lunes, 15 de octubre de 2007

Raro, raro, raro



Tras un ameno puente festivo marcado por el hedonismo y el cansancio paso a reseñarles una curiosa experiencia que ha acontecido recientemente en Barcelona. Resulta que si primero lo que molaba era ser diseñador, y luego cocinero, ahora hay que organizar festivales. Aunque no tengan pies ni cabeza, como una curiosa iniciativa denominada Asics Music Festival que se ha celebrado en el Palau Sant Jordi y que me ha permitido volver a ver -por la patilla, pero esa es otra historia- a los inconmensurables Pet Shop Boys.


Por si no son ustedes unas fashion victims, Asics es una marca nipona de calzado deportivo que cuenta con más presupuesto del que sabe manejar y que organizó este fin de semana un festival con el siguiente cartel: el viernes, Cyan; Chambao; Dover, y los ya citados PSB. Para el sábado quedaban, atención: Mikel Erentxun; El Sueño de Morfeo; Antonio Orozco; Hombres G, y Paulina Rubio.


Sí, amigos, lo del sábado -aguantarlo, se entiende- sí que es digno de la Legión de Honor y no lo de Serrat. Bueno, él aguanta a Sabina durante meses, no está mal tampoco. En fin, que el sábado, obviamente, no se me había perdido nada en Montjuïc, pero el viernes había que cumplir con Tennant y Lowe.


Desconozco el número de entradas vendidas, pero cuando O. y un servidor accedíamos al Palau apenas había 4.000 personas contemplando los milagros que una dieta draconiana ha obrado en la cantante de Dover. El espacio útil del recinto, por otra parte, había sido reducido a la tercera parte al igual que el aforo. En este caso, la organización optó por adelantar el escenario achicando la zona de pista y las gradas. Un poco cutre, la verdad.


La ingeniería horaria nos jugó una mala pasada y, a nuestro pesar, vimos casi todo el concierto de Dover. A modo de resumen, diría que entiendo su éxito si tienes menos de 24 años y te resbalan las sutilezas. Para un adulto, su reconversión al electro rock no pasa de provocar una sonrisa en un par de temas, pero el resto deja un poso de discoteca patilluda con unas guitarras oportunistas que invitan a huir al bar.


Y lo peor es el desastre al que someten las tres buenas viejas canciones que tenían. La revisión de 'Devil came to me' es de juzgado de guardia, casi al nivel de los bailes de Cristina Llanos que, como ya no toca la guitarra, se comporta en escena como una semifinalista de OT.


Sobre los PSB no me voy a extender demasiado. Total, no conozco a casi nadie que le gusten -lo que dice muy poco de mis amistades-, ofrecieron el mismo concierto de hace un año en el Espacio Movistar y ya glosé en este blog el consiguiente DVD en directo. Como no creo que nadie vaya a cambiar de opinión, me limitaré a decir que conforman uno de los mejores espectáculos del mundo y que nadie debería morirse sin ver un concierto suyo.



Tema del día: 'It's a sin', PET SHOP BOYS

4 comentarios:

Lady Byron dijo...

Si a Serrat le dan la Legión de Honor por aguantar a Sabina, ¿a Sabina le darán la Creu de Sant Jordi por "vicerversa"? Cada uno tiene sus mitos, bien lo sabe usted...

Sobrevalorado dijo...

Cuando el toro es noble, basta enseñar el capote para que embista.
Sabía que usted no tardaría en replicar, milady.

Contestando a su pregunta, es posible que sí, que se la den. Total, a Kissinger le dieron el Nobel de la Paz...

neus dijo...

¿Y ya está? ¿Eso es todo el comentario que se merecen los Pet Shop Boys? Esperaba algo más extenso, la verdad!!! A mí me gustan!!!

Sobrevalorado dijo...

Dios!!!! Por fin!!! Alguien con gusto y sensibilidad.

Le hago una faena de aliño: Mismo show del año pasado, pero sin escenografía de cubos, sólo un telón para proyecciones. Tennant canta; Lowe hace ver que toca un teclado; dos coristos y una corista, y dos bailarines superdotados son el atrezzo.

El repertorio combinó los grandes éxitos -'West End Girls', 'Always on my mind', 'Rent'- con algunas piezas del último disco en estudio, 'Fundamental'.

Momento a retener: Durante el 'Where the streets have no name' (mucho mejor que el de U2), uno de los bailarines interactúa con un vídeo suyo que se proyecta a su espalda. Hasta O. quedó fascinado.