martes, 19 de junio de 2007

Que Dios reparta suerte



En lo concerniente a la cuestión taurina, soy una persona sin criterio. Cuando escucho a los antitaurinos, hablando de que si es una salvajada que le hacen al pobre animal y todo eso, tiendo a pensar que tienen razón. Lo malo es que cuando escucho a los defensores de la fiesta, pues también encuentro convincentes sus argumentos. En un programa de la tele -ahora no recuerdo cuál- salía un personaje que era el hombre sin personalidad. Ése soy yo.


O mejor debería decir era. Porque ayer, viendo en el Telediario la faena de José Tomás el domingo en la Monumental puedo decir que he visto la luz. Ha sido la primera vez que el toreo me ha llegado y me ha conmovido. Me quedé patidifuso enganchado frente al televisor viendo como el morlaco seguía las señales de diestro sin que éste despegara los pies del suelo. Sublime. Y eso que he ido a la Real Maestranza de Sevilla en un par de ocasiones, pero no era lo mismo.


Por la tarde, estuve repasando crónicas y comentarios sobre el torero de Galapagar. Más que nada, para comprobar lo florido que resulta el género periodístico consagrada al arte de Cúchares. Total, que entre que no fui a la corrida, que no entiendo de toros y que lo mío no son los florilegios, aquí concluye lo que quería decir sobre José Tomás.


Pero no cierro aún, sin embargo, el tema taurino. Vamos con las protestas. Ya he dejado claro arriba que no soy inmune a la sensibilidad contraria a este espectáculo, ciertamente sangriento. Ahora bien, lo de mezclar churras con merinas -toros y nacionalismo- tiene miga. Se puede estar en contra de las corridas por muchas razones, pero argüir que es una fiesta ajena a Cataluña es como proclamar que nadie aplaudió a Franco en el 39 cuando entró por la Diagonal.


Porque festejos taurinos ha habido en Barcelona y otros lugares de Cataluña desde mucho antes de Felipe V. Y no sólo corridas, que también son históricos los bous embolats (toros de fuego) y los bous capllaçats (toros ensogados) en algunos municipios tarragonenses. Yo no he visto a ningún ultracatalanista ir a un pueblo de éstos a llamar fachas a unos vecinos que apenas hablan castellano.


Y ya que hablamos de salvajadas, a mí no me parece normal que un niño de seis años trepe un castillo humano de 15 metros de altura o más. Hace unos meses que a las criaturas que coronan los castells les ponen casco, lo que ha abierto una polémica entre los muy apegados a esta atávica tradición. Que, no cabe duda, deben de ser unos fascistas de tomo y lomo.



Tema del día: 'El toro guapo', EL FARY


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ooooooooooooooooooolé

Anónimo dijo...

No me gustan los toros y no me transmiten nada. Y los correbous me parecen tan bestias o más que las corridas.

touching the balls dijo...

Bonito el homenaje al fary