen sentido del humor, algo poco habitual en los tiempos que corren. Dada la escasa respuesta del respetable -era un jueves de lo más anodino-, el cantante pidió un poco de agitación, ante lo que el guitarrista exclamó "Déjalos, que mañana tienen que diseñar".

Algo similar en cuanto a cercanía y asistencia esperaba el pasado viernes en Apolo (sala grande) cuando desistí de quedarme en casa y me lancé a explorar la noche. Pues bien, llego 10 minutos tarde, subo la escalera y me encuentro con el local casi lleno, a un 80% de su capacidad más o menos, para ver al zaragozano Bigott, al que yo hacía mucho más minoritario.

Durante un rato tuve la sensación de hallarme en un concierto de, por ejemplo, Lori Meyers. La inmensa mayoría de la parroquia era de edad universitaria y coreaba buena parte de las canciones, así que la idea que yo traía de que el maño era un artista para conocedores -basada en ningún dato empírico, por otra parte- se esfumó en cuestión de segundos.

Por lo que respecta al concierto, me quedé con que Bigott es un animal escénico y que su banda le arropa convenientemente sonando como un cañón. No obstante, lo que yo le había escuchado en discos previos al la manta que presentaba en Apolo sugería un sonido más tabernario y áspero, con más aristas. Pero como el hombre es un desprejuiciado de tomo y lomo, se conoce que ha abierto su paleta estilística a sonoridades más convencionales, como en su reciente sencillo 'Cannibal dinner'. En fin, no fue un desastre ni mucho menos, pero esperaba otra cosa.

Vídeo del día:  'Cynic skin', ATOM RHUMBA



miércoles, 9 de noviembre de 2011

El vacío de la nada


Veinticinco años después de 'Menos que cero', el círculo se ha cerrado. Espero. Vamos, imagino que Brett Easton Ellis considerará que el rescate de los protagonistas de su primera novela en 'Suites imperiales' ha sido lo suficientemente pobre en el aspecto literario como para embarcarse de nuevo en las andanzas de Clay y compañía. Pero bueno, cosas más raras se han visto.

La carrera literaria de este sujeto arrancó de forma precoz cuando contaba sólo 21 años. 'Menos que cero' (1985) y su  versión cinematográfica -ojo con el título español: 'Golpe al sueño americano'- le hicieron millonario cuando aún estudiaba en la universidad. 'Las reglas de la atracción' (1987) era más de lo mismo, pero 'American psycho' (1991) marcó la cúspide de su radiografía descarnada del yuppismo y aledaños, una constante en su trayectoria. Desde entonces, todo ha sido autocomplacencia y novelas que hablaban del vacío cada vez más vacías, peldaños en un descenso a los abismos de la inanidad literaria: 'Los confidentes', 'Glamourama', 'Lunar park' y la que nos ocupa.

'Suites imperiales' vuelve a ese Hollywood de ricachones, sólo que los niñatos son adultos y están relacionados en mayor o menor medida con el show business, como no podía ser de otra manera en la capital del cine. Guionistas, productores, directores de cásting o putillas aspirantes a actriz pululan por fiestas, hoteles y taxis de Culver City a Mulholland Drive, de Sunset a Melrose y otros recorridos a los que el cine made in USA nos ha habituado. Alcohol, fármacos y una variada gama de sustancias envuelven al protagonista en una neblina permanente de confusión que amplifica su paranoia.

La trama erótico-delictiva que sustenta la novela aburre a las ovejas, y las pinceladas sobre cómo es la vida en el sur de California si tienes el dinero por castigo tampoco contribuyen a aligerar el relato. Encima, Easton Ellis se autohomenajea en un par de recuerdos a 'Amercan psycho' -sadismo puro y duro- que aquí ni vienen a cuento ni mejoran la línea de la novela. ¿Algo bueno sobre el libro? Es corto.

Vídeo del día: JAMES BLAKE, 'The wilhelm scream'




Seriedad


Como cada año, mi asistencia a In-Edit ha sido menor de la deseada; mínima, en este caso, ya que sólo he podido ver un documental, y de calidad más que discutible para un festival de nivel. Se trata de 'Cracked actor', centrado en la estancia de David Bowie en Los Angeles en 1974 y que, más que un documental en sentido estricto, es un programa de televisión típico y tópico de la época.

A ver, la BBC manda un equipo a california a ver qué hace el entonces expatriado. Respuesta: pasearse por carreteras desérticas inmerso en el Diamond Dogs Tour, enfarloparse hasta las trancas y ofrecer unas declaraciones inanes. Le echamos algunos temas filmados en vivo en el anfiteatro de los estudios Universal con el aliño de los impagables fans, cuyas pintas y tajadas son lo mejor con diferencia; pero el metraje sigue siendo escandalosamente corto.

Así que vamos hacia atrás en el tiempo y tomamos prestados hasta tres cortes de 'Ziggy Stardust', la película-concierto de Pennebaker filmada un año antes en el Hammersmith Odeon londinense. Total, para llenar, atención... ¡54 minutos!. A mí, ver a Bowie desayunar ya me parece bien, soy fan, pero seamos serios. Esto no tiene calidad ninguna, no puede ser catalogado como documental y su programación supone un flaco favor al prestigio del certamen.

Vídeo del día: 'Cracked actor', DAVID BOWIE

martes, 8 de noviembre de 2011

Poderío


Mi experiencia personal sobre Throwing Muses apunta a un grupo del que tenía un par de cintas hace 20 años, grabadas por un amigo que no había apuntado nada aparte del nombre del grupo. Luego, a mitad de los 90, una mudanza las extravió y no volví a escuchar a Hersh hasta el PS09. Por ello, hace unos días en Apolo, apenas reconocí cuatro canciones, pero sí me resultaron agradablemente familiares la mejor lectura posible del concepto indie rock y la maestría de la señora Hersh liderando un trío imparable.

Que la líder de la banda lo tiene muy claro ya quedó de manifiesto en 1993, cuando Tanya Donelly se fue rumbo a otras formaciones -Breeders y Belly- y no fue sustituida. ¿Para qué? debió pensar Kristin Hersh, que ahopra comanda una formación en la que ella rasca la única guitarra a conciencia mientras canta con envidiable vigor. Bajista y batería, sobre todo este último, conforman un colchón versátil, de lo más técnico y efectivo que recuerdo en los últimos tiempos. El percusionista, en concreto, me recordó la manera de tocar de Stewart Copeland, todo polivalencia en la sala de máquinas.

El que es, para mí, uno de los bolos del año tuvo el hándicap para los ejecutantes de celebrarse en domingo y ante algo más de 200 almas. Tiemblo de pensar qué habría pasado una noche más apropiada para dejarse llevar, porque Throwing Muses nos pusieron firmes a los pocos que fuimos. Como metáfora de la tensión interpretativa, se me ha quedado grabada la imagen de los brazos megafibrados de una guitarrista de 45 años -aparenta más-, miembros más propios de Iggy Pop o de Keith Richards.

Dentro de lo peculiar de la jornada reseño además la actuación del telonero, un cantautor de las Islas Feroe. Sí sin duda, debe de ser el hombre más famoso de su país, que no estado. Teitur se llama el mozo, que estuvo sorprendemente bien ante apenas unas decenas de espectadores. Y canta en inglés, no en danés, aunque en los parlamentos entre canción y canción demostró que le queda un amplio margen de mejora con la lengua de Beckham.

Vídeo del día: 'Limbo', THROWING MUSES


jueves, 3 de noviembre de 2011

Un tipo querido


Mis previsiones sobre el PSM festival se vieron alteradas en cuanto pisé la sala Apolo. Esperaba algo que, en conjunto, artísticamente quedara en lo bienintencionado y poco más, a causa de los problemas logísticos, el número de actuantes, etc.... Vamos, lo habitual en estos casos. Pues no. Fue todo lo contrario, con bolazos en general y un balance estrictamente musical para dar palmas con las orejas. Por si alguien se ha despistado, PSM son las iniciales de Pedro San Martín, músico de La Buena Vida fallecido hace unos meses, y todo ese tinglado era un homenaje a su figura más como persona -hay que ver lo querido que era el tipo entre su profesión- que como artista .

En cambio, me imaginaba un público respetuoso, que sabía a lo que venía. Lamentablemente, de todo hubo, aunque lo negativo siempre llama más la atención. Fans muy desatados de Chinarro o Planetas lo dieron todo viendo a sus ídolos -algunos parecían una despedida de soltero- y luego se largaron -algunos; queda feo pero en el fondo es mejor- o se quedaron a comentar la jugada a grito limpio. Por ejemplo, en el cierre a cargo de la Sgt. Peter's Apolo Hearts Club Band (los restantes LBV) había un muy numeroso núcleo fiestero en la barra que daba que pensar.

Me perdí el arranque con Tortel, Rafa Berrio, Nosoträsh y entré durante la actuación de Clovis. La tónica de la noche fue tocar dos o tres temas propios e interpretar un cover de LBV. Así, Antonio Luque (Sr. Chinarro) optó por 'La calle del Carmen' y se mostró nervioso y locuaz recordando al desaparecido. El Grupo de Expertos Solynieve evidenció que tiene canciones buenas y otras discretas, y rescataron 'Calles y avenidas'. De Ama poco les puedo decir porque salí a fumar fuera. Bueno, yo no fumo, pero eso es colateral.

Fernando Alfaro y Joaquín Pascual se reunieron junto un bajista y se lanzaron por la senda de la memoria. Versión poco conocida, 'Blues por Charlie', y un 'Fuerte' electroacústico cerró su pase recordándonos que Surfin Bichos fueron (de) los más grandes. Posteriormente le llegó el turno a Nacho Vegas, que eligió 'Trigo limpio' y me dejó la sensación de que es muy bueno -que losigue siendo, vamos-, pero que ahora mismo no sería capaz de aguantarle una hora y media en un teatro.

Después de tanta contención, llegaron Lori Meyers al completo y pusieron patas arriba la sala con esa onda estilo Brincos que coloreaba sus dos primeros discos y que luego han aparcado en beneficio de una poliédrica pesadez. Su directo es un rodillo, pero sigo pensando que la segunda batería es su aportación al fenómeno del juez de gol en fútbol o cómo darle a un cuñado una localidad inmejorable. Versionaron 'Segundas partes'.

Lo mejor de la velada, con diferencia, fue el atronador set de Triángulo de Amor Bizarro. Dos de sus mejores temas para empezar, y luego, el plato fuerte: mi canción favorita de LBV, 'Magnesia', pasada por el filtro de los gallegos y convertida en una espiral de distorsión sin traicionar el espíritu original del tema. Ruido  y emoción a paletadas, qué grupo tan grande.

Los Planetas salieron a escena con el fichaje episódico de Antonio Arias a la guitara, que les hace ganar enteros: Yo lo alistaba y le hacía cantar medio repertorio. De sus temas propios, 'Santos que yo te pinte' fue el que alcanzó mayores cotas de comunión con su parroquia, mientras que el cierre lo echaron con 'Tormenta en la mañana de la vida'. La salida a continuación de Ellos, que no despertaban la simpatía de una amplia parte de la audiencia, quizás no estuvo bien secuenciada, como se dice ahora. Tras sus catastróficos últimos directos presenciados por servidor, el sábado estuvieron aceptables. Y más que dignos sonaron cuando se atrevieron con 'Los planetas' junto a una amiga del homenajeado.

El cierre lo puso la ya mencionada Sgt. Peter's Apolo Hearts Club Band, con parlamento laudatorio incluido a cargo de Mikel, a quien no reconocí en un primer momento. Todos nos hacemos mayores, me temo. Interpretaron tres canciones de 'Hallelujah' -'Los vientos', 'Trigo limpio', 'Sólo tienes lo que das'-, disco que precisamente cumple ahora diez años, y lo que tenía que haber sido un recogimiento respetuoso se malogró por culpa de un batallón de cretinos que me pregunto qué demonios estaban haciendo allí. Al final, saludo de todos los actuantes encabezados por la novia del finado, que estuvo presente buena parte de la velada a través de la proyección de fotografías de su álbum familiar. No sé yo si fue una buena idea del todo, era muy extraño.