martes, 24 de abril de 2007

Hecha la ley, hecha la trampa



Los índices que miden las audiencias de los medios de comunicación en España son una pamema. Lo sabe todo el mundo, y los que los miden también. Pero se aceptan porque nadie se ha esforzado en desarrollar un sistema mejor y porque cundiría el pánico en el sector publicitario si los clientes se enteraran. Es decir, las cifras que se nos venden de oyentes de radio, lectores de prensa, espectadores de televisión e internautas no son más que aproximaciones poco verosímiles.


Vamos con la radio, en la que rige el Estudio General de Medios (EGM). Bien, este rimbombante nombre no esconde más que una encuesta, tan poco fiable como muchas que se hacen en España, y pienso en algunos pronósticos electorales. Si te preguntan qué emisora y qué programas escuchas, puedes citar varios ejemplos, pero la encuesta no recogerá si escuchas la emisora A cada día o la emisora B sólo de vez en cuando. Tú has dicho A y B, y eso es lo que consta. En igualdad de condiciones.


Los periódicos contabilizan sus lectores con el EGM y los ejemplares tirados con la Oficina de Justificación de la Difusión. Bien, para el EGM rige lo mismo que para la radio, así que dedicar tres minutos a mirar la parrilla de la tele en el bar cuenta como lector si así se declara. En cuanto a la OJD, debería ser más fiable, pero hay mucho diario que va de forma gratuita a bibliotecas, centros sociales, institutos, etc. Todo depende de la afinidad entre la cabecera y el sesgo político de quien controle esos centros públicos. Pese a todo, da una idea bastante próxima a la realidad.


Internet es un cachondeo, en el sentido de visitas contabilizadas. No hay un sistema de recuento digno de confianza que recoja las cifras reales, y los más avispados cuentan no las veces que se entra en un dominio concreto, sino las páginas abiertas dentro del mismo. Si una de las verdades inmutables de este mundo reside en que hecha la ley, hecha la trampa, este campo concreto constituye uno de los mejores ejemplos.


Y por último, la televisión. Este medio usa desde hace muchos años los audímetros, un aparato medidor enchufado al televisor que registra el canal sintonizado. Pero ojo, estos chismes no se instalan en cualquier sitio, sino en hogares considerados representativos estadísticamente. Es decir, un criterio como los de las encuestas. Además, cada miembro de la familia tiene que identificarse pulsando un botón del audímetro cuando se sienta ante el televisor. Imagino que quien lo hace por cinco minutos pasa olímpicamente del aparatejo.


A todo esto, la empresa responsable de medir las audiencias, Sofres, no puede paliar situaciones como que, en un hogar de cuatro o cinco personas, uno esté viendo una tele y se desplace un momento a otra habitación donde hay otro aparato encendido. Pongamos que se engancha 10 minutos a lo que ve el resto de la familia. ¿Irá esa persona a darse de baja en el otro medidor para darse de alta en la segunda pantalla? No lo creo.


Y lo más descacharrante es el asunto de los bares y locales públicos cuando hay un acontecimiento deportivo. Pongamos un Barça-Madrid. Los bares acogen a decenas de personas, pero ninguno tiene audímetro. Y si yo sí lo tengo y vienen los amigotes, la audiencia se dispara, pero como este año toque en casa de otro, ese partido no lo habremos visto a efectos estadísticos. Ejemplo: Bayern Munich - Real Madrid en Canal + hace unas semanas. Según Sofres, sólo 1,2 millones de espectadores. Según los cálculos de Sogecable, en torno a 7 millones.


Tema del día: 'TVC 15', DAVID BOWIE


2 comentarios:

Anónimo dijo...

A ver si cuentas la gente que visita tu blog y lo anuncias

touching the balls dijo...

Voy a ver si compro un audímetro y manipulo los shares y todo eso.